Hoy vengo con una historia. Mi historia.
Faltando un mes para que mi mamá diera a luz, un control salió terriblemente mal y era innegable: estaba muerta o, al menos, muriendo.
NacĂ muerta y aunque me reanimaron, otras cuatro veces coqueteĂ© con la muerte. QuedĂ© con una secuela neuronal y un diagnĂłstico desalentador, con mĂşltiples intervenciones y dificultades en mi dĂa a dĂa.Soy un caso excepcional, casi normal.
Después el COVID llegó y mi vida cambió. Enfermedad y dolor, que no me abandona hace cuatro años. Tengo un dolor crónico sin cura ni esperanza que es considerado el segundo peor, incluso casi muero de nuevo.
Amigos, estoy cansada. Cansada de ser el milagro, de ser la fortaleza.
Genuinamente quiero morir porque no hallo un propĂłsito para tanto dolor. Pero no puedo. Soy el soporte econĂłmico de mi familia y solo queda soportar.
Y esperar que la muerte se acuerde de nuestro baile pendiente.
Aunque amo la vida, la depresiĂłn ronda mi alma y el dolor no cesa.