Maromi Plush inspired - 22 cm height - Paranoia Agent
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Maromi Plush inspired - 22 cm height - Paranoia Agent
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PARANOIA AGENT: EL MALESTAR COMO CULTURA
Ficha técnica
Nombre original: 妄想代理人 (Mōsō Dairinin).
Nombre internacional: Paranoia Agent.
Tipo y género: Serie animada. Thriller psicológico, misterio sobrenatural.
País e idioma: Japón, japonés.
Equipo de producción: Satoshi Kon (dir.), Seishi Minakami (guion).
Primera emisión: Febrero a mayo de 2004.
Temporadas × Episodios (duración): 1 × 13 (24 minutos).
GUERRA VIRAL
Retrocedamos hasta enero de 2020: las redes comienzan a llenarse de memes por el brote de una nuevo síndrome respiratorio en la ciudad de Wuhan, China. El humor alude al parecido entre el nombre del agente infeccioso, un nuevo coronavirus, y una famosa marca de cerveza. Después de la declaración de pandemia aquel 11 de marzo, lo hilarante se tornó delirante: rumores, mentiras y disparates remplazaron a los memes creando un entorno digital convulso. El impacto de estos sucesos fuera de la red es difícilmente calculable pero cierto. Con posiciones en torno a los polos alarmista y negacionista, el escepticismo ante autoridades y expertos, y una sospecha generalizada campando entre certezas efímeras y cambiantes, lo primero en erosionarse fue la confianza.
Cuando el agente infeccioso es invisible, sus potenciales portadores y dispersores son el blanco de medidas sanitarias y también de sanciones sociales. La dinámica de contagio e inmunidad exportada al plano social hizo del virus un agente de paranoia. Inscritos en los cuerpos, tanto el síntoma como las precauciones se toman como signos de virtud o pecado: toser, usar cubrebocas y alcohol en gel, guardar la distancia, quedarse en casa, vacunarse… Su observancia, celosa o negligente, se volvería una especie de indicador de dos actitudes antagónicas que, inspirado en la terminología de Umberto Eco, pueden denominarse apocalíptica e integrada.
La implantación de elementos nuevos y disruptivos a raíz de sucesos traumáticos a gran escala como guerras, crisis económicas, pandemias, cataclismos o todo junto, moviliza y aglutina temores, anhelos y fantasmas ubicuos pero hasta antes difusos. ¿Cómo se normaliza la anomalía? Las palabras, antes que realidades, expresan vínculos, de allí la paulatina adopción e incorporación al vocabulario de ciertas expresiones coyunturales: cuarentena, pandemia, videoconferencia, infodemia, trabajador esencial, nueva normalidad, sana distancia, epidemiología, inmunidad de rebaño… La asimilación o mímesis discursiva es una estrategia que contrarresta, si bien precariamente, la indefensión presentida como fatalidad.
Existe toda una teoría e investigación sobre las secuelas de los traumas colectivos y las alteraciones que producen. Uno de los estudios más originales lo emprendió la periodista alemana Charlotte Beradt, no sólo por las circunstancias en que lo llevo a cabo, sino por la materia de su indagación. Reunió testimonios oníricos de varios ciudadanos durante el ascenso del Tercer Reich. De su metodología destaca la elección de informantes, tomados de entre la gente común, en especial quienes decían desdeñar o ser indiferentes a la política. Sus hallazgos permiten vislumbrar hasta qué nivel se implantó el régimen totalitario alcanzando lo más íntimo de las personas que sobrevivieron bajo su dominio. Si Victor Klemperer lo advirtió en el lenguaje (en Lingua Tertii Imperii), Beradt registró cómo ni los sueños estuvieron exentos, manifestándose allí con toda su crudeza la angustia del riesgo constante de ser expulsado, despojado o aniquilado en un entorno sofocante y hostil.
NARRATIVAS DE LA SOSPECHA
Citando a Simone de Beauvoir en ¿Hay que quemar a Sade?, “una idea saca su valor de la experiencia que resume y del método que inaugura”. Una obra como la de Satoshi Kon tiene suficiente peso y renombre como para que aún hoy, a más de una década de su muerte, se mantenga vivo el interés por explorar cuán fecunda es en hallazgos e influencias: Perfect Blue (1997), Millenium Actress (2001), Tokyo Godfathers(2003) y Paprika (2006) siguen inspirando y suscitando asombro en cada persona que se acerca a ellas por primera vez. Aunque explora aspectos particulares del Japón contemporáneo, gracias a su sensibilidad y sus agudos planteamientos psicológicos esta obra es capaz de interpelar a cualquier espectador sin importar su contexto. Este rasgo vertebra su producción entera, notable incluso cuando incursiona en televisión, como Paranoia Agent lo demuestra.
