[Fanfic! The House in the Cerulean Sea]
(Pregunta seria, ¿cómo se llama la ship entre Arthur y Linus? T-T).
>Arthur Parnassus/Linus Baker.
>>Arthur Parnassus. Linus Baker
+Escena perdida en el segundo Libro. Romance. Suave y dulce. Relación establecida. Posesivo Arthur Parnassus.
++Smut desvergonzado. Top Arthur Parnassus. Bottom Linus Baker. Porno sin trama.
N/A: Esto está ubicado en aquella escena antes de la audiencia de Arthur, cuando, junto a Linus, descubren que en la habitación del hotel en donde se hospedan hay micrófonos. 🤭🤭🤭 Por favor, no puedes culparme de ser tan básica (bueno, sí que puedes y además tendrías razón, pero también dame un poco de respeto jajajaaa).
Tengo aún muchos pensamientos sobre esta ship (y estos libros), me reconforta que sean tan básicos y fáciles de leer; que tan claramente han sido escrito por alguien a quien le contaron sobre el dolor, más que de alguien que lo haya sufrido. ¡Y me gusta tanto que Arthur y Linus se parezcan a Newt y Jacob! 💖💖💖 Espera, espera, estoy volviendo a leer los libros para poder explicar mi punto.
Por ahora me estoy enfocando más en Jacob y Linus, la forma en que ambos harán lo correcto aunque las circunstancias los coloquen más cerca de ser hombres egoístas y vacíos por dentro 🥹. O lo más obvio, que es cómo ambos creen ser hombres simples y sin mucho para ofrecer en comparación a sus hombres mágicos ✨ (¡ay, me derrito de lo adorables que son!), pero es la misma bondad (cuasi inocencia) que llevan dentro, lo que los hace por demás extraordinarios ❤️🔥.
Así que, por último:
¡Lee esta historia en Ellipsus! :D
¡También puedes leerla en Ao3! ;3
O descargar el PDF aquí (formato A4) :0
O aquí (formato A5) :u
***
«Que resuenen contra cada rincón. Que no quede esquina ni oído intruso que ignore esta felicidad incomparable y absoluta».
Y aunque Linus Baker había aceptado un baile con el hombre de su vida, encantado de mostrarle a los invasores lo que era el amor verdadero y cuánto podían aprender de él, ciertas conclusiones pronto opacaron a la razón; a los motivos por los que se hallaban tan lejos de su hogar, en la espera de un destino que, deseaban, resultara fructuoso.
Las manos grandes y delgadas de Arthur, advirtió Linus, cerniéndose a sus amplias caderas con mayor fervor del requerido, así como la temperatura acrecentándose a su alrededor, le hablaba de cómo su queridísimo hombre tampoco había tardado en notar las inusuales circunstancias. «Que oigan los sonidos de la felicidad», si tan fácilmente sería interpretado de la más inocente de las formas, no requería de un esfuerzo excepcional para llevarlo al otro extremo.
Al resonar en sus oídos la última nota, Linus no estuvo seguro de quién se giró primero, pero al encontrarse sus labios con los de Arthur, eso no importó.
De cualquier modo, se volvieron expertos en ello: en identificar los momentos a solas, en saber cuándo Zoe estaría dispuesta a cuidar de seis adorables —y especialmente traviesos— niños sin intervenir en lo que hiciera con el resto de su tiempo; en detectar cuándo dichos adorables niños estarían lo suficientemente cansados para que ninguno pudiera identificar si un par de pasos adultos se escabullían en la noche, para invadir la solitaria casa de invitados.
El escenario no era el indicado, no resultaba difícil de aceptar y aunque sin dudarlo ambos cambiarían aquella noche a solas por una divertida velada rodeados de sus niños, aquella tampoco sería una oportunidad que estarían dispuestos a perder; menos aun considerando la presencia de quién sabe cuántos micrófonos.
No obstante, una vez que la parte trasera de sus rodillas alcanzó la cama, mientras Arthur le besaba el cuello y el mentón, y sus manos trabajaban para abrirle la camisa, Linus dudó.
—¿E-estás seguro de esto? —Arthur le dio un ligero mordisco en la oreja antes de tomarlo de las manos, acariciándole en los dorsos con suavidad.
