¿Por qué los millonarios tecnológicos preparan refugios en Argentina? #TerceraGuerraMundial #Argentina #Mendoza #Wamani #MartinVarsavsky #SiliconValley #Tecnologia #Geopolitica #Apocalipsis #Refugios #JavierMilei #Andes #FelizLunes #10DeAgosto

seen from Malaysia
seen from China
seen from Türkiye
seen from United States
seen from Türkiye
seen from Belarus
seen from Argentina
seen from China
seen from Singapore
seen from South Korea
seen from Malaysia
seen from Malaysia
seen from Türkiye
seen from United Kingdom
seen from China
seen from Argentina

seen from Türkiye
seen from United Kingdom

seen from United States

seen from United States
¿Por qué los millonarios tecnológicos preparan refugios en Argentina? #TerceraGuerraMundial #Argentina #Mendoza #Wamani #MartinVarsavsky #SiliconValley #Tecnologia #Geopolitica #Apocalipsis #Refugios #JavierMilei #Andes #FelizLunes #10DeAgosto

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
A las imágenes que luchan por sobrevivir en forma de archivo, antigüedad o decoración. A sus materiales testigos de historias, de afecto. A esa inteligencia física que nos amontona con otras personas y objetos que buscar seguir pensando.
Siempre tuve una preferencia por lo usado, en desdeñe de lo nuevo. Como una conciencia de que los objetos llegan con más experiencia, con historias, con voz. Casi el 90% de mis cosas provienen de otras personas, adoptadas más que heredadas, en préstamo indefinido o recuperadas de la basura. Aunque siempre intento dejar el cirujeo, la calle sigue siendo para mí el mejor shopping.
Siento una peligrosa empatía con los objetos. A veces me pregunto si será su mudez o mi insistencia animista. Casi siempre pienso que ahí hay una clave de obra. Una sensibilidad táctil, como una lectura de braille, una apertura médium a la memoria material de las cosas, aunque su eficacia sea incomprobable, intransferible.
Por supuesto que la apuesta se redobla con los objetos que pueden contener más objetos, como los libros y las cajas, y todo aquel mueble con compartimientos. En ellos, todos los mundos posibles. Hacia ellos, una pasión desmedida.
Es por esto que hace poco he estado dejando proliferar una obsesión por estar al tanto de qué se vende en el *mercadodefacebok*, es decir en el mercado local. Una forma de sortear el impulso consumista voraz que nos habita, o de postergarlo hasta el momento del hallazgo. Se trata de una búsqueda constante de pequeños tesoros u ofertas incuestionables,“nuevos inconseguibles”.
En algún momento el espionaje se amplió a la acción. Preguntar, cotejar datos mil horas en google, visitar casas, encontrarme con desconocidxs. En cada oportunidad, preguntar, sacar algún dato:
–Cuántos libros.
–Sí, eran de mi tía.
Entonces, como un terremoto: buscar el apellido inscrito en la primera página, fabulaciones después de haber visto cada uno de los libros publicados, imaginar la biblioteca entera, una profesión, una historia de vida, etc., etc., etc. Bucear, hundirse en pdfs, árboles familiares, documentos arcónticos perdidos en la web… Mendoza, Buenos Aires. Y al final: La llamada, de Leila Guerriero. Las historias llaman a las historias, a la sombra de la Historia.
Y así, en mayor o menor medida, sucedió con libros, discos, lámparas y ahora también: obras. ¡¿Comprar obras?! Más bien preguntar. Preguntar, registrar, trazas vinculaciones absurdas. No creo que esté alimentando ninguna pretensión coleccionista (claramente nunca habría presupuesto) pero si alguna pulsión de archivo. Aparece la eterna pregunta sobre la historia del arte en clave local ¿A dónde va a parar todo lo que hacemos / todo lo que se ha hecho? Mientras las obras flotan entre todo tipo de objetos a la venta, desde armas, comida, tecnología, decoración, autos…
¿Cómo llegaron esas cosas ahí? Claramente de esta actividad ridícula de detective de los clicks solo he podido conseguir más y más preguntas. Siguiendo pequeñas pistas, sutiles rastros de movilidad, una circulación en las sombras. Elucubraciones a partir de la cualidad material de las obras, en su condición de objetos. Marcas de uso, contextos posibles a partir de ampliar una foto movida, sacada con flash.
