Carta a mi niña
A mi niña interior, la que ríe, juega, canta y danza en mi corazón. Te agradezco tu hermosa sonrisa, tu enorme fe y esperanza en el futuro. Te agradezco tu ternura, humildad, tu búsqueda de calor y risas. Te pido soltar tus preocupaciones y reconocer que llevas al mundo entero en tu corazón. Te pido soltar tus exigencias. Te pido ser muy feliz en mi corazón.
A mi niña nunca le faltó un abrazo por las mañanas, ni por las noches una luz cálida y un beso en la frente. A mi niña nunca le faltó un consejo o una explicación sobre su cuerpo, ella amó sus cambios y comprendió la evolución de lo femenino. A mi niña nunca le faltó un amigo para jugar, siempre tuvimos planes, actividades y viajes para disfrutar los días. A mi niña le encantaba ir a fiestas porque sabía que podía ser ella misma y que, con un solo mensaje, yo estaría a su lado. A mi niña le encantaba festejar la vida, podía ser vista por el mundo y sabía que estaría a salvo porque entendía que era una gran persona y que los demás podían ver la luz que sabía que llevaba dentro. A mi niña la peino, la visto, la escucho, la aconsejo, la protejo y la acompaño.
Soy madre de la niña de mis recuerdos, a quien acompañó al cerrar mis ojos, y juntas vivimos una historia diferente. Una primera menstruación acompañada, festividades divertidas, clases de belleza, nutrición y psicoaccompañamiento los veranos. Nos arreglamos juntas para cada fiesta, con días de salón de belleza, paseos los fines de semana y viajes en fechas festivas. Unas mañanas para ir a la escuela amorosas, clases de música por la tarde, llevarla a cada fiesta y tener un horario de llegada, escuchar qué pasa con sus amigas, aconsejar seguir su corazón y no tener novio hasta que su corazón esté decidido. Abrazos por las noches y pláticas largas por las cenas, abrazarla muy fuerte y darle la seguridad para salir de situaciones peligrosas. Hacerla sentir segura. Conocer a su pareja e intervenir cuando la situación esté mal, hablar con la familia del abusador y llevarla lejos un tiempo para que su alma descanse. Escuchar sus necesidades académicas y deseos universitarios, acompañar sus deseos estéticos con equipo profesional, dar clases de nutrición desde la cocina, acomodar su ropa y decidir cuándo necesita nuevos zapatos y accesorios.
Aún sigo aprendiendo a cuidar a mi niña.



















