En las relaciones amorosas actuales se ha validado la desidia. Frente al pretérito valor de la bondad, muy dada en la ficción, las parejas contemporáneas están hechas de grandes dosis de pasotismo y desinterés. A menudo nos agobiamos cuando recibimos paz, seguridad y cariño 'en exceso', mientras que nos encaprichamos fácilmente de quien nos imbuye en una vorágine de atractiva incertidumbre. Quizá, parafraseando a Camus, la desdicha de nuestra generación es que no sabemos amar, aunque nos defendamos argumentando que amamos como nos da la gana. O quizá es que nuestra sociedad, individualista, es poco dada al compromiso. La realidad es que hemos confundido el amor, por más libres que seamos, con la aventura. Por eso nuestras relaciones duran menos. Por eso el desamor es el plato que más se repite en nuestro menú.
Alejandro Mairena

















