3 de mayo de 1696. Los primeros colonos ingleses llegan al valle. Los Aniko les ofrecen refugio, alimento y los conocimientos necesarios para sobrevivir al duro invierno del norte de Maine. Durante varios años ambas comunidades conviven en relativa armonía.
15 de mayo de 1697. Gracias a la ayuda de los Aniko, el asentamiento consigue prosperar y el consejo de colonos proclama oficialmente la fundación de Woodforde. Desde ese momento, la fecha comienza a celebrarse como el aniversario del pueblo.
18 de agosto de 1698. Abigail Winslow, hija del boticario del asentamiento, conoce a Aneh, la anciana guía espiritual de los Aniko. Con el paso del tiempo nace una profunda amistad entre ambas y Abigail comienza a aprender las costumbres y creencias del pueblo indígena.
12 de octubre de 1704. El magistrado Nathaniel Harrow convence al consejo del asentamiento de que los Aniko representan una amenaza para el crecimiento de la colonia. Esa misma noche el campamento indígena es atacado e incendiado. Los supervivientes desaparecen sin dejar rastro.
27 de octubre de 1704. Tras descubrir lo ocurrido, Abigail intenta denunciar la masacre. Antes de conseguirlo es acusada de brujería y sometida a un juicio manipulado. Días después es ejecutada públicamente en el Claro Sagrado.
14 de febrero de 1705. Las familias fundadoras destruyen documentos, alteran registros oficiales y eliminan toda referencia a los Aniko. La historia de Abigail es transformada hasta convertirla en la leyenda de una supuesta bruja ejecutada para proteger el pueblo.
9 de septiembre de 1891. Mueren los últimos ancianos que aún conservaban relatos sobre los Aniko. Desde entonces la historia oficial de Woodforde permanece prácticamente inalterada y las antiguas tradiciones sobreviven únicamente como leyendas populares.
6 de marzo de 1973. El Ayuntamiento aprueba la ampliación de la explotación forestal hacia una zona del bosque que nunca había sido talada. El proyecto promete impulsar la economía local y generar nuevos puestos de trabajo.
24 de marzo de 1973. Los primeros equipos comienzan a abrir nuevos caminos entre el bosque. Algunos trabajadores encuentran senderos antiguos y estructuras de piedra ocultas por la vegetación, aunque el hallazgo apenas despierta interés entre las autoridades.
15 de abril de 1973. Las excavaciones sacan a la luz restos de un antiguo asentamiento. El descubrimiento queda registrado como unas simples ruinas de origen desconocido y las obras continúan sin interrupciones.
8 de mayo de 1973. Empiezan a circular comentarios entre los trabajadores del aserradero y algunos vecinos. Se habla de herramientas desaparecidas, extraños ruidos durante la noche y animales que evitan acercarse a la zona de tala. La mayoría considera que son simples supersticiones.
2 de junio de 1973. El periódico local publica una breve nota sobre las excavaciones. El Ayuntamiento insiste en que los restos carecen de importancia histórica y asegura que no existe ningún motivo para detener los trabajos.
28 de junio de 1973. Algunos habitantes afirman que determinados senderos parecen diferentes de un día para otro. Otros aseguran haber encontrado antiguas marcas grabadas en árboles centenarios. Nadie consigue ponerse de acuerdo sobre lo ocurrido y las autoridades atribuyen los rumores a la imaginación.
15 de julio de 1973. Las máquinas alcanzan una zona del bosque que no figuraba en los planos originales de la explotación. Los trabajos se detienen durante varias horas mientras ingenieros y responsables municipales inspeccionan el terreno. Nunca se hace público el motivo de aquella interrupción.
21 de julio de 1973. La vida en Woodforde continúa aparentemente igual. El aserradero sigue funcionando, la iglesia mantiene sus reuniones y el verano transcurre con normalidad. Sin embargo, cada vez son más los vecinos que hablan en voz baja sobre las excavaciones y comienzan a preguntarse si la historia del pueblo es realmente como siempre les contaron. Aunque las autoridades insisten en que todo tiene una explicación racional, la inquietud empieza a extenderse por Woodforde. Algunos creen que los recientes descubrimientos no son una simple coincidencia, sino el primer indicio de un pasado que nunca desapareció, sino que fue ocultado durante casi tres siglos y que, lentamente, comienza a salir de nuevo a la luz.