REALIDADES MEXICANAS Vol.1
En mi paso por las hermosas playas que forjaron mi niñez, recordé que buscaba piedras y conchas bajo el agua para regalárselas a mis padres a manera de un recuerdo, esto en playa tamarindos (hace más de 20 años); así que compre un par de goggles y opté por enseñarle a mi cuñado (el cual es extranjero y hasta ese momento había quedado maravillado con la bahía) a buscar entre las aguas guerrerenses la gran cantidad de cuarzos y piedras curiosas que puedes encontrar en estas. Nuestra búsqueda iba marchando a la perfección sin saber qué más adelante esta se detendría de una manera abrupta y con un terrorífico hallazgo.
Entre pedazos de conchas, basura y ligas de cabello encontramos un trozo de hueso de no más de 5cm de largo el cual parecía tener restos de tizne, esto nos llamó bastante la atención ya que no era una piedra como las anteriores, sin embargo pensamos que era de algún resto de cocina, la pusimos en nuestra cubeta de piedras, la conservamos continuamos la búsqueda de cuarzos sin preocupación alguna.
Nuestra búsqueda se centró a no más de ocho metros de la playa y a una profundidad máxima de dos metros, nadando aún entre otros turistas que al igual que nosotros no tienen idea de lo que está bajo sus pies mientras nadan en aquellas cálidas aguas; después de encontrar el primer “resto óseo” todas las sumergidas posteriores, alguno de los dos sacaba uno o dos fragmentos más de huesos, algunos sin forma y algunos otros enteros, los cuales parecían costillas y vértebras, todos con el mismo patrón de corte irregular o triturado y llenos de tizne, por lo cual nos comenzamos a asustar un poco, ya que al revisar lo encontrado era ya una cubetita llena de huesos (ya no eran piedras), sin embargo optamos por sumergirnos un par de veces más sin saber qué era lo siguiente que encontraríamos y haría que abandonáramos la playa de manera inmediata.
Me sumergí, llegue al fondo y vi que entre piedras y arena que algo brillaba, de manera inmediata pensé que se trataba de algún arete o perla de collar pérdida, sin embargo al tomarlo entre mis manos este tenía pico en la parte superior, entonces subí a la superficie y al quitarme los goggles, un frío intenso me recorrió por la espalda y el miedo me paralizo por unos instantes, la “joya” que pensé que había encontrado se trataba de algo más impactante y a la vez triste: un diente humano.
De manera abrupta y apoderados por el miedo salimos del mar para informar nuestro hallazgo con nuestras familias; al llegar a la palapa donde ellos se encontraban tomando el sol , ellos platicaban con una señora muy amable y carismática que vende quesadillas de papá a lo largo de la bahía, esta al escuchar lo que habíamos encontrado, de manera inmediata nos interrumpió y con voz baja nos dijo que regresáramos a donde lo habíamos encontrado, que no comentáramos ni una palabra de lo sucedido con nadie ya que eso era de la “maña” y pues que era un asunto bastante delicado… la señora se despidió de nosotros, aceleró su paso y se alejó rápidamente, desapareciendo entre turistas y palapas.
Sin pensarlo dos veces regresamos nuestro macabro hallazgo al mar, tomamos nuestras cosas y salimos de ahí inmediatamente… esta vez sin llevarnos ninguna sola piedra pero si un triste recuerdo.
(Lo que se observa en las imágenes solo es una pequeña parte de lo que ya habíamos devuelto al mar)