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Según Ricardo Pillado, habría sido un ballenero inglés quien en 1785 comienza a introducir entre nosotros la práctica de la carne salada. Se trató de evitar esa industria, que beneficiaba la riqueza básica del Río de la Plata, iniciando las exportaciones a La Habana y España hacia el año 1790. Pero su progreso es lento y dificultoso, hasta el punto que, no obstante estar en condiciones de exportar 100.000 quintales de carne por año, durante el cuatrienio 1792 a 1796 sólo salieron del puerto de Buenos Aires 40.000 quintales, 10 veces menos que su capacidad. Entre otras causas influyó sobre el escaso fomento de esta industria el precio de la sal, que debía traerse de España, y la falta de maestros para hacer toneles y salar carne. Respecto al problema de la sal es bueno recordar que ya el virrey Loreto se preocupó por explotar las Salinas Grandes, cuya producción sería estimulada enérgicamente décadas después por Rosas.















