06.29.17
En rumbo a Valencia
“Hay una protesta en el aeropuerto.”
“Entérate porqué.”
Él ya estaba en su avión hacia Washington, DC y yo en rumbo hacia Valencia. Todavía no habían despejado por algún problema mecánico. Entre la incertidumbre y las ganas de estar todavía cerca de él, me quedé esperando hasta que despejara el avión.
<<Ni idea. En los aeropuertos no se ven protestas a menudo>> pensé. Barcelona es una ciudad bajo sus propias imaginaciones. El encanto del mar y montaña, del castellano y catalán, de lo conocido y desconocido, fueron unas cuarenta y ocho horas de tensiones claras, pero lazos profundos.
Nuestras conversaciones se plantaban más por textos electrónicos que en caricias tiernas y caminatas por el mar. Éramos amadores del camino y el camino nos separaba y unía cada cuanto le daba la gana. La protesta continuaba. Me acerqué a preguntar por qué protestaban.
“No quieren que los separen,” me contesto un señor en las orillas de la protesta.
“¿A quiénes?”
“A los del aeropuerto,” me contesto.
Era cosa de jóvenes luchando por sus derechos laborales.
“Son jóvenes que están protestando con unos silbados fuertes, son del aeropuerto,” le dije por texto.
“¿En Barcelona nos casamos?” le mandé otro texto.
Está vez no esperaba más protestas en el aeropuerto.











