Hay días que el silencio y un cuerpo desmadejado pesa más que cualquier palabra, y acercamos la respiración para decírnoslo todo. Yo aprendo de la tuya más que en mil páginas subrayadas: sé lo cerca que te tengo y lo lejos que estás.
Me miras como quien intenta deshacer un hilo invisible en el aire, sabiendo que no puede, y en ese intento creo encontrarme. Yo te miro igual, con ese gesto de pedirlo todo sin exigir nada. Porque el amor, cuando es, no reclama: tiembla en el cuerpo y se queda suspendido, intacto, en un instante que parece no terminar.
Buenas noches amor