-Agus, creo que encontré algo.
-Dale, vamos.
En el camino buscamos a la Thelma y al cabo de minutos estábamos en un piso de la quinta, hurgando entre los despojos de lo que fue una casa familiar pudiente. Nombres, libros dedicados, objetos yéndose de lo que alguna vez fue un despliegue físico de un gusto personal. De repente, el hallazgo, entre mármoles, robles y estampados floridos: un Uriburu. ¡Si! Un Nicolás García Uriburu, enmarcado, a precio marco, con sus brillantes colores serigrafiados, brillando ante nuestros ojos, descolgándolo. Y la pregunta ¿Cómo no salvarlo?
¿Cómo llegó un Uriburu a Mendoza, a la quinta, a la casa de un ingeniero pudiente? ¿Cuál fue su relación del tal ingeniero con el mundo de la poesía? ¿por qué tantos libros dedicados? ¿dónde fueron a parar todas las poetas mendocinas (ahora también una sanjuanina) olvidadas que vengo rescatando a $5mil el libro? ¿Cómo salvar a las obras del olvido / del container? ¿Cómo, aunque sea, salvar alguna historia, un registro?
Un epílogo
El Uriburu ahora vive en una de las paredes de mi casa. Sin querer, o por curaduría espontánea, comparte pared con otros paisajes: un precioso Yurie, una lámina de Cándido López y otro rescatado, un grabado de Alberto Nicasio, adquirido con vidrio roto a tan solo el 10% de valor “marco” del Uriburu.
En las publicaciones del grupo de señoras Ernestina que se dedican ordenar, valuar y vender todo lo que queda de una casa que se abandona por mudanza al exterior o muerte, ahora aparecen mis amigxs. Parece que las pasiones se contagian. Quizás y solo quizás, estamos volviendo un poquito para atrás. Quizás y solo quizás estamos conviviendo con el pasado como nunca antes, a pesar de la imposición de lo nuevo –ia iaia hay ahí allá ayayay- que nos acosa todos los días con sus espejitos de colores. (¿Cuántas veces aprieto al día el botón No, gracias?). Mientras el futuro parece cada vez más constreñido (si, como constipado, me perdonan), más igual, más horrible (no me perdonen); el pasado se presenta como un oleaje o una fogata. Como un bosque o una selva. Imágenes proliferantes, ricas, diversas. Demasiado hermosas como para dejar de mirarlas, aunque cueste mucho disponerse a su tiempo.
Más que nunca nos llaman nuestrxs muertxs. Nos llaman a través de sus imágenes, de sus espacios, de sus restos. Digo nuestrxs porque lxs hacemos nuestrxs, no porque sean cercanos. Nos acercan a ellxs, lentamente, sin que nos demos cuenta. Nos arman grupos. Nos alinean. Están alerta. Parecen querer enseñarnos algo que se está perdiendo. Algo de las superficies, los pesos, las texturas. De la medida de los cuerpos, del tiempo de un día, del tamaño de una habitación. Del disenso, la duda, de la posibilidad de imaginar. Nos llaman a los gritos aunque solo hallemos silencio. Siguen confiando en los gestos cargados de afecto que supieron cultivar, entre ellxs, esos gestos que viven todavía en la piel de sus restos. Hay una cosa que no quieren: seguir muriendo en soledad.
(continuará?)
A lxs artistas independientes y sus espacios
Hay un lugar de la Cultura que guarda siempre silencio. Es resbaladizo, está lleno de túneles y pasillos, se llena y se vacía, se desencuentra consigo mismo y vuelve a casa. Lo habitamos, lo transitamos y lo aprendemos, - los pasillos merecen capítulo aparte -.
Digo es un lugar, porque no sé cómo llamarlo. Aunque hoy para nosotrxs es Ovoide, tuvo y tiene muchos nombres. Y cuando digo nosotrxs, me refiero a todxs lxs artistas de este lugar de la Cultura que en silencio existe en los rincones y siembra.
Encontramos una caja, y ya sea un local, una casa, una oficina, es nuestro espacio y nuestra causa. Somos independientes, tambaleantes muchas veces, nos autogestionamos; y se nos permite aquí, ser artistas, aunque nadie lo pida. No hay mucha gloria en todo esto.