¿Qué experiencia resume y qué método inaugura Paranoia Agent? De inicio, destaca un modo de enfocar el drama psicológico mediante un sujeto colectivo. Al tratarse de una obra coral, el rol protagónico recae en un personaje distinto cada episodio. Los eventos detonantes de una paranoia colectiva y sus secuelas son los que dotan de unidad a la serie. Mucho se comenta sobre el abordaje de varias temáticas relacionadas con la salud mental y con la naturaleza social de la paranoia; al mismo tiempo, se ha elogiado la forma en que el director se adaptó al medio televisivo logrando imprimir todo su sello personal y se analiza exhaustivamente la concatenación entre los elementos técnicos, artísticos e incluso psicológicos que intervienen en la narrativa, el diseño y construcción de personajes. En suma, todos estos análsis, críticas y opiniones nos dicen que las virtudes (y defectos) que han hecho célebre a Satoshi Kon en el cine se hallan presentes también aquí.
Quien busque acercarse a esta serie debe hacerlo con cautela, pues toda esta marea de análisis puede dar la impresión de que se trata de una obra "psicológica" al uso. Pero el misterio y el suspenso no son sino herramientas para que las y los espectadores puedan volver la mirada sobre sí y tomen conciencia de sus expectativas y patrones de pensamiento al consumir productos culturales como esta serie de animación. La epojé o suspensión del juicio complementa aquí a la suspensión de la incredulidad. En un primer momento la audiencia hace de detective junto con los agentes Ikari y Maniwa que, con las actitudes que adoptan ante el caso que deben resolver, representan los enfoques opuestos antes mencionados, si bien desde el primer episodio el detective Ikari aclara que, como el narrador en Los que aman odian, novela de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, “sólo se limitó a acertar”.
La serie avanza por un camino sembrado de pistas falsas que incita a la sospecha. El anciano que escribe con gis sobre el piso traza garabatos y fórmulas que sólo parecen tener sentido gracias a la voluntad de saber de quien los interpreta: el 510 que coincide con el número de habitación donde está internada Sagi Tsukiko, primera víctima del chico del bate; el 1 alude al nombre de la segunda víctima, Yūichi Tara (ichi es ‘uno’ en japonés); la mariposa del tercer episodio replica el juego de palabras anterior con la profesora Harumi Chōno, quien tiene un alter ego llamado María (chō en japonés significa ‘mariposa’); etcétera. Este personaje, a quien Maniwa suple al final, sale en los avances e induce a pensar que algún rol importante debe tener… Al final, ¿de qué se trata Paranoia Agent si no es del misterio del chico del bate? Pues ni más ni menos que de los propios mecanismos de la paranoia.
Todo el malestar psíquico que retrata la obra adquiere sentido en la medida en que condensa la experiencia de la alienación, pero una que, como en el caso de las experiencias descritas por Kemplerer y Beradt, requiere de una cierta complicidad sumisa por parte de quien la experimenta. Volvamos en el tiempo. Querétaro, 5 de enero de 2017, rumores de saqueos en varios puntos de la ciudad se esparcen sin control; esa tarde el centro de la ciudad está sumido en un silencio total que no será visto nuevamente hasta mediados de 2020 con la pandemia de COVID-19. Todavía más, en enero de 2019, la crisis de desabasto de combustibles ocasionó enormes filas para surtirse de gasolina generando gran descontento, pero a diferencia de 2017 no hubo escenarios de pánico. ¿A qué se debió esto? A una palabra que desde hace tiempo se instala cada vez más en boca de diversos opinadores: la clave estuvo en la "narrativa" (el combate al huachicoleo), ese término que suele invocarse más como fórmula de algún sortilegio que como categoría teórica.
¿De qué va el asunto? Ecos de aquellos eventos se dejaron sentir en medio del escándalo por los recientes sucesos del pasado 5 de marzo en el estadio Corregidora de la ciudad de Querétaro. La nota le dio la vuelta al mundo, casi siempre acompañada de una cifra: “17 personas asesinadas en riña durante un partido de futbol”. (Días antes, una masacre en San José de Gracia, Michoacán, dejó 17 personas ejecutadas). Fotos de gente desnuda tendida sobre charcos de sangre y videos de familias huyendo en medio de golpizas grupales extremadamente violentas circularon profusamente por las redes sociales, así como críticas sobre la nula acción de los cuerpos de seguridad públicos y privados. Se percibía una urgencia por delatar y ajusticiar a los identificados como culpables a la vez que se vociferaban las sospechas sobre el ocultamiento de cadáveres, las cortinas de humo, y demás artefactos de movilización mediática.
