Rhydderch Leon Marston es un guardia que actualmente reside en el palacio ubicado en Angeles. Nació hace 26 años en la provincia de Calgary. Es de casta 2 y los habitantes de la nación dicen que guarda cierto parecido con Sam Claflin.
► Fecha de nacimiento:
5 de diciembre.
► Aporte que hará al palacio:
Un gesto particularmente serio, sus cejas en alto para procesar la pregunta con cuidado; apresando el costado de su labio inferior con sus incisivos en una mueca pensativa, dejando que sus ojos se acomodaran en la inquisitiva mirada de su entrevistador— Tengo claro que no estamos en un regimiento militar, no puedo exigir demasiado orden o ponerme estricto en ese sentido. Mi único trabajo aquí es brindar la seguridad que, al parecer, no tienen. Sin ofender. —aclaró, con una minúscula sonrisa alzándose entre las comisuras de su boca, buscaba la indiferencia al asunto en cuestión— No sé si sea posible, pero me encantaría aportar con un poco de conocimiento en defensa personal. No me considero un experto ni mucho menos… sólo creo que es algo útil, uno no sabe qué pueda pasar y no es como si podamos meter a un guardia en cada habitación dentro del palacio. —dejó que una pausa envolviera el momento, relamiendo sus labios antes de continuar—, claro que no quiero aprovecharme de las oportunidades que están dándome para custodiar a todos los… ¿residentes? Porque no creo que estén contratándome exclusivamente para las seleccionadas… —dubitativo, entrecerró sus ojos— En fin. En realidad, a lo que voy es que voy a aportar lo que me pidan que aporte, guardaré compostura y respeto, seguiré las reglas con especial cuidado para no romperlas.
► Cuéntenos un poco sobre su vida:
— ¿No se aburren de escuchar la vida de tantas personas diferentes por día? —un atrevimiento que quiso tomar al preguntar, tampoco esperaba una respuesta concreta a ello, simplemente escapó de su garganta cual respiro, algo sin procesar— Empezaré diciendo que no soy oriundo de Illéa, sino de Inglaterra. Mi padre se enamoró de una croata y por cuestiones que no mencionaré tuvimos que mudarnos a este continente. —le pareció una buena introducción, pues necesitaba aclarar el por qué de su acento tan distinto y expresiones que seguro nadie terminaría de comprender— Cuando tenía diez años llegamos a Calgary. Mis padres se divorciaron y me quedé a vivir con mi padre. Mi madre, por su parte, se regresó a Croacia. —y nulo era el contacto que tenía con ella, mas no le pareció prudente agregar eso en un interrogatorio tan formal— Eso sería como para darles un inicio. Dudo que valga la pena hablar de mi infancia y de mi gran obsesión con pertenecer a las fuerzas armadas, así como cualquier niño quiere subir a un cohete, yo quería estar sobre un barco toda mi vida. Se darán cuenta que las cosas no se dan como uno quiere. —suspiró, levantando la comisura derecha de su boca en algo parecido a una sonrisa— Mi padre es militar, era comandante en Inglaterra y aquí fue nombrado teniente general. Tuve una vida, eh, algo estricta… Vale: Muy estricta, pero como era hijo único tampoco fui tan desdichado. Cosas típicas como no tener los codos sobre la mesa, llegar a cierta hora a casa, levantarme a ejercitar a otra hora de la mañana. Los permisos para salidas eran restringidos y… —parpadeó, soltando por la nariz una pequeña cantidad de aire, nostálgico— mentiría si dijera que en mi adolescencia no me rebelé un par de veces. Fui reprendido, obviamente. Miles de veces. —otra sonrisa más amplia que la anterior; negó con la cabeza y alcanzó el vaso que era ofrecido sobre el escritorio, observó el contenido con desconfianza antes de llevar el borde a sus labios para remojar su garganta con el agua— Estudié y viví una vida tan normal como pude, a pesar de que habían semanas que me tocaba estar completamente solo en casa. Y prometo que no hacía ninguna maldad, al contrario, me portaba mejor que cuando estaba en compañía de mi padre. —sus hombros se alzaron, despreocupado por ese detalle que dio a conocer— A los dieciocho entré a la milicia porque… Bueno, cosas familiares. Fue un entrenamiento duro, muchísimo más duro del que seguía en casa: levantarse a seis de la mañana para correr un par de cuadras no tiene comparación a ser despertado a las cuatro para practicar con armas de fuego y agilidad… La disciplina fue muchísimo más importante, o quizá ahí fue cuando le encontré sentido. —sus ojos denotaron confusión, indeciso por cuál termino resultaba ser más preciso en su situación— Estuve años en eso, y más adelante por fin obtuve un cargo… No era mucho, pero definitivamente lo disfruté mejor que siendo soldado: Sargento, fui sargento por un año o dos hasta que… Decidí retirarme. —otro sorbo del frío y translúcido líquido para alivianar un repentino malestar en la boa de su estómago, detalles como la cruel indiferencia de su padre desde entonces y los motivos de su decisión prefirió dejarlos para él; patético sería mencionar el hecho de un corazón roto y traicionado—, entonces quise venir a probar suerte aquí. Lejos de mi provincia.
