Te expliquĂ© por quĂ© no me hacĂa bien tu actitud. EsperĂ© que lo entendieras y que cambiaras. EsperĂ©, seguĂ espererando. Te esperĂ© durante mucho tiempo. Pero seguiste haciendo lo mismo. Y no es que yo quiera que seas a mi medida, que actĂşes como yo actuarĂa, que hagas exactamente lo que espero que hagas. Te juro que ya superĂ© esa etapa, respeto que pienses distinto y aunque me cueste, comprendo que hoy no seas la misma persona que conocĂ. SĂłlo esperaba que dejaras de hacer algo que me daña, si ya te enteraste, si ya te lo dije, si ya pudiste ver que me perjudica lo que haces. Pero no te importa. ¡No te importa! Eso es lo que me rompe la cabeza. ÂżQuĂ© hago, ahora, que ya sĂ© que lo tuyo no es sin querer? Ya no lo puedo seguir negando. Se me nota. Ahora es mi responsabilidad. Ahora es mi decisiĂłn. Sabiendo que vos vas a seguir siendo vos, soy yo la que tendrá que cambiar de rumbo.











