( cont. de aquí — con @jigsxw ! )
Una suspiro abandona sus labios, largo y tendido, pesado. Rosalinde no se molesta en responder en seguida, más bien, intenta recomponerse del fastidio inminente—el juego jamás es divertido si no es ella quien lleva la batuta en mano. ‘Sabelotodo e inteligente no es lo mismo. ¿Qué quiere decir realmente? Apreciaría la claridad esta vez, mi lord.’ Sale la advertencia de sus labios, cubierta por una sonrisa aterciopelada. ‘Escoja con cuidado la respuesta. Me temo que una de las dos no va a gustarle en lo absoluto.’ De repente los pasos le pesan y el hall hacia la salida parece interminable. No es todos los días que Rosalinde decide ceder en pos de alguien más. Es una pena que justo el día que decide aflojar, pueda sentir la cuerda tensarse al otro extremo.
Si ha sido una pérdida de tiempo o no, prefiere no pensarlo. No podría juntar otro enojo más a la lista.
‘No es mi culpa que de todas las predicciones vagas que pudieran darte, lo que más haya resonado contigo fuera esa—¿adivina qué? De los dos, quién está sesgado en este momento no soy yo.’ Es tal vez la amargura del pasado quien se encarga de hablar por ella esta vez. A lo mejor no está siendo del todo justa, pero no puede serlo cuando se siente contra las cuerdas.
‘Por el contrario, soy un caso perdido.’ Es tal vez la mención a la familia, o el hecho de ya no estar en ese pasillo demoníaco lo que le regala a Rosalinde la oportunidad de ser franca. Tal vez se ha encontrado lo suficientemente acorralada esta noche como para salirse por la tangente una vez más. ‘Las líneas entre el amor y la costumbre son demasiado borrosas. A menudo me pregunto si he amado realmente o si solo me acostumbré a la presencia de alguien más por mucho tiempo.’ Era cierto: Rosalinde no sabía cómo debía lucir el amor, si lo que abandonó muchas veces lo era o si es que nunca lo tuvo entre sus dedos. Si el anillo que nunca fue capaz de recibirle a Felicity tenía todas las respuestas a sus dudas o por el contrario, habría sido su condena más grande. Otras veces creía que ya era demasiado tarde para llorar por leche derramada. ‘Genuinamente, no sé si vale la pena. Menos cuando el panorama nunca esclarece.’
Entonces, él habla una vez más.
Esta noche parece que ha sido la indicada para saltarle encima a sus nervios. Aún así, Rosalinde se permite avanzar un par de pasos más antes de bloquearle el paso, justo como lo ha hecho el contrario hace un instante. Con delicadeza, sus manos viajan hasta el borde del pijama ajeno y así atraerlo hacia sí. Sus orbes son heladas, tanto que siente podrían quemar todo a su paso. ‘Si me consideras un consuelo y no una primera opción, puedes contar con mi rechazo desde ahora.’ Su sonrisa es puntiaguda, pero detrás de las bromas hay verdades que flotan en el aire, solo algunas personas son capaces de atraparlas. Si es que Donovan no puede… ‘Esta noche no estamos en la misma sintonía. ¿Será así cada encuentro que tenga contigo?’ No lo dice sólo por esta ocasión. ‘Sólo podré contestarte si tengo certeza de que no seré la única que atreva a exponerse. ¿Podrás hacerlo o jugaremos a quién se cubra más del otro una vez nos sentemos en el bar?’