ADVERTENCIA: Este One Shot contiene descripciones gráficas sobre temas que pueden resultar repulsivos o perturbadores que podrían dañar la sensibilidad del lector.
Jeonghan salió de la habitación, la nieve cayendo se lograba visualizar a través de cada ventana en el hogar.
El silencio se quebró con el crujir de la madera bajo sus pies descalzos.
Él se agarró del barandal con fuerza, bajó un solo pie con lentitud y cerró los ojos tras bajar un segundo escalón.
Después de unos minutos, el chico logró caminar hacia la habitación debajo de las escaleras.
De su bolsillo, sacó una llave, esa que le había costado mucho conseguir la noche anterior; se dio cuenta de que explotando sus encantos —que no sabía que tenía—, se le iban permitiendo ciertas estancias de la casa.
La baja temperatura hizo que el metal se sintiera como un cubo de hielo. Él abrió la puerta.
A su alrededor se encontró con diversas especies de mariposas, enmarcadas y colgadas en secciones pequeñas. Los colores llamativos lo hicieron acercarse con cautela para investigar lo escrito en la placa metálica. Los nombres de las primeras solían ser muy difíciles de leer, luego llegó a la última de estas. Una de color azulado con motas blancas de nombre “Yoon Jeonghan ”. Su piel se erizó.
Aquella, especialmente se encontraba enmarcada dentro de un cristal muy reluciente, sin una pizca de polvo, notó que incluso su reflejo cabía perfectamente dentro.
A sus costados, tres estantes repletos de archivos, él se acercó hasta el escritorio, donde llamó su atención un par de libros que tenían por título "La evolución de las mariposas" y "Biología molecular".
El suelo de madera crujió, provocando un pequeño salto.
El corazón del pelinegro se precipitó ante la idea de que ya había llegado a casa. Se giró; encontrando nada extraño.
━━Carajo...━━exhaló. No era la primera vez que los crujidos de la vieja madera le exasperaban los nervios.
Su búsqueda continuó a través de los tres cajones restantes, cuyo contenido solo eran apuntes que no entendía y libros de ciencias.
Revisó el último; sus ojos viajaron directo a una agenda de pasta roja de nombre "Apatura iris".
Había un dibujo hecho a lápiz de una mariposa con las alas muy bien detalladas.
Esa fue la primera frase escrita que le dio la bienvenida.
«El individuo número 24 logró tolerar los receptores de ADN».
Jeonghan arqueó una ceja, tras hojear rápidamente la libreta, notando que gran parte de la mitad estaba llena.
«Todos los días, veo a la mariposa en su interior florecer.»
«Aún actúa como si fuera una desconocida... me pone muy triste que no me recuerde todo este año lleno de buenas noticias. Me gustaría contarle que llevaba dos años atrás mirándolo todos los días volver a casa.»
Los músculos de su frente se contrajeron, recordando que nunca tuvo pruebas con qué sustentar su paranoia... aún con la boca media seca, pasó un trago amargo.
«Joowon, Joowon...» Apretó los puños, recordando que tenía propósitos a los cuales le invertía tiempo, su anhelo más grande era terminar la universidad, pero apenas la sombra de esa chica se hizo presente, todo se le fue de las manos.
Siguió analizando las páginas en silencio.
Una hoja en específico, se encontraba marcada con un separador color violeta cuya historia provocó que Jeonghan retrocediera abruptamente.
Joowon corrió escaleras abajo, tras darse cuenta que olvidó poner candado en la puerta principal. El sol la sorprendió de frente, con su pijama todavía puesto, miró alrededor del patio y el bosque a unos cuantos metros.
Se movió, dándole una vuelta a su hogar.
Ni una sola respuesta. Solo el de los pájaros recibiendo la mañana. Joowon posó sus manos sobre su cabeza, entrelazando los dedos entre su cabello negro. Tenía la respiración agitada por la idea de perderlo.
