en una mesa de un restaurante pijo,
manchada de tinta (azul)
y la Niña Pastori, sonando
Anda y dime que es mentira
Que tu no tienes dos corazones
los dos corazones (decía la canción)
el viejo y el nuevo (pensaba yo)
el viejo, extraviado (se murió)
el nuevo, consciente de la imposibilidad de regresar a los lugares
donde amó las risas (eso decía el poema)
el poema
que por supuesto, no era un poema,
sino el azar de dos personas que apenas se conocen
consecuencia de dos encuentros inesperados en un museo
donde una, se refugió en quienes apenas conoce
donde otra, se acercó a lo que alguna vez conoció
dos espressos cortados, por favor
consecuencia de un proyecto que estuvo aparcado en el
pizarrón por meses
noqueremoscorazonesninubesnisexo
clausurado, cerrado, cuidado, cómo lo hago, qué hago
todos los caminos llevan al Planeta Salvaje
y a la obligación laboral de leer los correos electrónicos
Si alguna vez me vuelvo a enamorar será de alguien que ( ... )
imposible, dice la estadística, 99% imposible
le decía yo a mi hermana hace unos meses
el amor (?), lejano, escondido, asesinado,
habita en el corazón viejo, que perdí
no creo poder encontrarlo de nuevo
pero eso
ya no me importa
bueno,
descubrí, yo
que tengo uno nuevo,
un nuevo corazón
que permite la plastilina color verde neón,
aunque no sabe cómo habitar terrazas con música
electrónica
ni sabe
en qué momento gusta de rodearse de hombres gays
o de hombres heterosexuales que buscan tener hijxs
(?)
hombres, un descubrimiento,
amistad con barba y bebidas que saben a 18 años,
y la plastilina color verde neón,
el 1% de la posibilidad,
sin el cuerpo listo para saber cómo
pero,
bueno,
algún día














