La guerra no es entre la materia y el espÃritu, la naturaleza y la gracia, o la naturaleza y la libertad, sino entre el hombre pecador y Dios. El hombre, por su pecado, ha declarado la guerra a Dios y, como resultado, se encuentra en un estado de tensión y guerra debido al pecado, no a una naturaleza dual. El problema del hombre es moral o ético, no metafÃsico. El neoplatonismo no solo tergiversa el problema al que se enfrenta el hombre, sino que, al convertirlo en metafÃsico, hace necesario truncar o castrar al hombre de un aspecto básico de su ser antes de que pueda ser liberado. — R. J. Rushdoony, La huida de la humanidad, un estudio sobre el efecto del neoplatonismo en el cristianismo
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