Pero después de aproximarse al bosque, sus fosas nasales percibieron un aroma fétido; se adentró un poco más, siguiendo las pistas de aquel aroma putrefacto entre árboles y arbustos.
Joowon finalmente escuchó hojas moviéndose en un punto cercano. Entre más pasos daba, el olor se ponía más intenso, que la hicieron cubrirse la nariz con el antebrazo. Entre ese nulo espacio que tenía su vista, logró divisar un bulto; medio sobresaliente de un árbol.
Su insistencia por ver a Jeonghan fue más grande que avanzó hasta el final.
No hizo caso, Jeonghan estaba muy entretenido devorándose el cadáver de un ciervo... en un avanzado estado de descomposición.
El ambiente contenía el aroma espeso y diversos cuervos esperaban pacientes encima de las ramas.
El chico se detuvo tras notar la silueta femenina a unos pasos de él; con el último movimiento de su mano llevándola a su boca, fijó su mirada ahí. Un trozo de carne con un tono verdoso.
Jeonghan sintió una punzada en el pecho, Se le revolvía el estómago al ver la escena; pero... una fuerza mucho mayor a él lo obligaba a seguir ingiriendo aquel cadáver.
Joowon notó por primera vez, un brillo iridiscente sobresaliendo de la espalda masculina. Se movió unos pasos para asegurarse de lo que tenía ante su vista.
La chica formó una sonrisa de par en par.
Uno que otro rayo solar daba directo a su espalda, justo donde un par de bultos nacían entre su piel magullada; revelando un color azul-púrpura por las escamas. ¡Sublime! Al darse cuenta que esas frágiles fibras tenían un color distinto en la sombra; que era más café.
━━Hermoso, tenías mucha hambre... ━━dijo la pelinegra, juntando ambas cejas━━ Lo siento mucho.
Jeonghan dejó caer su cuerpo al suelo, aún con el sabor de la carne impregnada en su boca.
━━¿Por qué, Joowon? ━━inquirió, encontrando sus ojos— ¿Por qué me hiciste esto?
Ella logró ver un rostro deformado, horrorizado en los ojos de ese chico, quien todavía yacía sobre el suelo.
━━Eres muy hermoso Hannie. Fuiste tú porque yo te elegí.
Una fuerte agitación abrazó el pecho de Joowon.
El azabache llevó su mano directo a la boca. Ese asqueroso recuerdo pasó frente a sus ojos igual que aquel día.
«Mi criatura estaba bella ante la luz del Sol, como un hada del bosque, me mostró la belleza de sus alas mientras masticaba aquel ciervo podrido. Dios mío, no pude ante su aspecto roto y decadente.»
Jeonghan cerró la libreta, con fuerza.
Sus hombros se sintieron pesados, más de lo que ya eran. Pese a todos esos nefastos recuerdos, él tenía muy en claro una cosa: se moría de hambre, y eso no precisamente lo tranquilizaba.
Vio el reloj en la pared, 3:53 pm. Decidió regresar las cosas a su lugar, prestando totalmente atención a los detalles. Volvió a su recámara.
Esperó sobre la cama y encendió las luces ultravioletas, removiéndose entre las sábanas afelpadas. Se observó las manos, las venas se tornaron blancas, como si fueran varas de neón.
El ruido de la puerta principal sonó por toda la casa seguido de cosas moviéndose. Jeonghan contó cada uno de los pasos de Joowon subiendo las escaleras.
Este se volvió, tomó fuerza de voluntad para recibirla con una sonrisa leve. La chica caminó hasta él para apretarlo en sus brazos, esa vez con más fuerza.
━━Me lastimas, Joowon. ━━dijo apenas con un hilo de voz.
El abrazo no se aflojó, la chica notó los huesos de su cintura remarcándose sobre la piel pálida de Jeonghan.
La idea de él con los huesos completamente rotos por un abrazo, asaltó su cabeza.
━━Lo siento, ya sabes que te quiero mucho.
━━Yo también, Joowon. ━━Su saliva se volvió amarga.