► ¿Cómo describiría su personalidad? :
Un suspiro divertido huyó de su pecho, siendo el mismo acompañado por una media sonrisa— ¿Cuánto te pagan por hacer preguntas tan complicadas? —dejó el vaso ya vacío sobre el escritorio, apoyando los brazos sobre su regazo— Trataré de ser sincero y no describirme como el guardia más encantador y perfecto que pudieras tener dentro del palacio, ¿vale? —pronunció con sequedad, más serio de lo que pretendía ser en realidad— Tiendo a ser bastante callado, la verdad. No a un punto de ser mal educado, pero asumo que mis habilidades sociales no están muy bien desarrolladas. —relamió sus labios de nueva cuenta, se resecaban con una rapidez impresionante. Asumía que era debido al clima tan veraniego del sector— ¿Malhumorado? Sí, quizá. A veces puedo ser un poco quisquilloso o levantarme sin demasiado ánimo, la paciencia no forma parte de mis virtudes, pero supongo que eso cualquier militar, ¿no? Uh, soy responsable y leal. Intento ser justo la mayoría del tiempo. —empezó a enumerar sin un orden concreto, pues sus cualidades llegaban sin aviso hasta su cabeza— Me considero una persona independiente, sé cocinar (y no me va mal con eso), lavar, y todos los quehaceres domésticos, así que un completo inútil no soy. Los números se me dan fatal, eso sí, aunque siempre me sentí tentado a estudiar alguna carrera relacionada con la política, me llama la atención (esa era mi otra opción después de las fuerzas armadas). —se detuvo una fracción de segundos, meditando sobre su forma de ser, momentos claves en su vida que lo habían formado como el militar que es hoy en día, sin embargo, sólo esbozó una sonrisa cuidadosa y prosiguió de manera honesta— Me considero una persona reservada con mi vida privada, nunca la estoy ventilando a nadie; además, soy jodidamente desconfiado, ¿sabes? He aprendido a serlo, los enemigos pueden estar en cualquier parte, a decir verdad. —se otorgó otro respiro, cruzando los brazos sobre su pecho— No sé si considerarme terco o una persona que cede fácilmente, supongo que eso va dependiendo de la situación. No soy tan orgulloso como muchos piensan… Sé perdonar y sé pedir perdón, el problema es que al parecer nadie mantiene esas palabras en su vocabulario diario. Una tontería. —habló con elocuencia, jamás olvidando que servía ahora al palacio real. Creyó que debía ir concluyendo su discurso, pues había comentado lo suficiente como para obtener el trabajo. O así le gustaba creer— Por último podría agregar que puedo hablar tres idiomas, he viajado por gran parte de Europa y nadie tiene por qué saberlo, es decir, soy bastante modesto en cuanto a trabajo, apariencia y personalidad respecta.
► Datos extra:
Soy un fanático de los documentales, siempre intento ver la mayor cantidad posible en una semana. Creo que requieren de mayor trabajo que cualquier película dirigida al cine. Los libros usualmente me aburren también, por lo que esa sería mi mejor opción para alimentar mi ignorancia en el día a día.
Me encanta el frío, en verano suelo viajar a otros países para escapar del sol. Sí, por eso estoy así de pálido, siempre me lo han repetido.
Soy de rock pesado más bien clásico, Scorpions, por ejemplo. Son mi banda favorita. Mötorhead, Black Sabbath, Deep Purple, entre otros. Nada de pop. No discrimino a la gente que adora el pop, eso sí, pero yo no puedo escucharlo. Cuestiones de gusto.
No tengo vicios, quizá a veces algún cigarrillo sirve para tranquilizarme, pero debe ser algo lejano. Tanto entrenamiento entre militares me sirvió para no concentrarme en ese tipo de cosas.
Soy alérgico al chocolate (bueno, técnicamente al cacao). Sí, una pene tremenda, pero es verdad.
Usuario: Plutonio.










