Nazareno, a penitent participant in the Semana Santa processions in Seville, Spain
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Nazareno, a penitent participant in the Semana Santa processions in Seville, Spain
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nazareno
It’s that time of year when my deeply anti-clerical, atheist dad puts on a vesta (the term used here for a nazareno) for Semana Santa (Holy Week) and basically does penance for something he doesn’t believe in and supposedly detests. According to him, “they’re my town’s festivities, it has nothing to do with religion” but it has everything to do with religion, because you’re out there escorting images of the Passion of Christ while walking for hours in penance.
But he says it’s worth it because afterwards he goes partying with the Cofradía (brotherhood) and does a whole “cofradía crawl,” going from place to place drinking shots of cazalla (a super strong anise liquor that destroys your soul). And nothing happens to him because he’s in his rough neighborhood where everyone knows him, so even if things get a bit rowdy, he won’t have trouble with the authorities.
I get his logic, but at the same time I wonder how the hell he keeps up at 67. I go out one night until 2 a.m. and I feel like dying, meanwhile he parties for three days straight and is completely fine. Honestly, people who lived through the Ruta Destroy are built different.
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San Fernando, Abril 2022
VIVA! SEÑOR HESUS NAZARENO DE MANILA! January 9 every yearly marks the sacred feast day of the black senor jesus nazarene of manila. Pray for us! 🙏🏻💛 Fusce ut etiam beatus ad Deum benedicite in urbe Manila patria! (Happy fiesta also to my hometown manila! God bless) #traslacion2023 #traslacion #nazareno #Nazareno2023 #SpiritualSunday #Spiritual #Spirituality #Mystique #Spiritique #sacredmystics #catholicart #catholicculture #catholiceducation #catholique #catholiques #romancatholic #romancatholicchurch #catholicmystics #catholicworld #intothemystic #catholic #catholicism #contemplate #Mindfulness #tradition #traditional #traditionalvibes #sacred #sacredculture #traditionalculture https://www.instagram.com/p/CnMeN7My-FK/?igshid=NGJjMDIxMWI=
A la gente inquieta que se organiza
La autogestión cultural puede definirse como un conjunto de prácticas, saberes y estrategias que intervienen en la producción de obras, espacios y procesos artísticos y/o colectivos sin depender de recursos estatales ni del sector privado.
En esos amplios márgenes, cabe desde la organización de ferias o veladas cinéfilas en casas particulares convertidas para la ocasión, hasta proyectos comunitarios asentados en barrios populares, pasando por las experiencias de quienes se dedican al arte de manera profesional o logran continuidad en el tiempo/legitimidad en el campo. En lo personal, he participado en varias experiencias definidas como autogestivas, como lo fue el colectivo Sista Difusión –ligado a la divulgación de la cultura rasta y la música reggae- entre 2003 y 2008 o, más recientemente, la editorial de fanzines Impar, nacida en 2019. Además, me interesa abordar la autogestión como tema de investigación, por lo que trabajo en el registro de experiencias y perspectivas vinculadas.
A partir de esas experiencias y de otras que he podido conocer, me animo a proponer algunas características de los proyectos autogestivos que se sostienen en el tiempo:
-En cuanto cobran forma, disparan enormes cantidades de energías creativas y liberadoras.
-Es posible sostener de manera autogestiva el proyecto, pero no la vida de lxs productorxs (nadie vive de hacer fanzines / pocos viven del arte en general).
-No incluyen a una gran cantidad de participantes (de hecho muchísimos son integrados por una, dos o tres personas).
Pero ni antes ni ahora, “autogestión” ha sido un concepto con un único significado o que implique prácticas idénticas porque existen una variedad de situaciones que lo condicionan: las relaciones con el Estado y con el sector privado en cada época y territorio; los sentidos y significados que le dan las personas involucradas en esos procesos autogestivos; y además, cuestiones estructurales/sistémicas que derivan en crisis y limitaciones para practicar la cultura. Me refiero a que históricamente los sectores dedicados a la cultura han sido relegados a lugares periféricos desde la óptica dominante. Esta situación no sólo se explica por las políticas de gobierno y planes estatales, sino también por la existencia de consensos sociales sobre la menor jerarquía, trascendencia o urgencia de las prácticas culturales.
Sin embargo, siempre han existido energías, proyectos, apuestas por no quedarse sin expresión, por crear obra, por abrir espacios para que la gente se encuentre, por producir desde lógicas distintas a las del mercado.
En este escenario ¿Es la autogestión cultural una apuesta ético-política que busca crear otros mundos y poner a circular imágenes, textos, sonidos, escenas, situaciones que de otro modo quedarían bloqueadas? ¿O más bien se trata de condiciones de producción impuestas, naturalizadas y celebradas pero que, finalmente, refuerzan un sistema que nos desprecia?