La galería arte Argentino, el primer lugar que alquilé para mi proyecto era un local precioso en la 25 de mayo, que luego se desfiguró siendo un drugstore; la casa de la calle Rivadavia ahora es un hueco enorme en el suelo; el taller de la Pedro Molina se volvió impenetrable y al pequeño gran Gulubú, en el pasaje Lombardo, lo despedimos con un besito porque nos acogió en la pandemia y más y lo amamos… De todos estos lugares nos fuimos con pesar, algo nos derribó y hubo que migrar. Todos estos espacios que alguna vez habitamos se volvieron uno, al menos en mi alma. Y así seguramente es para lxs artistxs independientes que trabajan en sus espacios autogestionados.
Había mucho que hacer cuando llegamos a esta casa donde hoy estamos y dijimos como siempre, hay que meterle mucho trabajo, pero puede estar muy bien. Guita y trabajo, mejor dicho. Tener una vez más una casa cultural se hizo posible, pero, ante todo; como se estaba complicando todo; logramos tener en pie nuestra trinchera. Porque esto son los espacios independientes, trincheras. Las arreglamos, las pintamos, las llenamos de plantas y de objetos y un día se empiezan a entibiar. Como hoy, que hace mucho frío, pero acá está tibio. Suenan los talleres. Violines, un piano, algunas voces, palabras familiares como color, agua, otra vez, ahí vaa. Y alguien bromea explotando globos porque esta semana hubo cumpleaños y ríen… Suena tanto y sigue siendo parte de este lugar de la Cultura que siempre calla. ¿Cómo se rompe este silencio? ¿Qué decir? ¿Qué más hacer? ¿Lograrían algo las voces colectivas?
Hoy la casa esta tibia y hace frío. Y en las trincheras estamos bien, al menos por ahora. Aunque hace falta más trabajo, más dinero y en el fondo estamos un poco tristes. porque algunas clases tienen pocos alumnos, porque es demasiado desgaste organizar eventos, porque el espacio no alcanza para producir… y ya sé mi gente, por muchas cosas más. Hacemos lo que podemos. Las trincheras nos protegen de las balas, pero nos caen las ganadas.
Y todo este lío que hoy nos envuelve, cuesta, duele, angustia, nos obliga a claudicar y deja muchos proyectos abandonados.
Igual a veces, solo a veces, se siente bien sobrevivir, porque no es poco.
Hace unos días la profe de canto de Ovoide me mandó un mensajito cuando entró al taller que decía: Hola Sandra, acabo de llegar al espacio.
Me arranco una sonrisa y un segundo después, se me hizo un nudo en la garganta.
Y me hizo pensar que este lugar de la Cultura que siempre hace silencio quizás no tiene un solo nombre, porque anda por ahí, por allá y por arriba, aunque yo lo siento bien de abajo.
Somos nómades, decimos acá en casa y podríamos dibujar mapas de la ciudad con lo andado, lo caminado, lo cargado. Y porque nos despedimos de tanto, ya no pesamos nada. Tal vez es así, como dijo la Iara y acabamos de llegar al Espacio.
Voy a intentar pensarlo así. Tal vez el espacio es bien inmenso y bien de abajo. Y si lo pienso así, creo, me siento más chiquita, pero menos sola y más liviana.
11 de junio de 2026
Nota larga al pie:
El 25 de mayo de 2001, firmamos contrato de alquiler del local donde nació, creció y vivió la Galeria arte Argentino. Ubicado en 25 de mayo 810, casi Plaza Italia. Llegué sola con la llave recién entregada, ese feriado puro silencio y no logré abrir la puerta de los nervios que tenía. Los números de fecha y dirección tenían color gesta. Comenzamos con talleres, pero postergamos la inauguración de la galería hasta el 15 de marzo del 2002 por la crisis de diciembre. Me fuí casi de la misma forma, el 25 de mayo del 2005.
