is it casual now?
donde cloud strife no puede evitar buscarte bajo las sábanas
lectora mujer x cloud strife
⟢ 1,6K palabras
⟢ es mi primera vez haciendo esto, espero que os guste
⟢ slow-burn, muy lento, suave y un poco doméstico
⟢ cloud inspirado en el FFVII 1997, casi final del juego
El aire trajo consigo un oxígeno frívolo y congelado. Las cuatro paredes de hormigón, que permanecían sin rematar, te protegen del temporal que el invierno trae hasta las puertas del hostal. Estáis todos escondidos en un lugar perdido del Icicle Inn. Por lo que parece, el albino de ojos gatunos os espera en la cúspide de la montaña.
Mientras te deshaces en el calor abrasador de tus sábanas, sientes que te pica la piel con una necesidad enfurecida. Era una sensación desquiciada de algo prohibido.
Hacía ya un par de semanas que el mercenario comenzaba a colarse por los huecos de tus paredes para quedarse dormido hecho pedazos a tu lado. Era extraño que una personalidad como la suya fuera capaz de buscar refugio en una chica como tú. Aunque el error aquí era que ya te habías acostumbrado a su presencia.
Eras demasiado brillante y por instantes le recordabas, como un aliento flébil y a su vez escandaloso, a Aerith. La partida de su dulce camarada trajo un vacío que era incapaz de llenarse, por mucho que un hombre se esconda detrás de un caparazón de metal inquebrantable, todo eran metáforas y solo quedaba la piel y el hueso frío contra la cama.
Cloud se convencía a sí mismo de que esto no era amor porque no sabía lo que era: ni lo que sentía. Era silencioso, incluso escurridizo como un zorro. Sin apenas dedicaros palabras durante el día, cuando es el turno de la noche… la luna se convierte en algo abrasador, aun para un cuerpo que sufre de hipotermia. La noche es una confidente que guarda secretos a quemarropa.
> ¿Cloud…?
Tu voz se hizo notar en la oscuridad, que estaba siendo reventada a cachos por la puerta abriéndose, tras la madera oscura emergen dos estrellas azules envueltas por un aro verdoso, separadas por una nariz pálida. La luz del pasillo contrastaba contra su espalda, creando una sombra con una silueta brillante alrededor. El halo de un ángel.
Te diste cuenta de que venía sin su espada.
Nunca te contestaba. Jamás admitiría que era por vergüenza. Eras la única entre aquellas paredes que no hacía tantas preguntas.
> Hace mucho frío esta noche…
Tu voz hizo eco dentro de su mente desorganizada, cosa que hace que suelte un pequeño gruñido suave pero sincero, mientras se sienta en el borde de tu cama. Lo interesante de aquello no eran sus intenciones, era como, a pesar de que duermas en una cama individual, era capaz de hacerse hueco entre aquellas sábanas diminutas.
Demostraba lo mucho que necesitaba ese roce, lo mucho que atesoraba aquel secreto nocturno. Demostraba lo mucho que te necesitaba, a ti.
Con los dientes, Cloud se quita el guante de cuero que cubre su mano y la deja caer delante de ti. El guante se reúne con el suelo. Vuestras manos casi se rozan de una forma silenciosa sobre la tela, que permanecía fría por fuera. Sus dedos parecen temblar sin querer admitir que cogerte la mano era un deseo que invocaba un fervor dentro de su pecho apelmazado y dolido. Están a centímetros de chocarse. Su dedo índice quiere rozar tu pulgar, justo donde se une el hueso que tuerce.
> Ven… anda…
Musitas, intentando no proyectar tu voz más alto de lo necesario. Cloud era como un pequeño pájaro que al escuchar el crujir de una hoja salía corriendo. Cloud no quería admitir que tu roce calmaba la tormenta creciente dentro de su caja torácica.
Dijo tu nombre. Salió de sus labios con tanta naturalidad que daba la ilusión de que lo decía todos los días; pero no es así.
Lo esconde en sus cuerdas vocales porque siempre suena como una confesión.
> ¿Duele?
Pregunta su voz, aquella cuestión rueda imperdonable en el interior de tu cabeza. Si hablaba del dolor que siente tu corazón cuando el sol se posa y él desaparece por la puerta… pues sí, duele. Sin embargo, esas palabras no podían escapar de ti porque romperían las cuatro paredes que os protegían de la tormenta nevada.
> Más me duele que sufras.
Concluyes rompiendo la distancia, tu pulgar alcanza finalmente su mano temblorosa y acaricias la punta de su dedo índice, hincando con ternura contra su uña antes de rozar la base de su falange. Su uña se clavó en la yema de tu dedo como un recordatorio, un recordatorio de que esto era real. Puro masoquismo.
Su amor intermitente bastaba, porque él no sabía amar de otra forma.
Cuando lo viste entrar te sentaste de inmediato. Tu mano izquierda escapó de las sábanas porque algo de ti sabía que esta sería la posición que acabaríais compartiendo: él sentado a tu lado, estirando su mano buscando la tuya.
Eras consciente de que vuestros intercambios eran débiles. Nunca os cogíais de la mano porque sería demasiado para un encuentro casual. Sería demasiado sentimiento para un secreto ahogado entre dos voces escondidas.
No obstante, este encuentro fue algo mucho más profundo de lo esperado. Para ambos.
