Oliver y yo compartimos clase hasta tercero de secundaria, y aunque nuestra amistad nunca sufrió ningún resquebrajo, sí es cierto que nos distanciamos progresivamente. Cuando empezamos el segundo curso sucedió que ya todos habían formado sus grupos de amistades, y yo, que había estado vagabundeando en múltiples grupos de amigos durante el primer curso, no me encontraba fija en ninguno. Ahí fue cuando viví la verdadera soledad. Llegaba todos los días a casa llorando porque me sentía sola, y desplazada. Rompí mis vínculos con la gente que me había relacionado hasta entonces porque ya ninguno me integraba.
Vivía en un oscuro pozo de oscuridad y tristeza, pero un día, un rayito de luz me iluminó. Escuché que John y Marie, unos compañeros de clase, estaban hablando de una serie que a mi también me gustaba. Es más, me encantaba, así que decidí unirme a la conversación, y pasamos todo el descanso hablando de ella. Me sentía feliz de nuevo de por fin, haber conectado con alguien.
- ¿Puedo ir con vosotros al patio? -les pedí tímidamente, antes de que el profesor nos mandara a cada uno a su sitio.
- Por supuesto que sí -contestó John con una sonrisa. Esa respuesta fue realmente consoladora-. Además, te presentaré al resto del grupo. Somos una pandilla de frikis -se rió entre dientes.
Cuando sonó el timbre, me levanté y me puse detrás de John para seguirlo, aunque no hacía falta perseguirlo, porque él ya contaba conmigo y me estaba esperando. Me llevó a una zona apartada del patio donde había unos bancos cerca de unas ventanas, y allí se encontraba el resto del grupo. No los conocía porque pertenecían a otras clases dentro del mismo curso.
- Os presentó a Avril -dijo John en voz alta-. Es friki también.
Yo me puse muy nerviosa. Saludé con la mano y me senté justo al lado de John.
Para entonces había desarrollado muchos complejos sobre mi misma, que ocultaba. Me preocupaba la opinión que la gente tuviera de mi. Era una niña muy frágil emocionalmente. Uno de ellos era que había nacido con un defecto en la piel, provocado por un mal cierre de las terminaciones vasculares, lo que reslutara en que una gran mancha roja se extendiera por todo mi cuerpo. Pero donde más se veía era en mi pierna izquierda, así que para ocultarlo, siempre llevaba pantalones largos.
Pasaron los días y cada vez me sentía más integrada en el grupo. Descubrí muchas nuevas series, música indie, y películas muy interesantes en nuestros ratos juntos. Con quién hice más migas fue con Marie, ya que compartíamos muchas más cosas de las que creíamos, además de las clases y la serie que lo inició todo. Pero también tracé muchos lazos con Aida, que era una chica muy humilde y cariñosa. Constantemente nos invitaba a su casa; un gran chalet con jardines, piscina y salón amplio, muy luminoso gracias a los ventanales que daban como vistas uno de esos jardines. Pero la parte que más me interesaba era cuando se sentaba a tocar el piano para deleitarnos con sus hermosos covers. Gracias a ella aprendí muchos trucos para mejorar mi práctica con el piano. También dibujaba, y lo hacía muy bien. Los grandes ratos que compartimos ella y yo solas era dibujando e intercambiando consejos.
Así que ya tenía mi grupo de amigos, y estuve con ellos hasta el cuarto curso. Marie y yo nos habíamos hecho prácticamente mejores amigas. Lo hacíamos todo juntas; nos escogíamos para hacer los trabajos grupales, en clase de gimnasia siempre nos uníamos al mismo equipo, y hasta quedábamos algunos fines de semana. También nos dejaban sentarnos juntas en clase. Ella cantaba, y a mí me parecía que lo hacía muy bien. Incluso les enseñaba grabaciones cantando canciones de ella a las amigas que tenía en el pueblo donde vivía. También escribía relatos cortos, y dibujaba, igual que yo. Habíamos forjado una amistad casi de hierro.