Ya nos habíamos mudado en marzo de ese año a la Casa de la Rivadavia. La ví por primera vez con un amigo que me dijo - el espacio no te alcanza-, contesté – lo haremos alcanzar-. Nunca alcanzó… pero fue una trincheraza. Trasladamos allí vivienda, talleres y galería, pero arte Argentino no sobrevivió mucho tiempo más, aunque siguieron los eventos y exposiciones. Allí en Rivadavia 645 estuvimos hasta el 2019. Vivimos a veces unos, a veces otros y siempre, a diario, se hizo Arte, Vida y Cultura. La última exposición fue la primera versión de La máquina oculta de Omar Jury, para la que construyó falsas paredes y pasadizos que desaparecieron por supuesto, junto con la casa cuando fue demolida hace unos meses.
En 2018 instalamos los talleres a una hermosa oficina grande y luminosa, en la calle Pedro Molina 433 donde mis plantas fueron muy felices y fue un gran y bello espacio de encuentros.
En marzo de 2020, poco antes del aislamiento por la pandemia alquilamos un local nuevamente en el pasaje Lombardo al 126 que estuvo obviamente cerrado por más de un año. Lo llamamos Gulubú. El dueño, el arquitecto Jorge Gonella nos ayudo a resistir y permanecer hasta que se pudo volver a activar, además de valorar amabilísimamente nuestro trabajo.
Desde noviembre de 2024 hasta hoy habitamos Ovoide, en calle Perú 868, PB. Una casa hermosa, como en un espiral nuevamente junto a Plaza Italia.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Para todos los seres que imaginan mundos posibles
"He visto lo que elegí y he visto lo que necesito, y eso es suficiente; querer más sería codicia." Björk – Sjón – von Trier
¿Cuantas imágenes somos capaces de soportar? Los que de alguna manera estamos vinculados al arte, conocemos, gozamos y padecemos de la acción potente de la imagen y el acto de mirar. Esta pregunta me llevó inmediatamente a dos recuerdos, dos instancias personales, experiencias como espectador. Cuando por primera vez descubrí las fotografías de Hiroshi Sugimoto, en su serie “Theaters” (Teatros), donde el autor deja el obturador abierto durante toda la proyección de una película hasta condensar miles de imágenes en un único rectángulo de luz blanca, una acumulación de múltiples fotogramas. Y la segunda referencia que pasó por mi cabeza fue la canción "I've Seen It All" (Lo he visto todo), del film “Dancer in the Dark” (Bailarina en la oscuridad) de Lars von Trier, donde plantea una paradoja similar: Selma interpretada intensamente por Björk, nos atrapa de forma paralizante con su música y nos dice que ver no consiste en acumular imágenes, sino en alcanzar una intensidad de experiencia que vuelve innecesaria cualquier otra visión. Esta conexión lejos de aclarar me lleva a pensar en el oficio del artista, a sospechar de las imágenes, en su razón de ser ¿Cuántas imágenes son necesarias? ¿Cuantas imágenes somos capaces de soportar en este mundo contemporáneo?
Sugimoto convierte el tiempo del cine en una única imagen que contiene todas las imágenes y, al hacerlo, evidencia que la memoria no conserva fotogramas aislados, sino una huella condensada de la experiencia, como nuestro proceso creativo. Del mismo modo, cuando Selma canta "I've seen it all", no afirma haber agotado el mundo visible, sino haber encontrado en la experiencia vivida una forma de plenitud que trasciende la necesidad de seguir mirando.
Así, ambas obras desplazan el sentido de la visión desde la representación hacia la propia experiencia. La imagen deja de ser un registro de lo visible para convertirse en el residuo de una duración, una memoria y una afectividad imprescindiblemente frágil y humana. Quizás lo que permanece no es aquello que el ojo logra retener, sino la intensidad con la que el tiempo atraviesa la mirada. En ese punto, nos sugieren que ver no es acumular imágenes, sino condensar una vida en una experiencia capaz de permanecer cuando la imagen desaparece para vislumbrar nuestra humanidad descarnada. Quizás sea el momento de volver a la ceguera y bailar en la oscuridad para poder encontrarnos a nosotros mismos.
A la escritura, por desafiarme. A mis amigxs, con los que compartimos haceres y andanzas subterráneas, nocturnas descubriendo así, el reverso del mundo.
Entre el borde del papel y el texto, se encuentra el margen. Delimita el área de escritura, en el centro, y evita que se vaya hacia los bordes. El margen de la hoja en los cuadernos es el lugar primario de aclaraciones, ideas, pensamientos, canciones o recordatorios que surgen mientras le damos el uso “oficial” al papel en blanco. Allí aparecen otras lecturas, paralelas o derivadas de las palabras principales, subvierten el orden, arman su propio sentido, en algunos casos hasta tienen ritmo o lírica.
