SER UN BUEN ANFITRIÓN
Se acercan la Pascuas Cristiana y el Pésaj. Las personas que profesan estas religiones comienzan los preparativos para la comida en familia que corresponde a la tradición que cada uno tenga.
Los anfitriones van a preparar sus casas y los manjares que servirán en las reuniones que hayan organizado.
Más allá de que sean solamente los familiares más íntimos o concurran más invitados, estas reuniones necesitan preparación, logística, diagramación y ejecución.
Quien o quienes se ocupen de todos los detalles de este encuentro van a ser los anfitriones. Ahora bien, ¿sabemos cómo ser buenos anfitriones?
La palabra deriva de la mitología griega. Anfitrión era el rey de Tirinto, padre de Hércules, y según cuenta el mito, daba unos fabulosos banquetes.
Plauto reflejó la leyenda en su obra “Anfitrión”. Muchos siglos después Molière, adapta esta historia y en la escena final el mensajero de confianza de Anfitrión dice: “el verdadero Anfitrión, es el que invita a cenar”. Poco a poco el uso popular de la frase se redujo a la palabra que hoy conocemos.
La Real Academia Española nos dice que: anfitrión es la persona o entidad que recibe en su país o en su sede habitual a invitados o visitantes.
Otra acepción indica que es la persona que tiene invitados a su mesa y/o a su casa.
Pero vayamos a algo más cercano a nosotros y más romántico. Podemos decir que ser anfitrión es: “ocuparnos de la felicidad de nuestros invitados por el periodo que permanezcan en nuestra compañía.”
Teniendo esta frase siempre presente, un buen anfitrión va a ocuparse de absolutamente todos los detalles para ofrecer a sus invitados lo mejor que tenga.
Es fundamental que se tenga en cuenta lo siguiente:
1- Organización: para poder tener una buena planificación,
2- Cálculo: para las compras,
3- Control sobre los elementos que se van a utilizar,
4- Cortesía: al invitar, al recibir, al conversar, al ofrecer, al despedir,
5- Estilo para cuidar cada detalle,
6- Calma para que la reunión se desarrolle de forma fluida,
7- Calidez para recibir, sonreír y amenizar la reunión,
8- Precisión cuando se dan las indicaciones al personal, en el caso de que tengamos,
9- Realismo al evaluar el espacio y presupuesto,
10- Generosidad al ofrecer buena calidad en bebidas y materias primas.
Ante estos 10 puntos muchos entraran en pánico, pero no es necesario vivir en el palacio de Versalles para ofrecer una agradable, cálida y exitosa recepción. Nuestra casa deberá estar impecable, con buena música, flores frescas y unos dueños sonrientes y amables.
Que todo esté previsto no quiere decir que las reuniones sean aburridas o faltas de imaginación. Sino que son recepciones dónde los anfitriones disfrutan tanto como sus invitados de ese momento y de los manjares que ofrecen.
Matias Francisco Becci ©















