¿En algún momento superamos a esa persona que nos moviliza?
Esa es la pregunta que me hago cuando pienso en Mariano. Hace una bien y millones mal. Nunca avanza, nunca termina el recorrido, nunca concreta nada, y aun así me tiene ahí, a la espera, viendo qué hago y qué no hago yo.
Hace rato que un hombre no me hacía llorar, o al menos no me afectaba tanto como para que me doliera el corazón, para sentir que el pecho se desgarra a tirones y que, al final, solo queda vacío.
No me gusta que me guste.
No me gusta sentirme pequeña.
No me gusta que, haga lo que haga, por ahora lo ame.
No me gusta que un día me desee y al otro me haga sentir un cero a la izquierda.
No me gusta que yo sea solo un momento.
No me gusta sentirme su amante.
No me gusta sentirme sucia y tonta.
No me gusta percibirme ilusa, creyendo en un tal vez que jamás llegará.
No me gusta que crea que lo voy a esperar.
No me gusta que sienta que tiene control sobre mí.
No me gusta que me lastime tanto y que yo siga dejándolo.
No me gusta sentirme vacía cuando no hablamos y que a él le dé lo mismo.
Pero tampoco me gusta que me ilusione.
Porque me hace sentir esperanzada para luego decir algo, hacer algo, y desvanecerlo todo.
Ojalá me dejes de gustar.
Ojalá encuentre a alguien que sí me quiera.
A quien amar y que me ame.