Influirte a ti mismo
Buenas, gracias por asistir a esta fogata.
Hablando con una amiga hoy y de cómo van nuestras terapias, qué estamos experimentando, qué hemos hablado y tocado, qué hemos postergado o evadido, cómo nos hemos sentido en los procesos, cuáles son nuestras técnicas de surfeo y en dónde nos encontramos ahora; voy a tocar uno de los tanto puntos en los que coincidimos: la influencia.
No de la influencia en redes sociales, la influencia en la vida real.
¿Qué es aquello que has notado que por tu forma de ser, de actuar, de hablar o tan solo de escuchar ha influído en los demás?
Sí, piénsalo un buen ratito.
¿Pudiste visualizar un poquito? ¿O mucho?
Si te cuesta, puedes preguntarle a diferentes personas o prestar atención a las interacciones con los demás.
Aquí voy.
Pasamos mucho tiempo dejando que lo externo nos influya, nos ajuste a patrones, nos modifique, nos aconseje, nos convenza de distintas realidades o forma de pensar. No está mal, porque eso nos hace ser quiénes somos o creemos que somos. La cosa es que no paramos a pensar cuál es nuestra esencia y qué es lo que yo estoy influyendo en los demás.
El poder pensar en eso, ayuda a auto influirnos, digamos así.
Supón que tienes una escucha atenta con tus semejantes y los motivas, aconsejas y les brindas amor y servicio. Pero, ¿te haces lo mismo a ti? ¿O no te escuchas, te juzgas, te tiras abajo, te comparas y no te amas? Sí, algo extremista lo último, pero suele suceder.
Hoy no quiero compartir experiencias, solo invitarte a que te hagas amigo de ti mismo; que cuando te cruces contigo, te saludes; que cuando estés triste, te abraces; que cuando estés caído, te ayudes a levantar; que cuando estés cansado, te des tu tiempo; que te hables, te escuches; que cuando escuches tus buenos consejos, los tomes. Sí, parece una idea algo trastornada y te lo vas a agradecer.