—¿De esto? Siempre. Pero si no estás de humor para…
—No me refiero a eso, sabes que yo… —Y a pesar del rubor que le hirvió en el rostro, se negó a guardar silencio, no solo no rechazaría a Arthur, menos aún lo haría delante de quien quiera que los escuchara—. Sabes que te deseo, cariño, es solo que… Y sí… —Arthur lo silenció con un beso profundo y arrebatador.
—Dejemos los «y sí…» para más tarde, mi querido hombre, después de todo, no haremos nada de lo que debamos sentir vergüenza. —Linus se permitió respirar tranquilo, era cierto, naturalmente, pues nunca entregarse a su Arthur le hubo significado ninguna humillación o afrenta. Fue así que le devolvió el beso con el mismo interés.
Con un camino de besos ligeros a lo largo del pecho y sobre la ropa de Arthur, Linus se sentó en el borde de la cama. Gentiles manos se enredaron entre su cabello oscuro al llevar los labios a las estrechas y puntiagudas caderas; las que comenzó a desvestir lentamente. Deshaciéndose del cinturón abrió los botones y bajó la bragueta. La ropa interior de su amado, tan alegre como sus calcetas, no menguó un ápice el humor de Linus, y más bien lo opuesto, lo hizo suspirar tal cual un tonto enamorado.
Acarició a Arthur por debajo de sus pantalones, el calor de su verga medio endurecida le provocó a Linus una emoción que no intentó reprimir. Le repartió besos y traviesas mordidas a lo largo y a lo ancho, encantado por los ligeros temblores que lo sacudían; al lamerlo, las caderas de Arthur se empujaron contra su rostro. Linus, atrevido, lo abrazó y colocó la mejilla justo sobre la base de su polla.
—Paciencia, amor, no hay ninguna prisa. —Arthur le sonrió desde arriba, sus ojos oscuros lo observaban maravillado.
—Lo siento, diría que es la costumbre, pero descubro ahora que la culpa es completamente tuya.
—¿Mi culpa? —preguntó Linus con orgullo mal disimulado, pues nunca fallaba en acariciar su ego el saber cuánto un hombre, tan hermoso y dulce como Arthur, podía perder el sentido por alguien tan sencillo como él.
—¿De quién si no? Eres… —Linus lo interrumpió bajándole los pantalones. La mancha de humedad y la erección completa lo hizo salivar y morderse un labio—. Impresionante —susurró Arthur, tomando gruesos mechones de cabello negro al sentir los besos amorosos de Linus en sus caderas ya desnudas—. Devastadoramente… lindo.
Linus dejó de aplazarlo, sostuvo la gruesa y larga polla de Arthur desde la base para darle tiernas lamidas en la zona sensible del frenillo. El sabor de su amado revolucionó sus sentidos, agitó su respiración, lo obligó a tomar lo que se le ofrecía abiertamente. Besó la punta y recorrió con la lengua el tronco, humedeciendo hasta el último centímetro.
Las manos de Arthur lo guiaban, llevándolo a través de una gruesa vena y luego al interior de su boca. Linus se abrió para él, cuidadoso con los dientes y servil con su lengua, cada uno de sus gemidos se encontró con los golpes livianos de Arthur. Respiró despacio, dedicado a sentir el dulce deslizamiento de la verga de su amado; era apenas la punta llenándole la boca por completo, y el placer de tenerlo dentro suyo se le antojaba irreemplazable. Por la dicha impresa en el rostro del director, Linus no sabía quién utilizaba a quién, aunque en una situación así, era positivo asegurar que ambos se beneficiaban en igual medida.
—Y tan adorable mientras me tomas en tu boca.
Linus casi se atragantó. Se alejó en un parpadeo y, pese a sus quejas, continuó masturbando a Arthur con amoroso cuidado:
—Ahora solo estás exagerando.
—Ay, mi amado Linus, debo estar haciendo un muy mal trabajo… para que creas que miento acerca de ti… y lo bonito que eres en estas circunstancias —suspiró dramáticamente y se alejó despacio—. Entonces, ven aquí, cariño, déjame mostrarte lo perfecto que eres para mi.
