La Gran Pelea de Kaulitz&Kaulitz, un análisis. Parte 3/16
Esta es la parte TRES de este análisis de lo ocurrido en la boda de Georg y Susi. En las dos primeras entregas hablamos de Bill y sus antecedentes y luego de Tom.
Te invito a leer la parte 2/16 aquí:
PARTE 2
En esta tercera entrega hablaremos del tercer ente que existe gracias a estos dos: Los Gemelos.
Muchos hermanos gemelos comparten este tipo de experiencia: tener una conexión tan profunda con el otro que se sincronizan y actúan más como un todo que como un par de individuos. Bill y Tom pueden ser muy diferentes y al mismo tiempo impresionantemente parecidos. La dinámica que tienen les permite complementarse como una sola persona fluyendo en el espacio. Al mismo tiempo, los convierte en una bomba de tiempo cuando sus diferencias los vuelven incompatibles.
DISCLAIMER: yo tengo conocimientos para hacer análisis de casos clínicos de psicología pero este no es el caso. Aunque uso mis conocimientos solo es a un nivel bastante superficial ya que solo se incluye información que se conoce de manera pública. No es en absoluto un intento por diagnosticar a los Kaulitz, todo esto es con fines de entretenimiento y quizás incluso educación.
Bill y Tom son gemelos con una relación bastante simbiótica y codependiente, han vivido prácticamente toda su vida a la par, se influyen uno al otro emocionalmente con facilidad y biológicamente se retroalimentan (Tom lo menciona en K&K3).
Enfoque en la supervivencia: debido a su historia de vida, Bill y Tom son personas muy enfocadas en la necesidad de superar la adversidad y demostrar que pueden hacer lo que se propongan: son competitivos, tratan de vencer los obstáculos y llegar siempre al siguiente nivel, esto no solo con la idea de superarse sino de protegerse del peligro y sobrevivir.
Tienen roles muy marcados en su dinámica: Bill es la “diva”, talentoso por naturaleza, exigente, voluble, difícil de complacer, ávido de atenciones y afecto, desconectado del mundo real. Tom es el “ancla”, enfocado en lo técnico y lo práctico, en solucionar, más tranquilo, ecuánime y estable, sin interés por ser el centro de atención, constantemente en busca de la seguridad y el bienestar.
El tema de las parejas ha sido un punto de contención en el pasado, pues a ambos históricamente les ha costado aceptar e integrar a su dinámica a la pareja del otro.
Actualmente la búsqueda de Bill por tener pareja genera un mayor conflicto debido a que Bill siente que se está quedando atrás, lo que agudiza su malestar, y las parejas que ha encontrado son personas que al parecer de su gemelo solo buscan aprovecharse de él, lo cual hace continuamente enfadar a Tom.
Cuando trabajan juntos son invencibles, “no cambies a un equipo ganador”, como dice Bill, y esto les ha funcionado por años porque trabajan de manera complementaria: Bill aporta el talento natural, la emoción, la energía y la imagen, Tom aporta las bases técnicas, la logística, el orden y el realismo. Bill es el corazón que dicta el ritmo de la vida con sus latidos, Tom es el conjunto de órganos que le da soporte para que funcione.
Cuando no están en conflicto se entienden mutuamente a un nivel espiritual muy profundo: la armonía y la paz que pueden encontrar solo compartiendo un rato en compañía del otro es inmensa.
Bill y Tom comparten, como hermanos, un amor incondicional que los lleva a perdonarse mutuamente a pesar de que el conflicto escale o de tocar un fondo más bajo que el anterior.
Son muy ambiciosos y se empujan mutuamente a lograr las metas que se proponen.
Es muy probable que en su relación encuentren todo aquello que buscan en el exterior también. Muchas canciones de Tokio Hotel tienen estas temáticas, que probablemente se originaron en su propia relación de gemelos:
-Amor: alguien me ama como soy sin condiciones.
-Protección: alguien me cubre del peligro.
-Apoyo constante: no estoy solo en la vida, podemos hacerlo todo.
-Seguridad: tengo un hogar a dónde volver, alguien me va a cuidar.
-Pertenencia: somos uno, pertenezco a él y él a mi.
-Identidad: si todo lo demás falla, soy él, y él es yo.
Les es relativamente fácil regresar al estado base; como sus vidas están tan conectadas, y les cuesta concebir la existencia sin el otro, pasar demasiado tiempo peleados es difícil. Eventualmente se acercan y buscan la armonía de nuevo.
Su simbiosis le da propósito a sus vidas; sirven como motor uno del otro, se acompañan, se inspiran y por lo mismo, procuran activamente que sus problemas no los sobrepasen.
Su relación carece de límites claros, suelen hablar en plural porque dan por hecho que comparten una vida.
Esto hace que en ocasiones les sea difícil marcar la línea de cuánto puede influir el otro en sus decisiones, de qué manera afectará al otro un conflicto propio, o hasta qué punto pueden asumir que el otro apoyará sus decisiones o los mantendrá a salvo; es posible que naveguen la división entre lo fraternal y lo simbiótico de manera inestable. Tom no sabe hasta dónde puede realmente intervenir en la vida de Bill. Bill no sabe hasta qué punto puede exigir que el amor de Tom sea incondicional.
