“ah, mierda,” quejido abandona sus labios, maldición impropia de quien tiene un vocabulario intachable. el rostro se le comprime y tiene que apoyarse en el muro porque siente que va a caerse. “joder, d-duele—— me duele mucho,” lo que había comenzado como un hormigueo en extremidad incompleta, crece hasta convertirse en punzadas insoportables que le provocan ganas de gritar; si no lo hace, es porque su hijo está en la habitación contigua. “¡zelda!” aunque no quiere preocuparla, aunque odia sentirse frágil y necesitar ayuda con el tema de su pierna, no le queda otra opción que llamarla. “joder, joder, joder. algo anda mal” termina deslizando el cuerpo por el muro hasta quedar en el suelo, la mandíbula tensa intentando no soltar estruendoso quejido. @zvldas
















