Apá no ha despertado, pero la verdad es que lleva tiempo dormido, viviendo sonámbulo en la época en la que aún trabajaba, en la que tiene un apuro por prender el pickup e irse a La Puerta, donde todavía pregunta por amá o por Elena.
Apá no ha despertado, no hay que levantarlo aún, seguro está cansado, siempre dándose baños vaqueros, saliendo a regar sus plantas para hacer sus tés mágicos, esos que nadie sabe a qué saben pero todos notamos cómo lo vuelven más fuerte.
Apá no ha despertado, se ve tranquilo, se ve chiquito, menos fuerte, parece que mientras duerme sus dolores desaparecen, pero sus ganas de seguir viviendo no se van.
Apá no ha despertado aún y la última vez que lo encontré despierto tuve que presentarme porque yo aún no existo en el tiempo en el que él sueña.
Gracias por hacer de tu casa nuestra casa, por enorgullecerte de nosotros y de nuestros padres en cada sermón después de saludarnos, gracias por ese sermón que de tanto repetirlo me lo creí.
Me estoy convirtiendo en esa doctora qué tanto decías que sería y sigo con las mismas virtudes que dices que mi papá tiene así como con la belleza de tu hija, porque tú sabías y declarabas con seguridad y tu palabra jamás tuvo duda -y eras necio de convencer de lo contrario-.
Apá no ha despertado, pero hace tiempo que no se duerme con la televisión a todo volumen, ni le ha gritado a el “monito” para pedirle papa.
Perdónanos si al estar despierto no sabíamos que estabas sonámbulo y te faltamos en ese sueño. Gracias por hacernos despertar el valor de la paciencia, del servicio y de el perdón.
Apá no ha despertado, pero ya está descansando. Te dejo descansar y te lloro en silencio para no despertarte.
Descansa en paz, se despide de ti la hija de “chonita”.
- Descansa apá, Erika Boté.