━━Traje tu almuerzo. En cuanto la calefacción haga su trabajo, ya podrás bajar.
Jeonghan observó a la chica, que limpiaba las cosas utilizadas en el almuerzo. El sonido de la chimenea y el de los platos se oían por la estancia, Joowon mantenía una sonrisa completa mientras fregaba unos platos.
Las barras de luz ultravioletas iluminaban débilmente el comedor.
Él se levantó, se fue acercando a ella hasta ver cómo su sombra le rebasó la estatura. Se veía tan... inofensiva, como si no fuera la misma chica que le cerraba todas las puertas bajo llave. A pesar de su apariencia, había logrado mover las piezas a su antojo y él simplemente se quedó mirando todo este tiempo.
Las tibias manos masculinas se posaron sobre la cintura de Joowon, quien se giró, encontrando el rostro inerte de este.
Aspiró con fuerza el aroma neutro del chico, tenía los labios a poca distancia. Notó la calidez de su aliento.
━━¿De verdad me quieres? ━━le preguntó él.
Ella liberó algo de aire, destensó los hombros y se secó las manos mojadas en la ropa. Giró sobre sus talones para poder verlo mejor, y con una sonrisa, le respondió:
━━Sí. ¿Todavía no estás seguro?
Jeonghan pasó la mano derecha detrás de ella, encontrando un mango firme de metal; un cubierto recién lavado.
Se agachó un poco a su altura y la besó.
Un escalofrío se expandió por su columna; ansiosa por grabarse todo a detalle para poder documentarlo en su libreta, esa quien había estado presente en los momentos más importantes para ella.
La cálida boca de Jeonghan, sus caricias temblorosas y las fuertes ganas de apretujarlo fueron proyectadas en un fuerte apretón en la camisa del chico, arrugando la tela en sus manos.
Jeonghan no podía respirar, tan solo sentir el aroma dulce de Joowon le provocaba soltar todo el aire de una bocanada.
Le repartía caricias erráticas hasta que el cuerpo ajeno se volvió dócil.
━━¿Y por qué sigues dejándome encerrado aquí?
━━Es que te necesito. ━━ella pegó sus labios a la mejilla del chico.
«Por favor Joowon, tienes una oportunidad.»
━━Estoy dispuesta a darte todo... ━━Jeonghan suavizó un poco el brazo.━━ menos tu libertad.
Él apretó la cintura de Joowon, notando cómo ella misma se ponía de puntillas, luego llevó una mano sobre su mejilla, la cual se dejó acunar el rostro entre caricias. Como un felino frotándose por primera vez, dejando al descubierto sus partes más vulnerables.
Una corriente se avivó en sus manos, recuperando la compostura que habitaba en su interior.
Pensó que, por primera vez, sería infiel a sus principios morales como ser humano; pero Joowon se encargó de cruzar todas las líneas existentes para borrar todo rostro de él. ¿Qué le quedaba ahora? Le abrió la puerta a sus puros instintos.
Suspiró y luego, empuñó el cubierto.
Subió el filo por el cuello de Joowon, cruzando la piel, como él cruzaba sus propios límites. Gotas calientes salpicaron el rostro de Jeonghan.
Después escuchó el sonido del hueso de su muñeca, igual que un cascarón partiéndose.
Se aferró a él, sosteniendo el brazo de Jeonghan, débil pero insistente.
Él notó un brillo intenso en su mirar, como el fuego apagándose de la chimenea.
Retrocedió lo suficiente de la pelinegra, quien con la boca ligeramente abierta, apretaba las heridas.
Tenía los ojos húmedos pero ninguna lágrima cayó, se mantenían sobre el borde, estancadas, mientras
la sangre abría un camino por su garganta y pecho, asemejándose a una cascada totalmente negra por las luces violetas.
━━Pensé que... entendías que el hecho de ser mío... significa tenerte dentro de un frasco.
Él sostuvo su muñeca, aún sin soltar el objeto filoso, en caso de requerirlo nuevamente.