Linus no retrocedió, y pese a la vergüenza que todavía experimentaba en escenarios como aquel, permitió sin reclamos que Arthur lo desnudara. De los pies al pecho ya ligeramente bronceado, su dulce hombre le acarició cada centímetro de piel, erizándolo y dejándolo sensible al calor que Arthur irradiaba; como siempre, sin quemarlo, alcanzaba rincones en su alma a los que ningún beso o mimo sería capaz de llegar.
Cubriéndose el rostro, Linus permitió que Arthur le separara las piernas y las levantara sobre la redondez de su estómago; la sonrisa traviesa que alcanzó a ver antes de que el rubio se sumergiera en su entrepierna, no hizo sino aumentar en diez grados su timidez. Amaba, sin embargo, cada minuto de ello. De su adorado hombre lamiéndole la polla en todas direcciones, chupando y besando ahí en donde Linus vería las estrellas.
Esa lengua lasciva no se entretuvo mucho tiempo ahí, ansiosa del espectáculo principal. Las manos de Linus cayeron en la cama, a los costados de su cabeza, aferró los dedos entre el edredón ya revuelto y curvó la espalda al sentir a Arthur sobre su perineo, trazando una larga línea entre sus nalgas hasta el punto crítico. Se obligó a contener el orgasmo, deseoso de aquella mágica boca y su trato decadente y obsceno.
Y eso fue lo que obtuvo. Arthur se dedicó a torturar su agujero ansioso con la misma presteza con la que le besaba los labios. La punta de su lengua jugaba a atravesarle el canal estrecho, humedeciéndolo y volviéndolo aún más sensible. Linus se retorcía, incapaz ya de pronunciar una oración completa o de expresar emoción diferente a la lujuria sofocándole cada fibra, cada poro y cada irracional pensamiento.
Sentía la caricia más simple en el borde de su ano como un choque eléctrico que lo recorría de la cabeza a la punta de los pies y, justo cuando creyó no soportar el clímax, Arthur se detuvo abruptamente. La mente viciada de Linus no comprendió de inmediato las razones, todavía colmada de placer. En el tiempo que le tomó levantar la cabeza, Arthur le besó los muslos gruesos y le acarició las pantorrillas suavemente; lo miraba con tal ternura y amor, que a Linus se le escapó un suspiro agudo.
—Te soltaré por un segundo, cariño: no puedo continuar sin algo de ayuda, a menos que quiera lastimarte.
Oh, cuánto no luchó Linus por aceptar el riesgo con tal de que su amado no apartara de él esos hermosos ojos. Sin embargo, ninguna palabra salió de su boca. Al colocarse de costado, miró a su hombre alejarse hacia las maletas: no tuvo el menor cuidado en arrojar el contenido a un lado y, escarbando bien adentro, su búsqueda desesperada dio frutos ni un minuto después. Al ver que cierta cajita de terciopelo negro se mantuvo en su lugar oculto, observó a Arthur levantar su tesoro trasparente y pequeño en un gesto victorioso, del que Linus no escondió su sonrisa. Arthur dejó la discreta botellita junto a Linus y procedió a desnudarse en un santiamén.
—¿Me extrañaste? —preguntó Arthur, coqueto, mientras llevaba uno de sus brazos por debajo de las rodillas de Linus y el otro le rodeaba la espalda, subiéndolo así al centro de la cama. Riendo y abrazándolo del cuello, le respondió afirmativamente.
—Sabes que sí, hace frío cada vez que te vas. —Arthur, sin liberarlo de su posición, le dio un beso posesivo y descarado.
—Bueno, ahora que regresé, déjame calentarte y reanudar mi argumento.
Linus abrió la boca para decir algo que quedó en el olvido al ser interrumpido por la lengua de Arthur. Correspondió al hombre sinvergüenza, por supuesto, aceptó las juguetonas mordidas en los labios y el calor que jamás lo lastimaría.
Aún hecho un ovillo bajo el cuerpo de Arthur, Linus no se enteró de en qué momento su amado hombre tomó el lubricante y se humedeció los dedos. Abrazándose las rodillas juntas sobre su pecho, Linus se encogió sobre sí mismo al sentir las primeras caricias en su agujero. Gimió y se estremeció, llamando entre la voz ahogada a su Arthur. Él le respondía acariciándolo superficialmente y mordiéndole la piel que se le atravesaba.