Las autoridades locales, cuestionadas y desacreditadas, no pudieron detener la avalancha de desinformación: en menos de una semana hubo 17 "muertos que no aparecen" y 17 "cuerpos desaparecidos". Todo condujo a lo que teóricos como James M. Jasper denominan choque moral, un proceso de impacto social en lo emocional y lo cognitivo que fomenta la participación, todo alimentado por un vórtice de sospechas y mentiras aceptadas con pasmosa credulidad y más aún, de verdades negadas con desairada indolencia. En la serie, un periodista sin escrúpulos, Akio Kawazu, muestra el alcance del poder mediático y sus funestas consecuencias en acción, pero lo que difunde apenas tendría consecuencias de no ser porque cuenta con adeptos ávidos de chisme dispuestos a creer y replicar su mensaje en provecho propio, como se muestra de forma ácida en el noveno episodio.
THE DREAM IS OVER
En su polémica canción God, John Lennon declara que “dios es un concepto con el que medimos nuestro dolor”. A partir de allí empieza a enlistar en forma de letanía todo aquello en lo que no cree, desde la magia hasta las religiones, los políticos y los artistas (los Beatles incluidos); después viene el lugar común: "sólo creo en mí mismo y en Yoko" para a continuación sentenciar que "el sueño se acabó". En Paranoia Agent aquel tema resuena de un modo peculiar: “Shōnen Batto/Maromi es una ficción con la que medimos nuestro dolor”. Al final, la serie se termina tratando menos sobre la credulidad y el escepticismo (con un whodunit que sirve de pretexto) que del duelo y la evasión, permitiendo hacer una introspección sobre los usos de la ficción en la sociedad contemporánea.
La decisión de incluir diferentes formas de ficción como vehículo visual y anclaje temático de la narración, como en el episodio 10, donde se retrata el proceso de producción de una serie animada, o en el episodio 5, donde aparece un personaje que se siente parte de un juego de rol con el deber de liberar a la humanidad del mal disfrazado de forma similar al chico del bate, o mostrando la afición del oficial Hirukawa (hombre corrupto en todo aspecto posible) por los mangas de acción, o la reiterada sátira del género isekai, todo aporta al discurso sobre la ficción como producto cultural que se anida en la realidad de forma no contingente o, en otros términos, a sostener que “la verdad tiene estructura de ficción”. La ficción, en tanto narrativa, es una máquina de producir verdad.
Y bien, ¿qué es una "narrativa"? Lo que comúnmente se denomina así por las y los opinadores es más bien un dispositivo retórico que distribuye los significados en función de las lealtades, que marca las coordenadas para ubicar las posiciones antagónicas y señalarlas o cooptarlas a condición de negar los intereses de cada posición, evitando paradójicamente a toda costa la apariencia del conflicto que, por otra parte, es donde irónicamente reside la potencia de la narrativa (entre comillas va lo que aquí se identifica como retórica, y en cursivas va la narrativa en tanto poética). La nuestra es una época pródiga en estas “narrativas” vacías de poética, que hoy se pueden presenciar de forma burda, cruda y cínica en la cobertura mediática del conflicto bélico en Europa del Este donde el relato "buenos vs. malos" se impone. Al final, con su invasión Rusia lanza los misiles y la OTAN pone las armas, mientras que Ucrania pone los muertos.
Por su parte, en tanto asume la incertidumbre así como la contradicción y el conflicto para examinarlos y recrear su movimiento, Paranoia Agent es una narrativa, y la que pone en marcha es una muy peculiar, la del duelo: el detective Ikari pierde su empleo y su posición en el mundo, su sensación de ser un miembro útil y funcional de cierto tipo de sociedad y por poco pierde también a su esposa; su colega, el detective Maniwa, gradualmente pierde su cordura. El hiato generacional entre ambos media esas pérdidas, al parecer uno se resigna y el otro sucumbe, pero no queda claro cuál de los dos acaba haciendo qué cosa. En cuanto a Sagi Tsukiko, la joven mujer que conoció el éxito gracias a su personaje Maromi, un simpático perro rosa que ella diseñó y está presente en infinidad de formas y sitios como peluches, llaveros y series de TV, el duelo la marca por completo. En su frágil estado mental, producto de su historia personal, su carácter endeble y su personalidad retraída, incompatibles con las tensiones y exigencias de su entorno laboral, es donde mejor se enfoca el origen y destino del Shōnen Batto.