Pueden tener expectatvias demasiado altas uno del otro precisamente porque están acostumbrados a proveerse todo lo que está a su alcance.
La relación tan simbiótica que tienen hace que los conflictos escalen con mucha facilidad. En este conflicto en específico, Tom ve a una parte de sí mismo desmoronarse, y Bill ve a una parte de sí mismo traicionarlo.
Les es fácil integrar situaciones pasadas al presente: Bill tiene la sensación acumulada con los años de que Tom lo desaprueba y no lo apoya en sus intereses románticos, Tom tiene interiorizado que haga lo que haga, Bill de todas formas hará lo que quiera y al final él quedará como “el villano”.
De nuevo, por su relación simbiótica, se activa una especie de burbuja social a su alrededor; no importa que haya más personas presentes, el conflicto se desata con la fuerza necesaria, sin barreras.
Prefieren esconder los problemas bajo la alfombra, fingir que nada pasó, y continuar a pesar de todo por que si admiten que están equivocados o que han hecho algo mal, se arriesgan a perder el vínculo que los une y la fantasía de superioridad que los motiva a salir adelante.
No aprenden de sus errores porque no hacen un esfuerzo real por cambiar las cosas. Cuando el conflicto se enfría tratan de actuar como si nada, pero no conversan de forma significativa ni se piden disculpas. Hay reconciliación pero no hay nada que garantice que no volverá a pasar.
Sus reacciones ante los problemas son diametralmente opuestas, y esto aumenta la tensión: al ver un peligro Tom se vuelve controlador, busca imponer sus condiciones y mandar bajo el pretexto de proteger a Bill. Bill busca confrontar al mundo y arriesgarse a todo porque lo disfruta, así que en cambio ve la protección de Tom como restricción, lo cual a su vez choca de frente con su deseo de ser amado de manera incondicional: “si me contradices o me restringes es porque me desapruebas y no me quieres ver libre, por lo tanto no me amas y eventualmente me dejarás solo.”
Los roles que ambos tienen interiorizados ya en su relación se agudizan y se llevan a un extremo negativo: a ojos de Tom, Bill se convierte en un tirano egoísta y descontrolado, a ojos de Bill, Tom se convierte en un dictador a quien le importa todo menos él y su corazón roto.
En lugar de ser los roles que han mantenido a flote su dinámica por años, se convierten en el verdadero problema pues una vez que etiquetan al otro de una forma negativa o despreciativa, quitarle la etiqueta es muy complicado.
Las etiquetas despreciativas funcionan así: ellos suelen minimizarse uno al otro a modo de broma, pero estas minimizaciones se agudizan y se vuelven más agresivas cuando pelean. Tom etiqueta a Bill como egoísta, superficial, poco inteligente e inmaduro. Bill suele etiquetar a Tom como cobarde, insensible, inseguro y poco genuino.
Debido a su relación simbiótica, ambos tienen la posibilidad (y la aprovechan) de darle al otro donde más le duele, pues conocen sus debilidades: Bill acusa a Tom de insensible y de no apoyarlo (lo cual minimiza el papel protector de Tom por fallarle), Tom le recalca a Bill que en gran medida es él quien provoca sus propios problemas (bajando a Bill de su pedestal de grandeza al recordarle sus errores).
Con Tom, Bill nunca cede ni admite sus errores, puede llegar a sentirse mal pero no pide perdón; bajarse del pedestal es imposible, y no dejará que alguien más lo haga por él. Es posible que doble sus defensas y se muestre más difícil en el siguiente conflicto.
Tom por su parte, cede en el conflicto pero no da su brazo a torcer. Incluso si sabe que Bill quiere escuchar aprobación, no se la dará si no quiere hacerlo, aunque sepa que lo está lastimando.
Una vez que comienza el conflicto parece imposible de resolver: Bill se enoja y hace reclamos, Tom se deja arrastrar, ninguna explicación satisface a Bill, Tom termina perdiendo la paciencia, ambos levantan la voz y la situación se vuelve insostenible.
Si Tom cede, la dinámica se reafirma, garantizando que vuelva a ocurrir en el futuro. Por otro lado si sigue peleando, solo se pone a sí mismo más y más en el papel de villano, reafirmando el rol de víctima de Bill.
Al final, lo que ellos quieren evitar es perder el vínculo, pero lo conservan de la forma en que mejor entienden: Bill, aferrándose y demandando afecto, atención y aprobación, es decir, necesita la confirmación real de que es querido y aceptado. Tom, haciendo control de daños y cediendo, es decir, necesita asegurarse de que la otra persona está bien y de que el conflicto no crecerá aún más, aún a costa de no resolverlo realmente.
Nadie gana, el conflicto se olvida, hay una reconciliación y la vida sigue… ¿pero a qué costo?
En la siguiente entrega hablaremos de un personaje que bien pudo haber sido puesta ahí por conservar la línea narrativa del reality pero que, de ser verdadera su intervención, quizás no ayudó mucho realmente a resolver el conflicto: LA COACH DE VIDA.
Puedes leer la siguiente parte aquí.