Estar al servicio del amor 17.feb.26
Estos últimos días he observado y acompañado a una amiga en el cuidado de su madre enferma y a otra amiga más al cuidado de su padre. Verlas en función de las necesidades de sus progenitores, de uno de los amores más grandes que tienen en sus vidas, me hizo recordar algo que aprendí con las mujeres en la sierra: cuidar es amar.
Me refiero aquí al amor como esa energía cuyas asociaciones son lo bello, lo luminoso, la felicidad, el gozo, la pureza, lo divino y lo verdadero. Cuando cuidamos de nosotros mismos, de una persona, de la vida, de cualquier ser, estamos sirviendo al amor; consciente o inconscientemente, lo hayamos decidido o no. Me he observado a mí misma en el cuidado que les doy a mis padres y a mi hermano -preparando comida, pasando tiempo con ellos o siendo parte de sus cuidados médicos-, así como con todos mis seres queridos, compartiendo y siendo parte de sus vidas; por ello, reconozco esa disposición.
No obstante, a veces es desafiante estar en ese ánimo de cuidado y amor, pues como todo, somos en el vínculo con nosotros y con el otro. Escuchando las reflexiones de mi amiga que atravesaba el proceso de cuidados médicos de su padre, me reconocí en otros momentos de mi vida, en la historia de la relación con mi padre; especialmente de cuando comencé a sanar mi vínculo con él. ¿Cómo amar y cómo dar esos cuidados cuando nuestros vínculos guardan resentimientos, enojos y reclamos?
Cuando la duda acecha, cuando la mente puede hacer más dificultoso el momento que estamos atravesando, sirve detenerse a preguntarse, ¿qué estoy alimentando? Esta pregunta es fundamental en el reconocimiento de cómo estamos existiendo en nuestro presente, por ello vale cuestionarnos en cualquier momento. Especialmente, cuando atravesamos situaciones difíciles ayuda a recomponernos, a jalar el timón en la dirección adecuada. Con esta pregunta, me refiero a qué estamos alimentado con nuestros actos, pues creámoslo o no, consciente o de manera inconsciente, estos actos están sirviendo a una energía abstracta y superior, están sirviendo a la luz o, a la oscuridad; a la creación o, a la destrucción; al amor o, a la indolencia y sin duda alguna, nuestros actos están edificando nuestra realidad y la de los otros.
Hay personas que sin darse cuenta están sirviendo al caos, a la destrucción, a la muerte, a la locura o, al desentendimiento. Otras sirven a la justicia, al amor, a la vida y a la tierra. Otras sirven a sus familias, a sus comunidades, a sus pueblos o, a sus naciones. Si eres un promotor de la lengua pame, sirves a la lengua pame. Si eres médico o si eres curandera, sirves a la vida y a su permanencia. Cuestionarnos nos abre la puerta de la consciencia, y aquí está la diferencia. No es lo mismo recorrer un camino con consciencia de qué se está haciendo que andar a ciegas. En los momentos en que las circunstancias, el ser amado o nuestros propios límites nos retan, en aquellos momentos de tormentas o aguas caudalosas, amerita detenerse a pensar: ¿a qué estamos sirviendo? ¿a la injusticia, al rencor, al reclamo, a la tristeza? o ¿al cuidado, al amor, al entendimiento, a la calma?
Escuchando a diferentes astrólogas sobre los aspectos de este día, 17 de febrero de 2026, día en el que ocurrió un eclipse de sol llamado Anillo de Fuego, precisamente porque la Luna no cubre de manera total al Sol y éste se asoma por sus bordes creando un halo luminoso; una de ellas lanzó la pregunta ¿qué crees que te está mostrando este eclipse?, pues no es una oscuridad total, algo se puede ver. Una luz se asoma en ese borde luminoso. Entonces pensé en esto que estoy escribiendo, en el cuidado como una de las formas en las que se manifiesta el amor y en cómo nuestros actos sirven a algo. Unifiqué ambas revelaciones y pensé en practicar ser guiada por la disposición de estar al servicio del amor desde el cuidado y observar cómo esta línea guía y da forma a mi vida.
Fotografía del Eclipse Lunar de Fuego visible en la Antártida. Coincidió con la entrada del año nuevo chino, Caballo de Fuego.