Ternura - Reconocimiento - Resonancia
Me he sentido tan exhausta estos días, ha habido mucho ruido en mi cuerpo.
Era uno de esos días en los que la energía parece dispersa y el cansancio ocupa todos los espacios.
Era momento de reconocer ese ruido, en la ronda de plática hablamos de la importancia de luchar por los lugares de encuentro, entendiendo que encontrarse con otra persona también es una oportunidad para reconocerme a mí misma. Eso me llevó de vuelta a que:
Cuando me encuentro con alguien, siempre encuentro noticias de mí.
Me di cuenta de que esa frase sigue creciendo conmigo porque es una invitación a descubrir aspectos de mí que solo aparecen en la relación con los demás. Asimismo, es precioso poder reconocerme en la otredad sin diluirme, teniendo un límite saludable.
También hablamos de la musicoterapia como uno de los siete poderes de la biodanza. Me llamó especialmente la perspectiva de Alfredo Tomatis, él dice que al escuchar el universo se nos abre la percepción en todas sus dimensiones y se restablecen los vínculos esenciales con el medio ambiente y las personas.
La música despierta alegría, nostalgia, entusiasmo, euforia, calma, erotismo, nostalgia. Lo interesante es que cuando esas emociones son danzadas, dejan de ser solamente emociones y se convierten en vivencias. <3
Pienso en todas las veces que he llegado a clase sintiéndome cansada, con sueño o sin muchos ánimos y casi siempre salgo diferente. No porque desaparezca el cansancio, sino porque encuentro otras maneras de habitarlo. La danza me recuerda que sigo viva. Quizá por eso también resonó tanto conmigo el principio biocéntrico de la biodanza: el universo existe porque existe la vida.
Y bueno, jugamos con el caballito y lo viví una metáfora para preguntarme cuánto controlo las riendas y cuánto permito que la vida también me conduzca. Después, exploramos el contacto de las manos con otra persona, generando distintas presiones mientras nos desplazábamos por el espacio. Más tarde rodamos por el piso, sintiendo el peso del cuerpo y la confianza en el movimiento.
Uno de los momentos que más me conmovió fue cuando nos acariciamos las manos con los ojos cerrados. Antes de eso también habíamos explorado la respiración, mientras alguien percibía con delicadeza el movimiento de nuestro pecho al inhalar y exhalar. Era como un calorcito que abrazaba mi cuerpo desde adentro.
Con el abanico chino descubrí algo muy sencillo, sigo siendo una persona profundamente curiosa. Aunque muchas veces soy reservada, disfruto acercarme a los demás con curiosidad, escuchar sus maneras de sentir el mundo y permitir que eso también transforme mi propia mirada.
La palabra que me llevo de esta semana:
Tenerme a mi y tenerle a la otredad
Experimentar el cuidado y amor
Reconocer la belleza de la vida
Umbral de vivencias en medio del caos
Resignificar lugares y vivencias