Me siento perdida entre ciudades. Entre personas. Entre rostros. Entre miradas.
Me siento perdida en mi misma. Camino por un abismo donde no se a donde voy. Camino por los desconocidos senderos de la vida y cuando llego al acantilado sin salida me siento perdida. Me siento sin vida. Todos los días camino entre sombras borrosas que me arrastran a lo profundo, oscuro y desconocido de la desesperanza.
Camino todos los días con dos manos invisibles apretándome fuertemente el cuello y aprendo a caminar asfixiada por esas manos. Aprendo a cargar con este peso invisible llamado dolor y angustia.
Me busco a lo lejos pero no me hallo. Porque ahora solo soy un saco de carne hecho de puro miedo y dolor.
Mi miedo me consume, me come, me devora y se apodera de mí. Y yo soy tan cobarde como para hacer algo al respecto.
Camino entre calles oscuras y grises escondidas entre casas deprimentes. Camino huyendo lejos de algo que me persigue. Camino huyendo de un lugar que no quiero estar. Camino con destino al infinito, a la nada, al vacío, al todo, tratando de encontrar una salida, una luz, tratando de encontrarme a mí misma y poder sacarme de este infierno al cual me ato.
La noche cae en mi imaginación y yo sigo andando entre torres y palacios llenos de recuerdos. Recuerdos que se esconden tras los altos muros esperando al acecho. Recuerdos que me atormentan. Recuerdos de los cuales no puedo soltarme.