¡Nunca me liberarĂ© de esto! Ahora soy dos personas: Ă©sta, completamente blanca, y la antigua, amarilla, y la blanca es, sin duda, la más importante. No necesita alimentos, es, ciertamente, uno de los santos indudables. Al principio la odiaba, carecĂa de lĂłgica propia. Se pasaba los dĂas en la cama conmigo, igual que un cadáver, y yo me asustaba, pues su forma era idĂ©ntica a la mĂa[.]
Sylvia Plath















