Su primer amor fue su mejor amiga, cosa que esta nunca fue a enterarse y nunca lo hará. La amistad tomó forma en los últimos años de su infancia, siendo desde allí en más, inseparables. Mirae fue experimentando un abanico de sentimientos por ella, escalonándose uno detrás de otro. Al principio fue eso, una amistad inquebrantable, una que le hacía sentir feliz cada vez que la sacaba a colación con su familia u otros amigos. Después su amiga pasó a ser su modelo a seguir. Le inspiraba lo coqueta que era y lo carismática que terminaba siendo con todo chico que se le cruzara. Le gustaba la idea de estar con alguien que supiera arreglarse y seducir, creyendo que si prestaba la suficiente atención podría entonces adquirir esas herramientas. Siendo ella un pilar en su vida, era difícil decirle que no, por lo que cuando su amiga le rogó que empezara clases de baile con ella porque no se animaba a ir sola, Mirae en seguida accedió y descubrió allí un mundo absolutamente nuevo. No obstante, su amiga seguía destacándose y brillando a sus ojos, y pasó de desear a ser como ella, a ser ella absolutamente. Pero eso contrarrestaba con el hecho de que también estaba buscando su propia identidad y se encontraba más a gusto consigo misma conforme iba conociendo más sobre sí. Fue recién terminada la secundaria e iniciados los exámenes de admisión universitaria que el gradual distanciamiento le hizo ver que lo más había querido en los últimos años era estar con ella, que encontraba un complemento en ese otro ser que la volvía a ella mejor persona. Pero así como se dio cuenta de eso, también se admitió que ella jamás la vería de esa manera. Prefirió conservar ese amor imborrable en su corazón, quizás también para demorar por otro largo año tener una charla consigo misma acerca de lo que significa haber desarrollado sentimientos románticos –finalmente– y que estos fueran hacia alguien de su mismo género.
Tuvo un momento muy bizarro en su adolescencia en donde soñaba con poder casarse con alguien que poseyese una cadena gastronómica. Se imaginaba que de esa manera se podría limpiar las manos respecto a pisar una cocina, y además, asegurarse que podría saciar su apetito sin freno.