La Nostalgia: El Tributo Inevitable de los Momentos Inolvidables
“Extrañar es el precio que se paga por vivir momentos inolvidables.”
Toda gran vivencia lleva impreso un eco, una resonancia que persiste en el alma cuando el instante ya ha partido. No extrañar sería no haber sentido, no haber amado, no haber vibrado con la intensidad de lo irrepetible. La nostalgia, lejos de ser un lamento estéril, es la prueba de que la vida nos ha regalado instantes que merecen ser recordados.
El pasado no es sólo una línea trazada en la memoria; es un territorio donde aún habitan los besos, las carcajadas y las miradas que alguna vez nos llenaron de luz. Extrañar es ese leve dolor que nos recuerda que alguna vez fuimos felices sin saber que estábamos construyendo recuerdos. Es una herida dulce, la sombra cálida de lo que nos hizo sentir vivos.
No se extraña lo efímero, se extraña lo eterno en el corazón. Pero la añoranza no debe convertirse en una cárcel, por el contrario, debe ser una llama que ilumine el presente sin consumirlo. La vida sigue tejiendo instantes dignos de ser recordados, y mientras extrañamos lo que fue, debemos permitirnos crear nuevos momentos que, inevitablemente, también dejarán su huella.
Extrañar es el tributo inevitable de los momentos inolvidables, una señal de que nuestra historia ha tenido capítulos dignos de ser revividos en la mente y en el alma. No temamos a la nostalgia; temamos, más bien, no haber vivido lo suficiente como para añorar esos instantes de júbilo que hicieron latir nuestro espíritu.
—Jorge Mario Acevedo Prada (@Mirage_roJo)
© Jorge Mario Acevedo Prada [2025]
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