Las creencias erróneas que te conducen al sufrimiento.
Veinticinco años después de haber sobrevivido juntos a un campo de concentración nazi, once judíos se reencontraron.
Durante la cena, la mayoría pasó la velada reviviendo el horror: el hambre, las pérdidas, el miedo. Todos hablaban desde la herida abierta.
Cuando hicieron una ronda para compartir cómo les había ido la vida, diez de ellos contaron historias marcadas por el resentimiento y el dolor: uno vivía aislado, otro sufría ansiedad incapacitante, otro había caído en el alcohol…
Cada relato era una extensión del mismo infierno que habían vivido décadas atrás.
Al llegar al undécimo, el ambiente cambió.
Habló con serenidad. Contó que se había casado, tenía dos hijas y disfrutaba de su trabajo. No había ni rastro de odio en su voz.
Indignados, algunos le increparon:
—¿Cómo puedes estar tan en paz después de lo que nos hicieron? —¿Es que lo has olvidado?
Él guardó silencio un instante y respondió:
—No lo he olvidado. Lo recuerdo como vosotros.
Pero acabo de darme cuenta de algo: han pasado 25 años desde que nos liberaron… y yo soy el único de esta sala que realmente es libre.
Los demás seguís allí dentro.
Qué nos enseña esta historia
Si te fijas en esta historia, todas las personas reaccionan completamente diferente ante una misma circunstancia. En este caso, 10 de los supervivientes le estaban entregando todo su poder a una situación del pasado que ya no se puede cambiar.
Y esto había provocado grandes problemas en su vida.
En cambio, el undécimo superviviente había elegido dejar ir el pasado. Se había dado cuenta de que esa situación trágica no tenía más poder que el que él le diera en su mente.
Esto nos indica la verdad más cruda y a la vez necesaria:
El sufrimiento no es algo objetivo, sino subjetivo.
Todos los prisioneros judíos habían pasado por el mismo dolor extremo. Pero una vez esa situación ya era cosa del pasado, todo el sufrimiento que sentían se lo estaban creando ellos en su propia mente.
Las 3 creencias erróneas que te conducen al sufrimiento
¿Por qué, ante un mismo estímulo, hay personas que sufren y otras que no?
Porque lo que tú piensas que es la causa de tu sufrimiento, en realidad es el detonante que activa tus reacciones emocionales. La persona que te saca de tus casillas no es el problema. Es el disparador externo que activa el problema que ya existía dentro de ti.
El verdadero origen del sufrimiento está dentro de ti, no fuera.
Pero en nuestra sociedad hemos sido condicionados con algunas creencias falsas que nos atrapan en el sufrimiento:
Creencia falsa 1: la felicidad está fuera de ti. Si crees que la felicidad es algo que debes conseguir del mundo exterior, también crees que el origen del sufrimiento está fuera. En realidad, la felicidad que buscas está dentro de ti, enterrada por capas de condicionamientos.
Creencia falsa 2: tus emociones no son tu responsabilidad. Mientras sigas responsabilizando al mundo exterior de tus emociones, seguirás siendo una víctima. Que alguien te falte al respeto puede ser un hecho. Que tú te sientas indignado durante tres días es una interpretación sostenida.
Creencia falsa 3: huye de tu dolor. Te han enseñado a tapar tus emociones desagradables. Te distraes, consumes, trabajas en exceso, te anestesias emocionalmente. Todo con tal de no sentir. Pero el dolor no atendido se acumula. Se enquista. El sufrimiento no se resuelve escapando de él, sino atravesándolo con consciencia.
Las 3 verdades sobre el sufrimiento
¿Por qué el sufrimiento parece inevitable para unos y transformador para otros?
Porque el sufrimiento no nace de lo que sucede, sino de cómo lo interpretas. Porque no es la realidad la que te perturba, sino la historia que te cuentas sobre ella. Porque lo que duele no es el hecho en sí, sino la identificación inconsciente con tus pensamientos.
El sufrimiento no está en la realidad, que es neutra. Está en la mente que se resiste a la realidad.
Pero más allá de las creencias que nos condicionan, existen algunas verdades incómodas que, cuando las comprendes, te liberan.
Verdad 1: el sufrimiento es un espejo. Cada vez que algo te hace sufrir, está revelando algo no resuelto. La vida está muy bien hecha: te está mostrando constantemente los aspectos de ti mismo que aún no has sanado. Nada de lo que ocurre fuera es la causa de tu malestar. Es el espejo que refleja tus heridas, tus sombras o tus limitaciones. Y aunque no te guste lo que ves, ahí empieza el autoconocimiento.
Verdad 2: tu reacción es tu responsabilidad. Lo que ocurre fuera puede no depender de ti. Lo que haces con eso, sí. Que te despidan puede ser un hecho. Que conviertas ese hecho en una narrativa de fracaso permanente es una elección. Inconsciente, sí, pero una elección. Responsabilidad no significa que todo sea culpa tuya. Significa que siempre puedes elegir cómo responder ante las circunstancias.
Verdad 3: el sufrimiento es tu maestro. El sufrimiento no desaparece negándolo. No se resuelve distrayéndote. No se diluye anestesiándote. Cuando lo enfrentas sin miedo, entonces te enseña su origen. Sólo entonces puedes sanar la raíz.
El verdadero origen del sufrimiento
¿Cómo puede ser que el origen del sufrimiento esté dentro? ¿Significa esto que nos hacemos daño a nosotros mismos?
En realidad, lo que tienes que saber es que existe un tirano dentro de ti que te mantiene sufriendo: el ego. Este es el auténtico responsable de tus perturbaciones, miedos y limitaciones.
El ego son las gafas con las que percibes la realidad. Es la vocecita que oyes en tu cabeza. Y que no se calla nunca…
Por eso, en la lección de mañana veremos:
Qué es el ego
Por qué es nuestro tirano interior
Cómo podemos liberarnos de él
Borja

















