Muy cierto

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Muy cierto

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Rainy autumn nights 🍁🍂🌧️☔️
La DANA de Valencia, un año después:
@Vectorialis
Una nota de humor a tanto desastre 👏👏😂
Noche de un 7 de Noviembre.

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Argentina, Buenos Aires
La lluvia comenzaba a caer con más fuerza, mojándole el cabello y la piel, pero ninguno de los dos parecía notarlo. Él la observaba con esa mirada que decía todo lo que aún no había tocado.
Cuando dio un paso hacia ella, su cuerpo quedó a centímetros del suyo, y el sonido de la lluvia se mezcló con la respiración acelerada de ambos.
Él llevó una mano a su cintura, lenta, como si le diera tiempo de detenerlo… pero ella no lo hizo. Al contrario, se inclinó un poco hacia él, buscando más de ese calor que la recorría por dentro.
—Te estuve queriendo así desde hace tiempo —confesó él con voz baja, la boca rozando su mejilla húmeda.
Su mano subió por su cintura hasta su espalda, atrayéndola con más fuerza. Ella sintió su cuerpo pegado al de él, firme, caliente, ansioso. Su corazón empezó a latir tan fuerte que pensó que él podía oírlo.
Ella deslizó sus dedos por su cuello, despacio, disfrutando cómo él cerraba los ojos apenas la tocaba, como si se estuviera conteniendo demasiado.
—¿Y por qué no lo dijiste antes? —susurró ella, rozándole los labios sin llegar a besarlo.
Él la tomó del rostro con ambas manos, respirando sobre su boca.
—Porque no quería hacerlo así… —susurró— …quería hacerlo cuando ya no pudiera detenerme.
Y en ese momento, ella sintió claramente que él ya estaba justo en ese punto: sin frenos.
Sus cuerpos se apretaron uno contra el otro, el calor subiendo entre ellos en oleadas. Él la levantó ligeramente de la cintura, haciendo que sus labios quedaran completamente alineados, demasiado cerca, demasiado tentadores.
Ella deslizó su boca por su mandíbula, por su cuello, saboreando el temblor leve que él no pudo ocultar. Él respondió atrapándola de la cintura con más fuerza, haciéndola sentir cada parte de su deseo contra ella.
La lluvia seguía cayendo, pero los dos ardían.
—Dime si quieres que pare —murmuró él, su voz ronca, dominada por el deseo.
Ella apoyó su frente en la de él, respirando hondo, sintiendo la tensión eléctrica entre ambos crecer más y más.
—No quiero que pares —dijo, sin un segundo de duda.
Y entonces él la besó.
Un beso profundo, urgente, lleno de todo lo que habían estado callando durante meses. Sus manos recorrieron su espalda, su cintura, su cuello, cada línea que había deseado tocar. Ella respondió con la misma hambre, dejando que la atrajera más, que la guiara, que la deseara sin esconderlo.
Sus cuerpos se pegaron aún más, buscando calor, fricción, promesas. Nada explícito, pero cada movimiento tenía intención. Cada respiración era una invitación.
La noche se cerró alrededor de ellos, y la terraza se convirtió en un espacio donde solo existían sus manos, sus bocas y el deseo que al fin habían dejado salir.