Dicen que cuando no puedes más, grites. Que el dolor sale por la boca y que después llega la calma.
Yo lo intenté.
En medio del miedo, del pánico, de sentir que mi cuerpo ya no era mÃo, grité. Pensaba que no iba a salir ningún sonido, que incluso mi voz se habÃa quedado atrapada dentro de mÃ. Pero salió.
Salió un grito que me desgarró la garganta. Un grito que parecÃa llevar años esperando.
Y después no llegó la paz.
Llegó el silencio. El dolor en la garganta. La sensación amarga de haberlo dado todo y seguir teniendo dentro aquello que me estaba rompiendo.
Entonces entendà que a veces un grito no libera. A veces solo demuestra cuánto tiempo llevabas callando.
Salvadora M.C~