—No te muevas, mi amor, quiero tenerte así, solo y únicamente para mi —le susurró al oído, su voz tensa y colmada de emociones a las que Linus no podía nombrar en ese momento—. Solo para mi, mi propio Linus Baker. Debo ser el hombre con la mayor suerte del mundo.
Dicho eso, las puntas de dos resbaladizos y largos dedos abrieron el agujero de Linus. Nuevamente, su boca abierta para exclamar un jadeo fue invadida por Arthur, quien reclamó cada aliento como suyo. Sus intentos de perseguir el ritmo de esos labios erraban conforme Arthur se sumergía en su interior. Pronto, su lengua bailando junto a la de su amado fuera de sus bocas resultó de aquellos dedos abriéndose paso hasta los puntiagudos nudillos. Centímetro a centímetro, las falanges penetraron en su calidez a una velocidad moderada, siempre buscando sumergirse en la mayor profundidad.
El que Arthur no comenzara despacio, le indicaba a Linus lo mucho que su hombre estaba desesperado por fundirlos en uno solo. Él no se sentía con una voluntad más fuerte, y si en otras ocasiones habría pedido la menor compasión, deseoso de alargar el momento y no caminar directo al borde del orgasmo, ahora aceptó sin reproche el masaje a su próstata bajo el que Arthur lo sometió ni un minuto después. El movimiento fue decidido, los largos dedos apenas lo abandonaron un par de veces, dedicándose a abrirlo y torturarlo desde dentro. Linus sollozó, le fallaba la respiración, su boca no exhalaba más que gemidos y vagos intentos de pronunciar el nombre de Arthur.
—Sí tan solo pudieras verte, mi dulce Linus; el sonrojo de tus mejillas opaca al fuego de mis llamas, el sabor de tu piel caliente supera en mi memoria a la suave brisa del mar —La pesada respiración de Arthur convertía su voz en gruñidos roncos que se derramaban directamente en los ávidos oídos de Linus, haciéndolo estremecer; temblar al menor movimiento de esos dedos—. Oh, mi amor, lo que tengo que hacer para reprimir cada uno de mis impulsos no solo de besarte, sino de arrancarte la ropa y mantenerte siempre abierto y dispuesto para mi. Linus… Linus… Me tienes en la palma de tus manos y aún te atreves a dudar de cuánto tu belleza me pone duro al menor descuido.
Ya de por sí sin palabras, Linus podría haber eyaculado al escuchar la declaración de su amado, si acaso él no hubiera retirado los magistrales dedos de su interior. El abandono repentino fue casi doloroso, especialmente después de haberle anunciado con tal descaro lo mucho que contenía siempre su necesidad por colocarlo sobre cualquier superficie plana. Para su satisfacción, el querido hombre no se apartó demasiado, aunque a su regreso, los largos dedos no llenaron su vacío.
Ambos sabían que aún le faltaba preparación, que no podría tomar algo del tamaño delicioso de Arthur con el esfuerzo de solo dos dedos; así como ambos sabían lo mucho que tanto el ardor de forzar la entrada, así como de su agujero apretado alrededor de la polla de Arthur, los haría llegar a lugares que apenas comenzaban a descubrir. Y Linus reconocía abiertamente cómo esa era una de las pocas ocasiones en las que podía explorar, sin ninguna obligación de avanzar rápido por otros motivos, la amplitud y el alcance de complacer aquellos deseos. Ergo, respiró paciente y tranquilo al sentir la punta de Arthur acariciándole el borde de su agujero.
—Detenme en cualquier momento, cariño. —Le pidió Arthur, envolviéndolo nuevamente entre sus largos y delgados brazos, con la fuerza suficiente para sujetarlo en su lugar.
—Lo haré, no te preocupes… Pero tienes que llenarme ahora, ¿de acuerdo? Me siento tan vacío y solo sin ti.
La verga de Arthur lo atravesó lentamente, la cabeza hinchada adentrándose en su agujero ansioso le provocó un dolor electrizante que recorrió toda su espalda y muslos. Contenido entre el abrazo de su hombre, la seguridad, el simple hecho de pertenecerle a alguien como él y la tan perfecta, correcta sensación de ser abierto, sometido y amado por Arthur, Linus se sintió morir de amor, de devoción y placer absolutos. Así, conforme la verga de Arthur lo llenaba, más Linus se dejaba arrastrar por la intensidad de todo lo que recibía.
