“Hay domingos que también sirven para olvidar, para dejar ir, para ver por última vez las fotos, dejar escapar la última sonrisa y coger el valor de borrarlas. Hay domingos que saben a nostalgia, a no tener perra idea de qué es lo que sigue, a no querer salir de la cama porque el corazón hoy no baila. Hay domingos que sirven para buscarnos, para intentar ponerle calma a los recuerdos, para encontrarte después de haber sido valiente en el lugar incorrecto. Hay domingos que no son Netflix ni risas, que no son besos ni abrazos, que no son citas ni mensajes. Hay domingos que son soledad, café y un poco de poesía para recordar que todo pasa, que estarás bien y que tarde o temprano volverás a brillar”.
Los otros domingos.