Las palabras, las ideas, aglutinan una enorme cantidad de sentidos y significados. “Autogestivo”, “independiente”, “alternativo” son ejemplo de adjetivos que han contenido (y contienen) distintos acentos ideológicos, diversas orientaciones puestas en práctica, diferentes esperanzas de oposición, organización y acción.
¿Qué sentidos sobre autogestión conviven o se tensionan? ¿Cuáles han sido los límites para el sostenimiento de proyectos definidos en estos términos? ¿Respecto de qué otras fuentes de recursos se propone la autogestión? ¿Cómo elaborar “lo colectivo” para hacerlo “comunidad”, para que se extienda en el tiempo y el espacio?
El Estado es, sin dudas, una de las figuras más complejas de captar y problematizar, tanto por su extensión en la vida cotidiana como por su diversidad interna, que incluye áreas para intentar garantizar la inclusión, junto a otras que se encargan de formar agentes represivos. El Estado, en el caso argentino y de casi toda América Latina, ha sido capitalista, con momentos de ampliación de derechos y políticas progresistas, pero siempre dentro de las benditas reglas liberales.
En este escenario ¿Pueden los proyectos autogestivos independizarse del Estado en todas sus formas? ¿Cuáles son los límites permitidos/no problematizados de la intromisión estatal? ¿Qué quedó de los discursos sobre autogestión que implicaban la destrucción o la transformación revolucionaria del Estado? ¿Cómo es que se construyeron consensos sobre la necesidad de “más Estado”, de exigir políticas públicas que tengan en cuenta -inclusive- producciones descarriadas, anti sistémicas, militantes? ¿Cuál es tu Estado favorito?
Además, puede tenerse en cuenta que desde hace años la palabra “autogestión” es traducible al todopoderoso inglés como “self-managment”, es decir: ¡Sé emprendedor!, ¡Eres tu propio jefe!, ¡Puedes hacerlo solo, que no te detengan quienes no están preparados/comprometidos/iluminados como tú! Es decir, toda una filosofía, ética y estética que pareciera promover el glorioso Hazlo Tú Mismo pero sin el nivel incómodo que le otorgó el punk sino, por el contrario, asumiendo un ethos empresarial para todos los órdenes de la vida, basados en la acción individual (¿y “colectiva”?) para la competencia.
¿Hay experiencias de autogestión que disfrazan situaciones de auto explotación laboral en sintonía con la lógica dominante? ¿Será que “el amor al arte” siempre se materializa en trabajo no remunerado?
Este recorrido tiene la pretensión de plantear temas para el debate (ojalá) sobre las posibilidades, las búsquedas y las limitaciones de las experiencias autogestivas. Ese debate existe, aunque no siempre de manera manifiesta o discursiva, sino en la práctica. Allí está uno de los desafíos, encontrar espacios para evitar que el significado de autogestión sea el de alguna RAE. Lograr momentos para discutir los posibles acentos que esa palabra pueda contener, de manera compartida, asamblearia, horizontal.
Autogestión puede significar práctica, activismo pero también tener que resolver con lo que se tiene a mano y mantener la certeza de que de alguna forma va a salir. Prácticas culturales que en medio y gracias a todas esas contradicciones, habilitan –¡fundamental tenerlo en cuenta!- obras maravillosas, procesos disruptivos, alegrías compartidas, placeres varios y la circulación de discursos imposibles aún.
La autogestión, entonces, es una apuesta política, un proceso de creación siempre en desarrollo, el resultado de la necesidad humana de libertad, expresión y organización, un buen término para presentarnos en ciertos ambientes, una estrategia de sobrevivencia y una imposición del sistema. En todo caso, puede ser importante ubicar cuáles son las diferencias entre proyectos para construir acuerdos en los que esas diferencias, sin negarse, se puedan articular de manera creativa frente a las versiones ultra liberales del buen emprendedor y la política pública como oasis en medio del desierto de recursos.
Porque si autogestión puede ser explotación, “lo colectivo” puede ser una persona o dos. Las mismas palabras que nos alientan, nos están anunciando malas noticias. Si nos quieren arrebatar el “Hazlo Tú Mismo” para convertirlo en “Hazlo por tu cuenta y para tu beneficio”, la apuesta podría ser avanzar con prácticas que digan “Hazlo con Otrxs. Encuéntrate en las calles con tus compañerxs. Ensaya formas de producción que liberen las energías creativas. Si hace falta, destrúyelo todo. O al menos destruye algo, pero en coordinación, en yunta, espalda con espalda, entre los cientos de camaradas dispersos por todas partes”.