Pero cuando alcanzamos el cuarto curso algo empezó a cambiar en ella. Un aura tenebrosa y ambigua empezó a rodearla. Comenzó a contar opiniones que tenía de algunas personas que formaban parte del grupo a sus espaldas. Se quejaba del instituto y del pueblo donde se encontraba éste, y que quería cambiarse al instituto al que iban los amigos de su pueblo. Ahí cada uno es libre de opinar y decidir según sus gustos, pero estábamos ya en el último año, y a mi me dolía escuchar esas palabras después de tanto tiempo juntas. Porque a pesar de que yo también tenía amigas donde vivía, nunca hubiera cambiado para ir con ellas. No lo hubiera cambiado por nada. Empezó a regodearse de que iba a cursar el bachillerato científico para poder inscribirse a Green Peace y salvar ballenas, a la vez que afirmaba que los que cursaban bachillerato artístico eran unos fracasados.
Ella había empezado a tocar la guitarra en tercero, y ya sabía tocar algunas canciones con la guitarra acústica, pero lo cierto era que con la guitarra eléctrica todavía se veía muy verde. Sin embargo, John sí sabía tocar la guitarra eléctrica, y no se le daba nada mal. Pues no tardó mucho en empezar a comentar que ella lo hacía mejor que él a sus espaldas. Era como si necesitara rebajar a los demás para glorificarse a sí misma. Rasgos muy típicos en las personalidades narcisistas.
Nora, otra integrante del grupo, se había decidido por la actuación, y nos comentaba que su propósito era que quería ser actriz. Marie, como no, comentó que nunca lo lograría y que siempre sería una fracasada.
Corté lazos con Marie por un hecho que hizo colmar el vaso. Era domingo por la noche. Me encontraba en la cama dibujando, mientras que a la vez, hablaba con un amigo, Sergy, con quien había mantenido algo más que una amistad. Con Sergy nunca llegué a salir formalmente, porque sí, a mi me gustaba un poco, pero no lo suficiente. Sin embargo, a él sí le gustaba, y mucho, según lo que él decía. Vivía en Barcelona, y nos visitaba algún fin de semana de cada mes. Cuando venía salíamos con mis amigas por el pueblo. Una de ellas, Hanna, me comentó que Sergy le había estado tirando la caña muy directamente, incluso me enseñó las conversaciones para probar lo que decía. Recuerdo que no me molestó para nada, pensé “Hice bien en no salir con él”.
- ¿Pero a ti te gusta? -le pregunté curiosa a Hanna.
- Que va. ¡Es un pesado! -negó con rotundidad. Le dije que a mi no me importaba, que yo no quería nada con él, pero ella se reafirmó en que a ella tampoco le interesaba.
Pues esa noche estábamos hablando Sergy y yo por Whatsapp, cuando de repente en la conversación surgieron temas de amoríos. Me dijo que estaba enamorado de otra persona, a lo que respondí:
- Sé que te gusta Hanna. Ella me lo dijo.
- ¡Pero qué dices! Si yo estoy saliendo con Marie -respondió tajante.
Un cubo de hielo me acababa de caer en la cabeza. Era imposible que se conocieran si no era a través de mi. Yo era el nexo vinculante, y yo no los había presentado en ningún momento.
- ¿Cómo?, ¿Marie? -pregunté completamente perpleja-. ¿Mi amiga del instituto?
- Sí, ella. Llevamos 3 meses saliendo juntos. ¿No te lo había dicho?
- Pues no -respondí en seco. Finalizando la conversación por mi parte.
Fue entonces cuando busqué a Marie entre mis contactos para preguntarle si era cierto lo que acababa de ver.
- Sí…-respondió ella-. No sabía cómo decírtelo para que no te enfadaras.