La mano de Cloud emite un respingo natural al sentir el calor de tu piel, que hacía apenas minutos estaba abrazada por las cálidas sábanas. Sus manos están tan frías como la muerte, sabía que te percatarías de eso. Traga saliva mientras observa las estrellas a través de la ventana. Le aterra pensar que la vulnerabilidad lo destruya.
Tímido acerca su mano, dada la vuelta, sin echarte ni una mirada. Tus ojos se abren con una suavidad devastadora. Tus pupilas se dilatan como un eclipse, en pocas ocasiones se dejaba querer de esta manera. La curiosidad del mercenario actuaba como la espuma residual de una ola en la playa. Rompe y vuelve a esconderse.
Así era Cloud Strife.
Tragas saliva, con un cuidado minucioso trazas las rayas en su palma con dos dedos: índice y corazón. Acaricias su piel, sus callos de mercenario. Te percatas de la suavidad que esconde su piel gruesa, pálida y escondida.
El roce transforma la espina dorsal del EXSOLDADO en un río desbocado. Los pelos en punta.
> Cloud…
Un suspiro se escapa de ti. Fue casi involuntario. Cubriste su mano con tus dedos. Entrelazaste las dos, creando un nudo de marinero, como aquellos que afianzan los barcos en la orilla, cogidos por una mísera estaca de madera. Te recuerda lo sutil que puede llegar a ser lo romántico, lo cálido, lo ardiente.
> No digas nada…
“O me arrepentiré” es lo que piensa el EXSOLDADO, mientras deja la palma de su mano existir junto al calor de la tuya. Egoísta. Cierra los ojos y rendido los asoma por encima de su hombro para observarte. Tus ojos también brillan atrapados por la luz que se extiende con timidez por la ventana. Parecía que tuviera miedo de entrometerse entre el instante que compartíais. Cloud todavía no se atreve a abrazar tus dedos del todo.
Con un suspiro te haces a un lado en la cama, por lo que ahora le sostienes la mano por encima de la sábana, creando un puente colgante. Quieres reírte, se hace el duro pero no puede soltarte la mano, que ahora cuelga en el aire. Le invitas a esconderse dentro de tus sábanas. No abraza tu mano con la suya pero tampoco la suelta.
Casi a regañadientes acerca su cuerpo hacia el tuyo. Se niega a mirar el espectáculo de vuestras manos. Lo rompe justo antes de levantar la sábana que cubre tu cuerpo para hacerse paso dentro de tu mundo oculto. Sueltas un pequeño suspiro antes de cubrirle el hombro con la tela, ahora que ya se tumba a tu lado no dudas en hacerle compañía. Apoyas la cabeza en la almohada y le miras.
Sus ojos son un mar abierto con estrellas fugaces. Sus pestañas son largas y rubias, cosa que siempre habías envidiado. Pestañea tan lento que te da la sensación de estar fotografiando cada detalle en la piel que cubre tu rostro. Tus mejillas arden, sin saber cómo sostener la atención del mercenario. Su mirada es amenazante, es como si estuviera intentando callar cada detalle, ignorar como el azul se le convierte en un negro opaco por el dilatar de su pupila, ignorar como su iris es devorada por la intensidad brutal que os rodea.
Lo acercas a ti, poco a poco, cubriendo su nuca con tu mano. Sus ojos se abren, sorprendidos, y eres capaz de ver un carmín atrapar su oreja. El calor de su sonrojo contagia el tuyo, sabes de sobra que estás rompiendo las reglas no escritas de aquella atmósfera. Esto ya no era casual.
Lo atraes hacia tu pecho, donde él, con una respiración héctica, respira tu aroma indecente. Hunde su rostro contra tu pecho y suspira. No podía huir de ninguna forma.
> Cloud… buenas noches…
Murmuras mientras acaricias las hebras traviesas de su pelo en punta. El rubio parece temblar bajo tu sombra. Incapaz de tolerar la intensidad, rodea tu cintura con un brazo. Te atrae y te inhala. Sus cejas se fruncen y gruñe. Débil.
> Joder…
Susurra Cloud entre el hueco de tu camiseta, deseando que no lo hubieras escuchado, justo encima de tus clavículas. Estas se excitan por segundos antes de ceder, su nariz acaricia el borde de tus huesos. Su voz se pierde por completo, convirtiéndose en un eco inalcanzable. Le escuchaste soltar aquel reproche, un nudo se forma en la superficie de tu garganta.
Por mucha saliva que tragues te sigues ahogando.
Tu mano camina a través de su cuello y una vez conforme, busca su hombro. Tu pulgar traza círculos encima del hombro descubierto, con intención tranquilizante. Su piel era pálida, si te fijas lo suficiente puedes distinguir pecas tenues. Pese a que la iluminación era mínima, la piel de Cloud era tan pálida que parecía una antorcha. Iluminaba todo con sus dos ojos y la presencia de su piel.
Te diste cuenta de que su cuerpo comenzaba a pesar por la forma en la que dejaba caer su brazo alrededor de tu cintura. Sus dedos se deslizaron con suavidad, ya no protegían la parte baja de tu espalda. Una caricia oculta. Un peso muerto contra tu pecho. Cloud se había quedado dormido.
En tu pecho recuerdas que Cloud es un humano más, a pesar de que se esfuerce por demostrar lo contrario, está roto escondido en tu pecho.











