Oías los murmullos, los silencios, los grandes estruendos, explosiones, tú, pero tu pañuelo que dormía seguía sin decir adiós a nada. Oyendo en la penumbra los corales, oyendo en la penumbra las bielas, oyendo en la penumbra las penumbras, oyendo en la penumbra las acacias, tu pañuelo, un Edipo, un dios y un asa en el ayer te anclaba, tan quietísimo. ¡Ay!, con qué adiós de mármol en su lienzo.
"El pañuelo", Francisco Pino.

















