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#Repost @monicabellucciofficiel • • • • • • ❤️In Cannes with @antoniobanderasoficial. I just saw this great movie of Pedro Almodovar « Dolor Y Gloria. » Thank You Pedro 👏,Penelope Cruz @penelopecruzoficial , Antonio Banderas and all the other actors for this magical and intense moment. #monicabelluci#antoniobanderas#cannes#greatmovie#dolorygloria#pedroalmodovar#excellent#director#greatactors#penelopecruz#bravo#allofyou (em Iguape, São Paulo, Brasil) https://www.instagram.com/p/BzoFAF7HTnzgmgUZs8Ok2wuRHLYIs2_smhSlFA0/?igshid=ptt6rs1ugsw0
Waiting in line at #cannesfilmfestival for the #redcarpet premiere of #DolorYGloria by #PedroAlmodovar https://www.instagram.com/p/BxkgTXKBXoS/?igshid=igugzw11pbmv
Absolutamente emocionante. @antoniobanderasoficial sublime. Las miradas de los actores y la interpretación llegan al alma. Imprescindible #dolorygloria #cine🎬 #pedroalmodovar #almodovar #peliculas #beardedlife #beardedlifestyle #cinema #soybarbudo #film#eldeseo #cine #lifestyle (en CC ZonaEste) https://www.instagram.com/antonio_rueda/p/Bvc1a_bnHBx/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=1fq3gk02srojj

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Antonio Banderas. Dibujo con lápiz y lápices de colores. Pencil and colored pencils. Din-A3. La imagen de referencia está tomada de la pelĂcula Dolor y gloria.
#MonsteraMonday #HableConElla #DolorYGloria https://www.instagram.com/p/CTOQX8OHb19/?utm_medium=tumblr
Dolor y gloria
Apenas recibĂ la invitaciĂłn me puse a sacar la cuenta de cuánto hacĂa que no jugaba un partido de fĂştbol. Lo recordaba porque habĂa sido un dĂa antes de que me echaran del trabajo. DespuĂ©s del partido nos habĂamos ido a un bar a festejar el cumpleaños de uno. BusquĂ© una foto de ese dĂa y parece otro mundo, otra Ă©poca. No hay barbijos, ni distancia. Estamos todos sonrientes (excepto yo que tengo un temita con eso, pero es para otra oportunidad), ignorando los sucesos por venir (tanto en lo personal como en el mundo), junto a algunos que no volvĂ a ver nunca más. Tres años y ocho meses de ese dĂa. Aproximadamente, el diez por ciento de mi vida. Los nĂşmeros, a veces, son demasiado realistas, duros, frĂos.
La misma mañana que me invitaron para mi regreso al fĂştbol tras tanta inactividad habĂa ido a correr al Parque Avellaneda y, como si fuese una premoniciĂłn, habĂa mirado las canchas vacĂas con cierta nostalgia. Como esas cosas que nunca se alcanzan. En los Ăşltimos años, para tratar de evitar el sedentarismo, me habĂa dedicado, más por necesidad que por placer, a deportes individuales y ansiaba volver a algĂşn juego colectivo. HabĂamos intentado, en varias oportunidades, armar un partido con mis amigos, pero nunca lo logramos. IntentĂ© convencerlos con que son los Ăşltimos años que nos quedan de practicarlo en forma casi digna, de poder correr un poco antes de volvernos un metegol viviente, pero no hubo caso. Ahora, esos adolescentes del menemismo, se dedican al pádel. Dicen que a medida que crecĂ©s, vas jugando con pelotas cada vez más chicas. Puede que tengan algo de razĂłn.
La invitación también me hizo acordar al último texto que escribà por acá en el que miraba desde mi ventana a uno entrenar golf en el estacionamiento del edificio de al lado en medio del aislamiento para no volverse loco, añorando volver a pisar el green, el reencuentro con el aire libre, los amigos, y yo lo envidiaba en silencio. Asà que lo tomé como mi oportunidad de acercarme a aquella idealización y confirmé.
El dĂa del partido lleguĂ© con pocas esperanzas. O, mejor dicho, con esperanzas realistas y dos simples objetivos. El primero, no lesionarme. El segundo, un gol.