Esta vez sí que me enfadé. Pero no por estar saliendo con Sergy, sino por no contármelo. ¡Tres meses! A ella ya no le respondí nada más. Al día siguiente se lo expliqué a Aida, y se ve que ya lo sabían todos. Todos menos yo. Aida me contó que una de las veces que nos invitó a su casa a dormir, en un descuido, Marie cogió mi móvil a hurtadillas y allí encontró el contacto de Sergy. Así que ya eran dos hechos los que me hicieron rabiar; la primera, ocultarle a tu supuesta mejor amiga tu nueva relación, y la segunda, romper mi privacidad hurgando en conversaciones de mi móvil a mis espaldas. Tenía el corazón roto y nublado de incertidumbre. ¿Por qué le haría eso a una persona que quiere? No pude evitar encogerme en mi silla y dejar que las lágrimas brotaran por mi rostro.
A partir de ese día el grupo quedó dividido. En un principio sólo me acompañaba John, pero con el paso de los días , más miembros comenzaron a acercarse a nosotros.
Con Marie todavía había un trabajo pendiente de la clase de informática que teníamos que hacer juntas. Ya no me sentaba a su lado, y los ordenadores estaban distribuidos en filas verticales paralelas a la pared, ubicados a ambos extremos de las mesas, y yo me sentaba en un extremo, pero justo al otro lado se sentaba Marie. Me llamó, para mi sorpresa, asomando su cabeza entre los monitores.
- Eh, el trabajo. ¿Quieres que lo terminemos juntas o cada una por su lado?- preguntó con desgana, acompañado de un resoplo.
- Prefiero ir por separado -respondí, aparentando un tono conciliador.
- Muy bien -contestó con tono reprochante mientras levantaba su barbilla. Echó la cabeza hacia atrás y se escondió en su pantalla. Esa sería la última vez que hablaríamos.
Estábamos a principios de Marzo, y John, Mireia, Astrid y Jorge, decidimos quedarnos después de clases para pasar el rato juntos. Al salir del instituto, fuimos a un bar a comprar unos bocadillos para comer, y nos dirigimos a una pista de basquet vacía para sentarnos en las gradas y tomar un poco el Sol. Los hechos que rompieron mi amistad con Marie habían sido recientes, y John sí sabía el porqué, pero los demás no, así que decidí contárselo al resto. Todos se quedaron boquiabiertos ante lo que estaba relatando. Hasta ese momento creía que alomejor había exagerado en mi comportamiento. Analizaba mi caso, y en realidad, como había mencionado antes, Sergy y yo, no teníamos nada más que una amistad. No era como si mi mejor amiga hubiera inicado una relación con mi novio. En realidad me tendría que haber dado igual, aceptarlo, y alegrarme por ellos. Pero la reacción de el resto de la gente me dio la pista de que alomejor sí era lo suficientemente grave.
- Pero no es sólo por esto por lo que ya no puedo más -añadí-. Es por las continuas faltas de respeto que llevaba acumulando días, y los comentarios hacia vosotros a vuestras espaldas. Sumado a los humos de superioridad que ha cogido -confesé con la cabeza inclinada y la mirada perdida en el suelo.
- Sí, es cierto. También a mí me habló mal de ti -murmuró la voz de Astrid.
Levanté la mirada para encontrar la suya, atenta a su confesión.
- Dijo que si eras una creída por dibujar bien. Que no tenías ni puta idea de tocar el piano y que seguramente eras una falsa con tus amistades del pueblo -confesó.
A estas alturas no esperaba menos por parte de Marie, aunque eso no evitó que me sentara como una estaca ardiendo en el corazón. Nunca hubiera creido que Marie hubiera dicho eso de mí.
A raíz de ese encuentro post-classes, muchos empezaron a acercarse a nosotros, haciéndole de esta manera inevitable, el vacío a Marie. Ella siempre me culpó de eso.
No fue nada fácil vivir esa situación de tensión lo que quedaba de curso. Cuando me encontraba en clase dibujando, a veces dibujaba algo que me parecía que a Marie le haría gracia, y mi mente traicionera ordenaba a mis ojos que buscaran por la sala el fantasma de lo que un día fue mi mejor amiga para enseñárselo.
Como es evidente, también corté lazos con Sergy, que ahora era la pareja oficial de Marie, y a pesar de que en algún momento esa relación se acabó, no volví a tener contacto con ninguno de los dos.