Uno de los obstáculos más habituales a la hora de establecer relaciones de pareja sanas y comprometidas son todas las defensas psicológicas que alzamos para evitar el amor, la intimidad, la implicación en una relación y el compromiso. El número de personas que experimentan filofobia, fobia al compromiso y a la intimidad, ha crecido de manera alarmante en los últimos años.
Algunas de las señales que pueden darnos pistas de que somos afectados por esta fobia, ya sea en primera persona o como parejas de filofóbicos son:
No estar emocionalmente disponible.
La persona desaparece de repente, corta la relación de manera brusca y repentina alegando motivos incoherentes que dejan en un estado de confusión a su pareja.
Síntomas de ansiedad: dudas recurrentes sobre la relación, rumiación, sensaciones en el pecho, falta de aire, impulsividad, cambios de humor bruscos, sudoración, taquicardia, evitación de la intimidad física y emocional...
Historial de relaciones pasadas cortas y con poca implicación, muchos fracasos sentimentales, relaciones imposibles (con personas casadas, a distancia, con grandes diferencias e incompatibilidades...), separaciones difíciles o traumáticas, vínculos traumáticos en su infancia con sus padres, en la escuela, etc.
La persona con filofobia sobrevalora la libertad y la independencia, tiene miedo a perder su libertad e identidad cuando está en una relación y, en cambio, infravalora las cosas positivas que puede estar viviendo en su relación actual.
Buscan defectos en la pareja para justificar la ruptura de la relación, pasan de forma brusca de ser muy cálidos y amorosos a mostrarse fríos y distantes sin motivo justificado.
La filofobia, si no se trabaja en terapia, daña mucho la autoestima de la persona, la puede dejar aislada y también ocasiona mucho daño emocional a las parejas.