Don Quijote y Sancho Panza Francia 1868 HonorĂ© Daumier Francia, 1808–1879 Neue Pinakothek, Munich (Alemania) 📍Digo —respondiĂł Sancho— que confieso que no es deshonra llamar hijo de puta a nadie, cuando cae debajo del entendimiento de alabarle. (Segunda parte del ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha) Miguel de Cervantes Saavedra En este perfecto castellano se expresaba Cervantes en una de las obras más importantes de la literatura universal (la más importante para muchos, no voy a ser yo quien se oponga). Desde luego Daumier era de los que opinaban eso, y para un francĂ©s tan moderadamente chovinista como Ă©l no debĂa ser fácil reconocer semejante opiniĂłn y darle el mĂ©rito a un sucio español. AsĂ de bueno debe ser El Quijote. Como sabemos, Daumier se sentĂa muy identificado con la figura de Don Quijote: un tĂo medio pirata, un idealista que defendĂa a los oprimidos, un caballero luchando a contracorriente contra molinos de viento. Pero en vez de lanza en astillero y adarga antigua Daumier peleaba con el arte, metiendo caña a polĂticos y jueces corruptos de su Ă©poca y denunciando injusticias. Llamando hijo de puta a quien hubiera que llamarlo, y eso inclusiĂłn al rey Luis Felipe, por lo que el artista incluso fue a parar unos meses a prisiĂłn. Daumier representĂł al Caballero de la triste figura en no pocas ocasiones, a veces como exquisitos bocetos, como es este caso. Es una pintura espontánea y directa, con apenas cuatro manchas de color, básica y fresca como una buena canciĂłn punk. Una obra muy pequeña donde vemos a Don Quijote a lomos de Rocinante delgadĂsimos y esbeltos hasta la deformidad caricaturesca (tanto Cervantes como Daumier eran excelentes caricaturistas). Al fondo difuminado el fiel Sancho Panza (o es un árbol en medio del desierto?).Â



