Los márgenes son los espacios que rodean el texto y permiten que la página "respire", también exploran los límites de lo decible: juegan con los espacios en blanco, con la tipografía y las estructuras tradicionales para expresar lo que está fuera de lo instituido. Rompen las reglas canónicas, se desvían de las normas estéticas, llevan la voz de la escritura a espacios no convencionales.
Mientras que los márgenes contribuyen a la percepción del ambiente gráfico, el papel simboliza el tiempo y el espacio. La hoja a cuadros para unificar el tamaño y el orden visual, las rayas para emprolijar la letra y mejorar el pulso; y la hoja lisa, un mapa para desplazarse por fuera de las marcas establecidas. Si se precisa margen, se hace con un recuadro, un círculo, un asterisco, una línea, sino todo queda dentro, condensado: escritura, garabatos, colores y flechas, formas y puntos.
Así con los espacios y proyectos que habitamos.
Empezamos siguiendo lo establecido para luego ir a contramano. Delineando otros caminos, nos encontramos con personas e ideas que se complementan con las nuestras. Ahí, justo ahí, comienza la senda por hacer nuevos lugares que cobijen esos márgenes. Por oposición a los circuitos convencionales e instituciones del arte, la cultura que se mueve en los bordes crece desde la autogestión y el boca a boca, es la herramienta que muchxs encontraron para dialogar con su tiempo y su gente. Allí sucede el under y la contracultura, aunque parezcan conceptos separados, se cruzan en sus inicios y con el devenir, crecen, se expanden o desaparecen.
¿Alinear texto, ajustar los márgenes o reconfigurar la hoja?
Habitar distintos proyectos y espacios, ha derivado en conversaciones en las que el pensamiento se ensancha y se abren nuevos puntos de vista. Este texto se ha nutrido de otras voces, todas amigas. A ellxs, gracias por las palabras: Carolina Rojas, Santiago Mampel, Laura Jara, Kale Pezzola, Dario Manfredi, Cintia Ramos Morales.
El recorrido por los desvíos, los cruces y los desplazamientos comienza en algún lienzo, sobre alguna hoja, pero se expande rápido y se devela como una práctica que potencia ideas, tracciona activismos y, sobre todo, se compromete con su contexto. La autonomía para gestionar los propios recursos, proyectos o formaciones, es una elección diaria, se constituye desde la multiplicidad y el hacer colectivo. Más conocida como autogestión, se rige por los términos de la economía social, abre lugares de encuentro, facilita nuevas propuestas y sostiene formas de aprendizaje recíprocas. La autogestión no es un margen sino una forma activa de reconfigurar las periferias. La descentralización es autonomía en movimiento, por eso nos movemos en redes que se sostienen (en muchos cuerpos y territorios) y se comunican. Ante cualquier coyuntura económica, la autogestión no romantiza la precariedad: la nombra, la enfrenta y se reorganiza colectivamente. Es la prueba de que se puede construir una forma propia, aunque no encaje en los moldes existentes y crea modos alternativos de comunidad. Tránsitos inverosímiles en expansión, pero a la vez personales, capaces de afectar y ser afectados. La autogestión y la conformación de espacios de encuentro, han sido características específicas de la cultura del underground. El término en inglés remite a todo lo que opera fuera del perímetro de lo comercial o masivo. El under no está en la superficie. Hay que hacer un esfuerzo por encontrarlo, a veces está escondido a propósito. Se nutre de lo que nadie quiere o se anima a ver. Tiene también algo de clandestino, el modo es importante, es necesario lo disruptivo. La resistencia puede estar ahí, en la búsqueda de algo que enfrente el individualismo. Con diversas expresiones y trayectorias, estos espacios son legitimados por un público que casi por culto llega a esos lugares. Eso muchas veces genera una corriente que explota y salta a la vista: aquello que ha permanecido en un circuito pequeño y de repente obtiene reconocimiento-fama-repercusión masiva, deja de ser parte para sumarse a una lógica de mercado o al menos a una lógica de consumo. El under irrumpe en la cartografía, sus límites son móviles y sus derivas, afectivas. Bordea al centro, está en los suburbios, se encuentra incluso en las grandes capitales, oculto en sótanos, en casas abiertas, en lugares itinerantes cuyas direcciones son enviadas por mensaje privado, también en galerías de turbia fachada. Sin embargo, cada territorio y cada época, tienen sus matices. Más allá de la democratización tecnológica, de que ciertas propuestas contraculturales fueran absorbidas por la cultura popular, cooptadas por la política partidaria y/o por la espectacularización, siguen estando los márgenes. Líneas de fuga, particularidades y potencias que van desplegándose por resonancia, encaminando esfuerzos en una dirección alternativa.