Me vestĂ de gala para la ocasiĂłn con la camiseta del Napoli, con esa solemnidad casi religiosa que tenemos los futboleros de tratar de homenajear con gestos mĂnimos, silenciosos, a aquellos que nos hacen creer. (ÂżCĂłmo se va a morir el Diego? ÂżY, sobre todo, cĂłmo se va a morir solo? ÂżQuĂ© nos queda al resto? ĂŤbamos a salir mejores de esto y al final salimos más solos nomás. Y todavĂa ni siquiera salimos del todo).
La primera alarma de que quizás mis objetivos no fueran tan realistas se me prendiĂł a los pocos minutos de juego cuando, ya ahogado, notĂ© que, quizás debido a la falta de ritmo aunque posiblemente la explicaciĂłn venga más por el paso de los años, habĂa cierta dilaciĂłn, a veces de varios segundo, entre lo que mi cerebro decidĂa y la ejecuciĂłn por parte de mi cuerpo, que hacĂa que al tratar de realizar la jugada elegida la pelota ya no estuviera en mi poder. E, incluso, que ya debiera estar tomando una decisiĂłn diferente. O, al menos, bajando a defender.
La segunda fue la nociĂłn de un desajuste en la concepciĂłn de la trayectoria del balĂłn y la fuerza necesaria para dicho menester. Por ejemplo, en cierto momento, tenĂa la pelota en posiciĂłn de defensa. Uno me pica al vacĂo y lo primero que pensĂ© es: “Valoro tu confianza y creo que serĂa genial, pero no voy a poder cumplir con tus expectativas (quizás llevar la camiseta del Napoli no fue tan buena idea)”. Imagino que no pensĂ© todo eso en el momento. La velocidad de la cabeza del jugador de fĂştbol es maravillosa, un enigma para muchos. Finalmente, trasladĂ© la pelota unos metros más hasta que me salieron a marcar y en ese instante la soltĂ© con lo que creĂ un pase genial. Lateral para ellos. PodrĂa haber intentado culpar al cĂ©sped, observar sus irregularidades para señalarlas como una explicaciĂłn, pero preferĂ la dignidad: “PerdĂłn”. Y regrese cabizbajo a intentar recuperarla. Justo hacĂa unos dĂas habĂa terminado de leer La policĂa de la memoria, de Yoko Ogawa, que cuenta la historia de una isla donde las cosas (pájaros, libros, incluso partes del cuerpo, etc...) van desapareciendo y con ellos la memoria de las mismas. ÂżEstaremos viviendo alguna de esas ficciones distĂłpicas y me habrán robado la memoria procedimental relacionada con el fĂştbol? En ese caso, mucho de lo que está pasando tendrĂa algo más de sentido.
El tiempo pasaba y parecĂa que el partido iba a terminar con solo uno de los objetivos cumplidos. De a poco me iba conformando con eso (y me acercaba con mayor frecuencia a pedir arco). Sin embargo, el universo me deparaba una sorpresa. Cuando ya faltaba poco para el final, cĂłrner para nosotros. Me quedĂ© merodeando el área con ese olfato que nos caracteriza a los goleadores. El lanzador tira un centro a media altura. Yo entro hecho una tromba (si vieran el video, la velocidad parece engañosa, casi como si la tierra hubiese desacelerado su normal discurrir para presenciar la hazaña) y conecto el centro con una mezcla de pecho-panza (casi como Messi a Estudiantes. ¡Enojate si querĂ©s, VerĂłn!). Golazo. Y objetivo cumplido. Daba para gritarlo pero mantuve la cordura, el respeto por el rival. Sin contar con que estábamos tres abajo y ya no habrĂa tiempo para mucho más. Además, que el retorno al gol despuĂ©s de tanto tiempo sin jugar haya sido casi con la panza es, de alguna forma retorcida, un tipo de señal que infiero como una burla del universo. Pero, a esta altura, con la cercanĂa de una nueva dĂ©cada en la espalda, Âża quiĂ©n puede importarle?
En los dĂas siguiente mi cuerpo solo conociĂł el dolor. Sin embargo, sobrevolaba cierto aire de felicidad. Por el gol, por los objetivos cumplidos y por haber regresado, aunque sea en un nivel diferente (linda forma para evitar decir bajo) y con una derrota, al deporte más hermoso. Y, a veces, la gloria no es más que eso.