—¿Es demasiado, querido? —Linus no tenía ni la voz ni los pensamientos con el enfoque necesario para emitir otra cosa que no fuera gemidos de voz entrecortada—, no, por supuesto que no —Para su buena suerte, Arthur había aprendido a entenderlo sin necesidad de palabras—. Oh, mi amor, si pudiera ver todo el tiempo tu adorable rostro en este momento, no hay forma en que te permitiera salir de la cama.
Arthur comenzó a embestirlo, al igual que antes, sin concederle el tiempo para acostumbrarse a su generoso grosor, llevando sus caderas hacia atrás; para que solo la punta de su verga permaneciera dentro de Linus, y luego empujándose con una certera estocada, para que el sonido de piel chocando contra su culo resonara por encima de sus lastimeros ruegos, los que le suplicaban a Arthur no detenerse. Y eso era lo último que haría. Sosteniéndolo de las rodillas con una mano y sujetándole la suave cintura con la otra, impidiendo todo contacto con su propia polla, Arthur lo miraba desde arriba como el ave rapaz que logró atrapar a la mayor de sus presas.
Linus se contrajo con la simple idea, y sin pensar a dónde lo encaminaría de ahora en adelante, no luchó contra ella ni guardó emoción de rechazo alguno. Cedió, se rindió a ser la presa, a la delicia de cada fuerte embestida contra sus paredes cálidas y sensibles; a la polla de Arthur doblegando a su próstata y a los divinos estremecimientos de placer que lo recorrían desde su centro, incluso a pesar de su descuidada polla. Y qué dicha más grande obtuvo, con la mente flotando en un mar de lujuria sin medida ni vergüenza, lo arrollaban grandes olas de lo que hacía poco habría obtenido a cuentagotas; bastaban para llenarlo y convencerlo de no necesitar más. Ahora…
Ahora, aunque cuidadoso de no caer en la promesa de Arthur y no solo esperar a ser sometido cada minuto entre sus sábanas; no existía manera en que evitara regresar a él y al rápido vaivén de sus caderas. Velocidad que, así como mantenía el ritmo, intercambiaba el sutil cuidado a favor del éxtasis, un hechizo bajo el que ambos cayeron demasiado pronto y, del cual, no encontraron ya forma de regresar. Llegó a los oídos de Linus como eróticos jadeos, con la verga estrellándose contra su culo hambriento sin tener la menor intención de no rebajarlos a bestias en celo, entregándose en cuerpo y alma al fuego, a la lujuria quemándose sobre sus pieles; adentrándose bajo sus músculos, arrastrándolos al borde del acantilado.
Tomado, poseído por Arthur, Linus se dejó caer, con la certeza absoluta de que su amado lo elevaría hacia el cielo, directo ahí, a la cima de un orgasmo que lo hizo derramarse profusamente en medio del estómago y los muslos todavía contenidos sobre sí mismo. Estremeciéndose cada fibra de su ser, gritando halagos sin forma y agradecimientos transformados en llanto del más profundo éxtasis, Linus advirtió entre contracciones de su agujero abusado, casi como una prensa, la forma en que se abrazaba a la verga de su Arthur, quien aún así lo follaba a través del clímax.
Satisfecho por el compromiso y el nivel de placer inigualable al que su hipersensibilidad lo conducía, renovando la necesidad tras el orgasmo, Linus retribuyó con educación a las atenciones de su amado. Se estrechó obsenamente alrededor de Arthur, masajeándole la polla y disfrutando a su vez de un erótico y lascivo dolor al ya saciado y tierno interior de su ano. Pero, por supuesto, un hombre como él tenía que estar a la par de alguien tan maravilloso como Arthur: aceptó sin reparo la sobrestimulación, placiéndose de cada minuto rendido bajo el dominio amoroso de una polla que buscaba su consuelo en él y solo en él; en su cálido y estrecho interior.