Maquetar, imprimir, publicar
A Rodri, Anto, Kale, Palo, Zoe, Estefi y Hernán. A los libros y las fotos ♡
Entre dimensiones, tipografías, gramajes y texturas, se encuentran las publicaciones de fotografía impresa. Otra forma de usar la hoja en blanco. Otra forma de decir. Otra forma de hacer cosas con imágenes y palabras. Narrativas visuales con mirada de autor/a/e. La FERIA FOTO LIBROS deviene de deseos, procesos y paisajes. Una grupalidad que se mueve en gerundio y en vínculo. Un cruce de caminos dedicado a mostrar y dar visibilidad a proyectos fotográficos y a sus creadores, invitando a otrxs a revelar su mirada. En 2026 se cumplieron 10 años de Feria, diez años de una comunidad en movimiento. La fotografía impresa abarca todo, crece en forma de publicaciones, muestras, presentaciones, convocatorias, charlas y talleres. El espacio no es fijo, sino itinerante: viajes a festivales, biblioteca abierta, librería online. Esas maneras propias de crear y convidar libros son las que compartimos. Disidentes de la norma, de la forma y los soportes, invitamos a generar preguntas dentro del ámbito de las artes visuales y gráficas, tejiendo redes y articulando propuestas desde tres enfoques: el fotolibro como espacio de desarrollo del trabajo fotográfico; la perspectiva de género que impulsa y visibiliza a mujeres y personas de la comunidad LGBTTIQ+; y la mirada latinoamericana que prioriza a autores y narrativas de la región.
Un proyecto vivo con frecuencia errática y situada, más no delimitada. Concebimos a los lugares por regiones, no por divisiones políticas y a la intermitencia como modo de gestión: nos reunimos, acordamos, producimos y luego, el descanso. Un tiempo para recargar energías, continuar otros proyectos, dedicarse a los respectivos laburos, hasta la próxima edición, convocatoria, feria o invitación que llegue.
Hay circuitos que son inconmovibles y mejor no recurrir a ellos. Pero hay otros que es necesario apropiárselos. No solo porque ofrecen estructura, sino también por el alcance: es la oportunidad de acercarnos a otrxs, promoviendo así una socialización del arte, nuevas redes y solidaridades. También pueden ser una gran caja de resonancias, de articulación con públicos, audiencias, personas que de otra manera no se hubieran cruzado. Un desvío que introduce nuevos sentidos, relatos visuales en un tiempo y espacio compartidos, abiertos a una re-significación permanente.
Sostener durante 10 años la FERIA FOTO LIBROS es celebración, también resistencia. El contexto económico y social va empujando movimientos de repliegue, trinchera y refugio para encender fuegos donde el frío y el hastío horadan huecos. Como grupalidad, atravesamos momentos de mutancia e incertidumbre, sin embargo, la fotografía y los libros siempre nos convocan. Con cada oportunidad de intercambio se alimenta el entusiasmo. Es vital practicar el verbo, no solo desear el sustantivo: cuestionar las prácticas, las motivaciones, volver al origen, revisar el archivo. Ir hacia adentro, cuidar lo afectivo, desde ahí crear juntxs: sea una nueva edición, una muestra o una publicación colectiva. Hace un tiempo buscamos una identidad que nos defina sin fijarnos, un nombre que nos abrace como queremos. Apareció sacando el artículo que unía los sustantivos. Un mínimo gesto, que más que definir, concibe lo indeterminado.
Nos gusta lo amorfo porque está vivo.
Porque muta.
Porque en el desborde, está el horizonte.
Junio y julio 2026
Cámara digital impresión térmica - Registro de Edición Aniversario - Estefanía Acosta Quinteros