"Siniestras Simetrías" (Cuento corto).
Hay un espíritu bajo los escalones y sólo yo puedo oírle, le he escuchado rugir, reír y gritar cuando la pesada penumbra de la noche cae sobre la ciudad, lo he sentido mirarme con penetrante furia al atravesar la bodega que se encuentra a un lado de la escalera, cuando termino de cenar y le digo a mi compañera que la amo, el espíritu ríe sarcásticamente, cuando levanto una plegaria, ruge indignado como un perro rabioso, y cuando toco oscuras melodías con el violonchelo, se desgarra gritando con desesperación obscenidades y maldiciones en mi contra.
Ayer, cuando me encontraba reposando, me levanté sobresaltado por una tremenda incomodidad, abandoné la cama con cuidado para no despertar a mi esposa, y entonces, como hipnotizado por una familiar melodía, emprendí el viaje hacia el espacio que hay bajo los escalones, allí, en medio de la poca luz que dejaba ver miles de partículas de polvo, encontré al espíritu, que lloraba y se lamentaba con amargura y pesadez, fue en ese instante, cuando en medio de aquel tormentoso llanto pude verlo, agazapado en la oscuridad, de manera impactante pude apreciar que el espíritu era igual a mí en apariencia, pero lleno de llagas y suciedad, volteó su mirada hacia mí, y por un momento, quedé paralizado, el rojo fulgor que ardía en sus pupilas me perturbaba, estremecía mis sentidos, punzaba en mi sien y trastornaba mis pensamientos, los nublaba y paulatinamente los desapareció.
Ante el descuido que el efecto de su mirada produjo en mí, me vi presa de sus fuertes manos, pude sentir como apretaba mi cuello con descomunal fortaleza.
—¡Regrésame mi vida! —gritó el espíritu— ¡Te juro que si la lastimas te mataré!
Ante tal amenaza sólo pude reír con cierto tono de ironía, una vez que me cansé de jugar, me liberé, y el espíritu, en una patética exhibición de frustración y tristeza siguió gritando e insultando, cuando vio que no di respuesta alguna, clamó, para mi sorpresa y entretenimiento, a un Dios al que él mismo decidió dar la espalda cuando vino a negociar conmigo, por una vida nueva, una casa como esta, y una esposa como la que aún duerme en la habitación de arriba.
No olvides lector, que siempre hay que leer las letras más pequeñas de los contratos. Ahora mismo no sé si calmar mis ansias de diversión, o mi sed de sangre. ¿Negociamos el final? Estoy detrás de ti…











