Los sueños extraños no eran algo inusual para ella por las noches. El de esta noche, sin embargo, no se sentía como un sueño... se sentía tan real que casi podía sentirlo ella misma. Podía ver el sufrimiento plasmado en el rostro de todos aquellos que amaba. El de Harvey. No fue capaz de soportarlo, le era físicamente imposible. Despertó agitada, con el corazón latiendo rápidamente, gotas de sudor frío sobre su frente. No pudo permanecer ahí. Cambió rápidamente su atuendo, y con su capa roja sobre los hombros para contrarrestar el frío invernal, emprendió aquel camino que tan bien conocía, con Salem a su lado. Se detuvo a la puerta del hogar Kinkle, la idea de meterse para cerciorarse del bienestar de Harvey cruzó por su mente. Pero no lo hizo. A Harvey no le gustaría. Decidió, entonces, tomar su móvil y textearle.