Este soy yo, probablemente sea el yo consciente que escriba por última vez aquí, de esta manera. Estoy muy mal. Hoy empiezo a tomar pastillas de nuevo, las mismas que tomaba cuando, hace quince años, estuve muy mal. Voy a dejar de ser el que era momentáneamente y me marcará para el futuro. Necesito estar solo. Necesito que no me cuiden. Necesito desaparecer por un tiempo, cortarme sin ser juzgado y sin hacer daño a los demás.
La vida se me viene encima, estoy perdiendo cosas. Me estoy perdiendo a mí mismo cada más. Veo como, de mi cuerpo, se desprende mi yo, el que creía que era para convertirse luego solo en un receptáculo lleno de nada. O tal vez lleno de algo que no sé identificar, pero sé que es algo me produce muchísimo dolor. Un dolor sin identidad que desplaza a lo que yo soy o a lo que yo creía que era. Ahora, nuevamente, ya no sé quién soy. Soy una especie de sabana blanca desgastada que aún sirve, pero también podría ser ya desechada por lo usada, rota, remendada, agujereada que está.
Quiero dormir, dormir, dormir y dormir sin sentir culpa. Dormir sin pensar que mañana me tengo que despertar y levantarme a comer y a vivir la vida.
Quiero dormir para olvidarme que me duele todo, para olvidarme que me estoy perdiendo a mí mismo a medida que pasan los días.
Quiero dormir para no sentir que no siento. Porque siento que no siento, pero siento dolor también.
Nunca pensé que me volvería a sentir así, pensé que había logrado cambiar y defenderme de mí mismo, del yo destructivo, del yo de la depresión (no del de la tristeza, porque soy una persona triste, la tristeza me constituye). Solo pensé que el yo que me arrastra a lo peor había desaparecido. Simplemente estaba dormido, se ha despertado y se está apoderando de cada célula de mi cuerpo.
Estoy enfermo de nuevo. Nunca pensé que volvería a estar enfermo de nuevo.
El amor se extingue, todo el amor que tenía para dar lo está apagando la enfermedad. Lo noto, el calor se va de mi cuerpo lentamente. Las llamas ya no arden como antes y me estoy haciendo cada día más pequeño. Ardía tanto y había crecido tanto y todo eso se va extinguiendo.
Dejaré de ser yo para estar vivo. Otra vez pienso en la muerte, pero no como antes, antes era una escapatoria de este dolor. Ahora sé que la muerte está ahí siempre, esperándome, no me busca, no me arrastra, me espera paciente, es mi verdadero amor. La relación tóxica por excelencia. Nos buscamos, nos amamos, nos alejamos, nos evitamos, nos odiamos. Me espera siempre y yo juego con ella. Se va a cansar pero no me va a dejar. Se cansó, nos separamos, pero hemos vuelto a vernos.
Y me pregunto, porque siempre me pregunto esto. ¿Estoy de verdad mal porque hay algo malo en mí o me estoy haciendo el que estoy mal porque no sé qué más hacer ahora mismo con mi vida? Cualquiera que sea la respuesta estoy mal o por estar realmente mal o por hacerme el que estoy mal.
Estoy enfermo de nuevo y tengo que aceptarlo.