[Alerta de espóiler] Criada de forma estricta y en solitario por su padre tras ser abandonados por su madre, en su pubertad, Sagi recibió como regalo un perrito llamado Maromi. Un día sale a pasear a Maromi, pero lo pierde de vista, se le escapa y muere atropellado. La causa de su distracción, la punzada de un cólico menstrual que le hace soltar la correa del animalito, y su catastrófico resultado, le ocasionan una crisis con cicatrices emocionales indelebles. Desorientada, anticipa un escenario de confrontación con su padre, a quien debe explicar lo ocurrido... ¿Cómo reaccionaría él?, además ¿qué le iba a contar? Esta mezcla de temor y vergüenza la lleva a inventar una coartada, culpando del trágico evento a un muchacho en patines que con bate en mano golpeó al cachorrito hasta matarlo. Más tarde, y a raíz de su éxito, su tragedia se ha vuelto fuente de reconocimiento, pues su famosa creación se llama igual que su pequeño perro muerto, pero con la celebridad vienen nuevas exigencias y envidias que la acorralan y despistan, para las que, como antes, carece de respuestas... hasta que un viejo conocido la vuelve a visitar: el chico del bate. La muerte accidental del perrito es reconfigurada en un relato de crueldad, pues si el mundo es fatalmente cruel, no hay responsabilidad posible, sólo renuncia [Fin de la alerta de espóiler]. Así, nacidos del sufrimiento, Maromi y el chico del bate son ficciones a la medida del dolor de Sagi, y ambos se vuelven válvulas de escape del dolor ajeno. Pero el sueño debe terminar antes de convertirse en pesadilla.
EL MALESTAR COMO CULTURA
En el tema de apertura, Dream Island Obsessional Park, compuesto por Susumu Hirasawa, los personajes de la serie aparecen riendo en situaciones varias que suponen un riesgo mortal; por si fuera poco, la letra de la canción alude a las bombas atómicas y a los tsunamis con un trinar de aves de fondo (curiosidad, el video es uno de los más antiguos subidos a la plataforma YouTube), contraste total con el tema de cierre, el cual es una invitación a dormir tranquilamente después de tremendas dosis de angustia donde los personajes trazan una interrogante apuntando hacia la audiencia.
El método de Satoshi Kon es justamente ese, el de hacer del plano y las transiciones entre ellos el lugar de torsión donde el interior de un dispositivo visual y narrativo se convierte en una prótesis de la conciencia del espectador para no sucumbir al horror. Al internarse en los mecanismos de la ficción y mostrarlos ante las audiencias, ese signo de interrogación incluye también a quien se encuentra frente a la pantalla. La forma de participación a la que nos invita no es la misma en la que toma parte el elenco que puebla la serie, tampoco es la de la gente el día que se desataron los rumores de saqueos, ni la de quienes se solazaron en las redes comentando la violencia en el estadio de futbol, es otra, que implica un arduo ejercicio de compasión y lucidez, es decir, de responsabilidad y confianza.
Es corriente escuchar y leer, como en tiempos de Kemplerer, una andanada de palabras y frases que saturan el discurso: privilegio, empatía, cancelación, resistencia, poder, inclusión, deconstrucción, corrección política, responsabilidad afectiva, victimización, gusto, polarización, visibilización, resiliencia, narrativa… Todas, en su conjunto (que no por separado, donde en el contexto apropiado podrían ser pertinentes), son como la marea que aparece al final de la serie y destruye todo a su paso. Ese fragor conforma la experiencia encubierta que en la serie se denuncia: la de la contingencia intuida, percibida o vivida como fatalidad, y ante la que nos recuerda que la vulnerabilidad no es destino ni la crueldad el estado normal de las cosas.
Ahora que la empatía es algo que, de forma nada empática, se puede prescribir, se pasa por alto su potencia: consiste en un acto de conciencia sobre la alteridad que nos habita e interpela. Vista así, se erige en garante de la responsabilidad, nunca de la sumisión ni del chantaje, vehículos cínicos de la violencia del solipsismo de la crueldad. Y por ese uso perverso es que la empatía y otras palabras han devenido los chicos del bate que se invocan para mantener el estado de malestar como cultura. En esta circunstancia, ¿cuál es la apuesta de Paranoia Agent entonces? Que la ficción no es una escapatoria, que la ficción es una de las formas que adopta la verdad para resistirse al horror y la apatía, pero sobre todo que no hay excusas para presentar sin más otro Maromi, pues no hay ni habrá chico del bate que acuda a liberarnos, porque para entonces quizás nuestro dolor no cabrá entre todo este ruido y será tan inconmensurable que sólo el silencio estará hecho a su medida... y sin embargo, es sólo en silencio que se puede escuchar a las y los demás.
JLH Mata
Jueves 31 de marzo de 2022
Revisión: viernes 1° de abril de 2022.
Is grandma guilty or innocent? Find out on this new episode of Paranoia Agent, next Saturday night at 12:30a! #ParanoiaAgent #Toonami https://www.instagram.com/p/CAjz4qXDE3v/?igshid=ozvg50yteedl

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Two bats by RinaLagartija
It’s just a sketch of Slug, but *mumble mumble* A late, unfinished birthday present (@a-moth-sees-u) that I’m proud of so far, really, which is unusual
Except for the neck, the neck is bothering me, but I can fix it