Encuentro de conservación y saberes en el corazón de Chiloé
El pasado 26 de junio vivimos una jornada muy especial en el Parque Tepuhueico, al recibir la visita de un grupo de guardaparques del norte de Chile, acompañados por colegas del Parque Nacional Chiloé. Este encuentro tuvo como objetivo generar un espacio de intercambio de experiencias, miradas y conocimientos en torno a las distintas formas de conservar nuestro patrimonio natural.
La convocatoria reunió a ocho guías de turismo locales de diversas comunidades de la Región de Atacama —específicamente de San Pedro de Atacama— junto a dos representantes de su institución de referencia (Reserva Nacional Los Flamencos), además de dos representantes del Parque Nacional Chiloé. Un grupo diverso, lleno de energía y motivación, que vino a conocer no solo un nuevo paisaje, sino también nuevas formas de habitar y proteger los territorios.
Desde el inicio, la jornada se vivió con calidez. Comenzamos con un desayuno compartido y una conversación distendida en la sala de estar del hotel, acompañados de buen café y muchas ganas de dialogar. Fue una instancia rica en intercambio, donde se compartieron experiencias, desafíos y aprendizajes, todo en la línea del propósito central de este encuentro: conocernos para conservar mejor.
Nuestro guardaparque y técnico en Conservación de la Naturaleza, Agustín Gómez, acompañó al grupo durante toda la jornada, guiando y aportando con su conocimiento local y su experiencia, fortaleciendo aún más este valioso cruce de caminos. En ese mismo espacio de conversación, también se sumó nuestro trabajador del Lodge, Joaquín Pereyra, técnico en Turismo y Hotelería, quien compartió una sentida reflexión sobre la importancia de este tipo de encuentros para generar conexiones significativas entre territorios, y cómo el turismo bien gestionado puede ser una herramienta clave para la conservación. Su mirada, desde la hospitalidad y el contacto directo con los visitantes, aportó una capa más a esta red de experiencias compartidas.
Posteriormente, nos dirigimos al Sendero Katalapi, caminando hasta llegar a la cascada y a los imponentes mañíos. La fuerza de la naturaleza se hizo sentir en cada paso: el bosque nos envolvió y la cascada nos recordó la potencia del agua viva. Fue un momento compartido de asombro, conexión y respeto por el entorno.
De regreso en el hotel, cerramos la jornada con la satisfacción de haber vivido un encuentro auténtico y enriquecedor, antes de que el grupo continuara su itinerario por otros rincones de Chiloé.
Este tipo de actividades fortalecen los lazos entre personas que, desde distintas realidades, trabajan por un mismo fin: conservar. Permiten también visibilizar las diversas iniciativas de protección de la naturaleza que existen —y crecen— a lo largo del país, tanto desde lo público como desde proyectos independientes. Porque antes de conservar, hay que conocer. Y si nos conocemos entre nosotros, quienes habitamos y protegemos estos territorios, los resultados serán más profundos y duraderos.
Nos quedamos con los rostros, las voces y las historias compartidas. Con la certeza de que cada encuentro como este siembra una nueva semilla en la red viva de la conservación.












