Qué extraño es alejarse de esta forma repentina.
Porque pese a la amargura o la frustración, contra todo orgullo y objeción, aún este corazón alucina.
Y la peor parte y la más indigna, es separarme de tus palabras que cada día leía o escuchaba, y eso, muñeca, era mucho más que rutina.
Porque en esa interacción tan aparentemente superficial, en esas letras tan triviales a veces, se escondía el amor y el apego que nos profesamos, que nos declaramos mutuamente.
Quisiera seguir enlazado a ti desde esa perspectiva, desde la idea de comumicarnos, de poder charlar.
Pero sé que el dolor es grande y la pena tortuosa; yo también lo siento nena, y no es poca cosa.
Lamento buscarte por mí y por ti; no puedo olvidarte para parecer fuerte, no puedes soportarme porque te hace sufrir.
Y así se diluye de a poco, con cada hoja que cae del árbol, la brisa que resonaba entre nuestras risas y brillaba como mármol.