Horarios, tarjetas bancarias y el almuerzo
Ocasionalmente hay clientes que les gusta llegar justo a la hora del almuerzo, clavado a las 12 del dÃa. Y pienso que el problema no es del negocio, ni del barbero, ni de cualquiera que sea el oficio. El problema es cultural, de educación.
Debemos considerar que hay un horario establecido por tradición desde hace muchos años: 6 a. m. el desayuno, 12 p. m. el almuerzo, 6 p. m. la cena. No deberÃamos andar cambiando esos hábitos culturales a la ligera, y generalmente quienes intentan hacerlo son los individuos menos cualificados, los menos llamados a imponer cambios en la sociedad.
Hace un ratito llegó un cliente. Eran las 11:56 a. m. En el horario de trabajo podemos cortarle el cabello, no hay problema técnico. Pero ya hay una señal de alarma: es la hora próxima al almuerzo. Esa conducta es señal de alguien a quien no le gusta respetar los horarios; señal de alguien que no le importa el tiempo de los demás. Es alguien acostumbrado a comer a la 1 de la tarde, a cualquier hora, pero nunca a las 12, lo cual es su hábito personal, pero debe entender que no es el de la mayorÃa. Asà como no se puede obligar a un judÃo a comer carne de cerdo, no se puede imponer un ritmo personal a toda una sociedad.
El comercio es útil y supremamente importante, pero no puede estar por encima de la sociedad. Está bien que sea su base, pero no puede interferir con otros hábitos fundamentales.
Y como si la hora no fuera suficiente, al momento de pagar, su tarjeta de débito —de las más viejas, rota, maltratada— no pasa por el punto de venta, por ninguno de los dos, tengo uno moderno, con sus respectivas actualizaciones, y otro más tradicional, pero funcional. ¿Su reacción? Molesto, bravo. No es cliente previsivo, además de que nunca lo habÃa visto.
Ese es el tipo de cosas con las que uno tiene que lidiar en una barberÃa en Venezuela.