Un profundo dolor iba expandiéndose de su extremidad hasta el pecho, y su corazón errático por la adrenalina fluyendo por su sistema, provocando que el par de alas tras su espalda se tiñeran de un púrpura profundo.
Ella cayó sobre sus rodillas. Todavía su cuerpo tratando de incorporarse y resbalando con su sangre en el intento.
━━¿Quién te hizo- más perfecto si no yo? ━━sonrió a medias—mírate, ¿quién más podrá cuidarte si no lo hago yo?
━━No te necesito y yo ya no soy de tu propiedad. Es tu culpa por pensar que sí.
━━Yo soy... tu creadora... por lo tanto, eres mío. Y... nunca estás agradecido conmigo.
Su cuerpo temblaba en el piso, pero nada de eso le impedía sonreír.
Ni siquiera su propia madre llegó a ser tan posesiva, ella, quien realmente le había dado la vida... no Joowon.
Jeonghan se dio la vuelta, dispuesto a abandonarla en medio de la nada. Aún sin conocer con certeza en qué parte del mundo se encontraba.
━━Lo que hiciste... no tiene remedio, Yoon Jeonghan. Pero aún así... mi cuerpo descompuesto te servirá de alimento y yo... me conformo con eso.
El piquete en el corazón tomó desprevenido al chico; titubeó ante la verdad en su comentario, imaginándose por un instante devorando el cadáver de Joowon con destreza, y saboreó por accidente, el aroma de su sangre esparcida. Tembló en su andar, pero se obligó a sí mismo a seguir su camino..
Cuando tomó el pomo de la puerta, escuchó una risa ahogada desde la cocina.
━━Podrás irte Hannie... pero a donde sea que vayas, yo estaré ahí.
Joowon vio a su preciada mariposa saliendo del frasco.
La vida en los ojos de Joowon se vació, en medio del charco de sangre creciendo. Pero él no miró atrás.
El viento lo acogió después de cruzar la puerta, se le erizó la piel y persistió mientras se alejaba lentamente de la casa. El camino cubierto de nieve le hacía poner más fuerza para arrastrar los pies.
Tanteó alrededor, con la esperanza de encontrar a alguien... aunque bien sabía que nunca vio a nadie en todo ese tiempo cautivo. Joowon pareció llevárselo hasta el rincón más desolado de la tierra.
Las lágrimas en sus pómulos se cristalizaron; aceptando que saliera o no de allí... las cosas no serían igual. Joowon se había encargado de intervenir en su vida irremediablemente.
El cuerpo tembloroso de Jeonghan se detuvo, la casa ya parecía una mancha a la lejanía. Sus pasos eran erráticos, el cuerpo le suponía más pesado de lo que debía. Sus brazos, piernas, cadera, cuello, poco a poco dejaron de sentirse flexibles para continuar.
La nieve seguía cayendo sobre él, le cubrió el pelo y las pestañas, no pudo mover sus manos para quitar los copos de nieve.
Flaqueó sobre la superficie gélida, sintiéndose cada segundo más rígido para temblar. La saliva se secaba en su boca y todo empezaba a verse borroso.
Unas gotas rojas se mezclaron con la nieve, la calidez venía de su nariz.
Vio al frente, aún quedaba un vasto camino por recorrer y él no había llegado ni a la mitad. Pero más que nada, tenía la tranquilidad de pasar su último aliento huyendo, y no preso y dado por vencido el resto de sus días.
Diez minutos después, tirado entre la nieve abrazadora, sus huesos se cristalizaron completamente; las frágiles escamas, irreparables. Pero en medio de lo caótico; una crisálida florecía a lo largo de sus extremidades como un brillante baño de oro y consigo la fuerza para pronunciar una cosa.
La mariposa Apatura iris (tornasolada) a diferencia de la mayoría de las mariposas, rechaza las flores. Se alimenta de animales muertos, sudor o sangre para obtener minerales. No obstante, se le conoce cariñosamente como "Su Majestad", entre otras porque su nombre común en inglés es "emperador púrpura".