Raâga Blanda, las composiciones poéticas de Evola 1916-1922
Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera
Con motivo del 50 aniversario de la muerte de Julius Evola, se ha impreso un número considerable de obras del filósofo o dedicadas a él. A continuación, nos ocupamos de la colección de composiciones poéticas de Evola, Raâga Blanda, recientemente en librerías por Edizioni Mediterranee (para pedidos: 06/3235433, ordinipvdizionimediterranee.net, pp.79, euro 14,50). El libro, con un ensayo introductorio de Giorgio Calcara, se cierra con un epílogo de Giovanni Canonico, mecenas de Mediterranee, así como una breve biografía del pensador. El editor recuerda, con evidente apego emocional, su encuentro con Evola, autor que desempeñó un papel importante en la historia de la valiente editorial romana. Se detiene, en particular, en la historia de la portada del volumen que presentamos, repropuesta en esta nueva edición anastática, tal como fue diseñada y deseada por el filósofo.
Calcara, en el ensayo introductorio, presenta de forma orgánica y con acento persuasivo, el sentido y el significado de la producción poética de Evola. Se trata de un momento central en la producción artística futurista-dadaísta del tradicionalista. La primera edición de Raâga Blanda vio la luz en 1969, gracias a la extraordinaria sensibilidad editorial de Vanni Scheiwiller. La época poética de Evola, contemporánea a la pictórica, terminó de hecho hacia 1922. Sus composiciones poéticas han esperado cincuenta años para ser editados en su totalidad, gracias a la insistencia del autor en considerar esas experiencias «juveniles» como centrales en su proceso especulativo-realizador. Las composiciones de Raâga Blanda atestiguan, como afirma la Nota preparada hecha por la Fundación, «profunda unidad de un filósofo todavía capaz de pensar como artista y de un artista que [...] nunca dejó de hacer filosofía» (p. X). El término Raâga aparece por primera vez en Evola en 1920, en el poema I sogni (Sueños), incluido en Arte astratta (Arte abstracto), texto capital de la teoría abstraccionista europea. Calcara sostiene que evoca: «una presencia misteriosa que se manifiesta como expresión fónica abstracta» (p. XIV). Este lema toma forma definitiva en el poema La parole obscure, convirtiéndose en uno de los cuatro «elementales» de esta composición, Monsieur Raâga.
Este último cumple una función de grabación, transcribiendo «los mecanismos del paisaje interior activados por los tres elementales anteriores» (p. XIV), Lilian, Ngara, Hhah. Gracias al estudio de Elisabetta Valento de 1989, centrado en el epistolario que el artista-filósofo mantuvo con el dadaísta Tzara, sabemos que, ya en 1919, Evola pensaba en su libro poético, probablemente terminado a finales de 1920. El libro no vio la luz en esa coyuntura debido a los desacuerdos que surgieron con Marinetti y los futuristas y, por lo tanto, algunas de las composiciones desembocaron en el ensayo teórico Arte abstracto, un texto que, en muchos aspectos, ya era dadaísta. Franco Crispolti, distinguido crítico de arte, redescubrió el carácter crucial de la producción artística de Evola a finales de la década de 1950 y organizó una exposición de sus cuadros en la galería Claudio Bruni de Roma en 1963. Como se ha dicho, Schewiller se adhirió con entusiasmo a la propuesta de Evola, como puede verse en la correspondencia entre ambos, conservada en el Fondo Apice de la Universidad de Milán.
Para comprender el sentido de estos poemas, es necesario remitirse al significado que tenía el término râga en el budismo primitivo. Puede traducirse como «apego», «deseo» y alude a aquello que carga el espíritu, relegándolo a la mera dimensión «cósica», «sensorial». En sánscrito, esta palabra puede traducirse como «color», «mancha oscura», signo de impureza de la condición humana generadora de «sufrimiento y de la imposibilidad de alcanzar el estado final de la gran liberación» (p. XVII). El adjetivo blanda (suave) pretende, en cambio, dulcificar esa condición de estasis existencial, aludiendo a su posible superación. Los poemas de Evola, por lo tanto, tienen rasgos de: «misteriosas abstracciones verbales, describen paisajes interiores [...] que ahora cantan a terribles territorios suaves y galopes silvestres, para descender de pronto a oscuras profundidades abisales y acabar lanzados a gélidas órbitas estelares» (p. XIX). A través de la experiencia del vacío, las composiciones de Evola aluden a la superación del límite que nos caracteriza, descubriendo, alquímicamente, nuestra naturaleza divina.
La palabra poética evoliana es mantra, rebus fonológico, que libera al decir de la dimensión de la significación, es palabra mágica que tiene en sí misma el incipit vita nova, tanto respecto al yo como al mundo, como en los acordes de la perspectiva filosófica del idealismo mágico. Raâga Blanda atestigua la irrupción de lo espiritual en el arte. El arte auténtico, en efecto, es órfico, determinante de los actos, poniendo de relieve el ser siempre actuante en el principio. Para ello, la palabra debe liberarse de su relación unívoca con las cosas, pero también de su propio uso metafórico: sólo en este caso se convierte en una puerta regia abierta de par en par a lo divino. De las treinta composiciones recogidas en el volumen, ocho están tomadas del Arte Abstracto, aunque revisadas. Algunos textos son explícitamente dadaístas. Entre ellos «A» dice: Luz en el que se evoca la serpiente Ea, típica de la imaginería hermética evoliana. Los poemas del primer periodo remiten, a partir de 1916, a la fase pictórica del «idealismo sensorial»: «llama la atención [...] su recurso obsesivo a la adición de colores» (p. XXII). Esto es particularmente evidente en Bocetos. También son dignos de mención los poemas compuestos durante el periodo en que Evola participó en la Primera Guerra Mundial. En ellos: «lo que se representa es la consecuencia de la acción: el apuntar, el disparar [...] y la explosión» (p. XXII).
Cabe señalar que, transversalmente, en muchos poemas hay una evidente valorización de lo «femenino», pensemos, sobre todo, en Balada en rojo. La nueva edición de Raâga Blanda permite al lector captar plenamente el valor de la poesía de Evola, momento destacado de su trayectoria ideal y realizadora.