No sé si eres culpable de que la empinada cuesta de la noche se me haga insalvable, pero me consta que la subimos juntos.
Cargamos una gran mochila de desaliento, pero nada habrá de detenernos, por mucho peligro que nos amenace.
Ha de quedar un trozo de cielo allí arriba; sé que lo hay, sosteniendo una mínima esperanza sobre un horizonte desolado.
Muchos deseos que creemos perdidos acaban haciéndose vida a imagen de los libros de poesía.
Un beso con amor