Y qué hermosa imagen tendría Linus de sí mismo cuando era suyo el nombre que Arthur gruñía entre gemidos, cuando eran sus manos delgadas las que lo mantenían en su lugar y suya era la piel que portaba el rastro de sus labios y sus dientes. Más importante aún, qué tan bueno debía ser para tomar su verga en cada apasionada embestida y merecer la vista privilegiada de su rostro atractivo, mientras eyaculaba en el interior de un agujero que puso al resguardo su abundante y cálido esperma.
Su amor quemaba el interior de Linus como una llama encendida, pero al igual que su fuego, no lo lastimaba, sino que, al contrario, lo empujó a un inesperado y muy bienvenido segundo orgasmo. Gritó con renovada energía sensual, curvó la espalda y finalmente Arthur le permitió la libertad de moverse, para eyacular sobre las mantas y sentir cada palpitación de lujuria fulminante.
Arthur bombeó en su interior la última gota de semen y no se permitió salir hasta que Linus terminó, siempre atento y decidido a complacerlo. Temblando, de nuevo entre los brazos del amor de su vida, Linus se sintió por demás feliz de los besos tiernos que, como una fresca brizna del mar, llovieron sobre su rostro sudoroso y extasiado.
—Te amo, mi querido, queridísimo Linus.
—Yo te amo más, mi dulce y hermoso hombre.
Tembloroso y cansado, pero con una gran sonrisa en los labios, Arthur se levantó despacio, llevándose su calor consigo, fue al baño y regresó poco después, toalla en mano. Linus se dejó limpiar, los estremecimientos habían cesado, no obstante, permanecía una sensibilidad a la que su amado trató cuidadosamente.
—Eso fue… No es fácil de describir —murmuró Arthur, pensativo y ciertamente maravillado, pasando la toalla sobre el estómago de Linus.
—«Impresionante» ni siquiera se acerca. Yo nunca… Tú sabes que no tenía experiencia antes de ti, pero sé que esto… es… —De repente, para cortar una tensión que no debía solucionarse en un lugar así, una risita se le escapó al recordar—: Esto, si hay algo de lo que puedo estar seguro, es que fue todo un espectáculo de «sonidos felices». —La alegre carcajada de Arthur resonó en su corazón, y qué tonto más enamorado era él de una risa como aquella.
—Apuesto a que alguien estará muy avergonzado mañana —susurró Arthur, besando la mejilla de Linus y saliendo de la cama—. Me temo que arruiné tu esfuerzo por acomodar toda nuestra ropa, no sé en dónde… ¡Ah, aquí esta! —Con toda la calma, ayudó a Linus a levantarse y ponerse el pijama azul. Antes de permitirle acostarse de vuelta retiró de golpe el edredón e hizo a un lado las mantas—. Mi señor, la cama esta hecha. —Linus sonrió y ocupó de inmediato su lugar.
Observando a Arthur colocarse su propio pijama, una sacudida le agitó el pecho, robándole un par de suspiros ahogados; lo alcanzó cual marea alta un amor brillante e intenso, insuperable y cálido como las llamas de un fénix. Si ya lo había decidido antes, a la pregunta que le haría después, ahora llevaría consigo una seguridad absoluta.
—¿Pasa algo, querido? —Linus negó despacio, bostezando estiró los brazos hacia Arthur, en tanto él terminaba de subirse los pantalones cortos por las delgadas y largas piernas.
—Olvidé lo fría que puede ser esta ciudad. —Arthur, sonriente, se apresuró a recostarse a su lado.
—Bueno, eso es algo que definitivamente no permitiré que te afecte, cariño.
Recostado sobre el pecho de Arthur, Linus ya dormitaba, escuchó sus latidos apacibles y sintió sus tiernas caricias en los hombros, la espalda y la cintura. El calor que pronto lo rodeó terminó por hacerlo caer. En el último instante de lucidez, una voz le susurró al oído:
—Buenas noches, mi adorable Linus.
Y, pese a las dudas que traía ante el porvenir, Linus durmió tranquilo, feliz entre los brazos amorosos de su Arthur.
Pasó, en efecto, una muy buena noche.
***
¡Muchas gracias por leer mis tonterías! Espero que no haya estado así de mal 😅... Por favor, amor mío, cuéntame tus pensamientos y opiniones, esperaré por ti pacientemente uwu ❤️🔥❤️🔥❤️🔥.

















