Pobre Carmen, y Bernardo también, me dan ganas de decirles que se vayan y que llamó a los cazafantasmas como en las pelÃculas. ¿Existirán?
-Si, no te preocupes, bueno, no se preocupen. Los voy a dejar ya para que descansen, no es de Dios estar despiertos a estas horas. SonrÃo y trato de parecer lo más tranquila posible aunque por dentro esté temblando.Â
-Bueno, yo creo que es una excelente idea y de que ya nos dejemos de todo esto, asà que como dice Ilana, buenas noches.
Bernardo toma de la mano a Carmen, y se despiden mientras cierran la puerta del cuarto en donde hace apenas una media hora, una mujer volvió a saludarme.Â
Me quito la ropa y buscó mi sudadera gris y mi pants, últimamente tengo que pensar en cómo duermo, la casa a determinada hora se pone muy frÃa, habrá que revisar si puedo hacer algo con eso. Asà que una vez instalada en mi cama, dejo la luz de la lámpara del buró prendida, y tomó mi celular, espero poder arrullarme un poco y descansar.Â
Cosa que logró, me despierto porque tengo frÃo, el edredón y las cobijas están a un lado, probablemente las empujé mientras dormÃa, pero es absurdo el frÃo que se siente en la habitación. Un momento, por qué está apagada la luz de la lámpara, creà haberla dejado prendida. Asà que me incorporó para prenderla y tomar las cobijas pero antes de que pueda hacerlo, caigo en la cuenta.Â
En medio de la oscuridad, ahà al borde la cama, agachado, asomándose, hay alguien. ¡Mierda Ilana, busca el celular y mándale un mensaje a Carmen!
Poco a poco intento no moverme tanto para que no se dé cuenta que estoy ahÃ, pero no alcanzó la lámpara. Asà que palpo a mi alrededor para encontrar el celular, pero tampoco tengo suerte. Veo entonces como la figura desaparece, pero siento que algo se arrastra hacia arriba para llegar a mà en la cama, empiezo hacerme hacia la cabecera y siento el celular, lo agarró y seleccionó la opción de la lámpara que de inmediato se prende al frente, pero no se ve nada, la dirijo hacia la cama, pero no encuentro nada.Â
Entonces decido estirarme y prender la lámpara, en cuanto la prendo y la luz llena el cuarto, la veo. De pie, en la puerta, es una mujer, cabello largo, desaliñado, asà como las que ponen en las pelis de esas que les dije hace rato, me mira, está vestida con una bata larga, como una especie de camisón. Quiero gritar pero no sale nada de mi boca, pareciera que el hecho de que tengamos contacto visual, no me permite ni siquiera moverme. El frÃo aumenta, y siento cómo me cala los huesos, recuerdo entonces que mi abuela dice que a los espÃritus se les gritan palabrotas para alejarlos, asà que empiezo a pensar en las más grandes que tengo y sigo viendo a mi inquilina.Â
De pronto, notó como empieza a acercarse y me inundo de pánico, no puedo moverme, está a punto de llegar a la cama cuando me sale un grito ahogado:
Más me tardó en gritar que en que mi amiga y su esposo lleguen a la puerta...
-Ilana, Ilana, abre, abre por favor, ¿estás bien?
Escuchó como tratan de abrir la puerta y Bernardo finalmente de una patada lo hace y deja un boquete.Â
Su cara lo dice todo...están aterrados de verme.