Entre pelos, berrinches y decisiones de adulto: Mi vida XL y mis amigos de cuatro patas
¿Me siento solo? Hummm, gran pregunta. Como paciente de TLP (Trastorno LÃmite de la Personalidad), creo que es sumamente normal que, de un momento a otro, me asalten esos pensamientos intensos sobre la soledad. Me siento como Will Smith en Soy Leyenda... bueno, él tenÃa un perro, ¡qué fuerte cómo mi cerebro trajo esa imagen a la mesa justo ahora!
Siendo muy sincero, no es que esté solo, pero hoy tuve un momento de reflexión sobre lo vital que es tener a alguien cercano —más allá de tu pareja— con quien puedas desahogarte o, de plano, soltar el llanto. No para quejarte sin sentido, sino para soltar ese sentimiento de: "Wey, tengo que afrontar esto como adulto y no quiero". Confieso que sigo lidiando con eso de crecer y tomar decisiones "correctas".
A veces siento que soy vÃctima (o más bien, responsable) de mis propios episodios de TLP, esos donde yo mismo me pongo en situaciones de angustia. Es como si mi cerebro se dividiera en un comité de tres personas y nos sentáramos a discutir, punto por punto, todo lo que estamos haciendo mal. SÃ, hablo en plural porque ahà adentro hay mucha gente opinando.
El refugio de las huellas
Aunque he intentado ser mesurado con mis notas en el blog, me doy cuenta de lo sanador que es escribir. Recuerdo que tenÃa un diario fÃsico que luego pasó a ser digital; mi querida Ari todavÃa tiene fotos mÃas escribiendo largo y tendido en la mesa del comedor, como si me fuera la vida en ello.
En este proceso de intentar socializar de nuevo y sanar traumas del pasado (de los que ya hablaremos luego, saquen el café), he creado un vÃnculo tremendamente fuerte con los animales. El dolor por la pérdida de mis gatos, Antonella y Jerome, fue inmenso. Alguna vez le dije a mi mamá en plena crisis que mis animales son mi verdadera compañÃa. He tenido conexión con cada bicho que ha pasado por mi vida.
Anécdota: Mi mamá cuenta que cuando yo tenÃa 4 o 5 años, pasaba mucho tiempo solo en mi habitación mientras ella cuidaba a mi hermano nuevo. Se alarmó porque me oÃa hablar con alguien. ¿Amigo imaginario? ¡Para nada! Resulta que conversaba con una rata. SÃ, amigos, yo dialogaba con una rata que, según mis argumentos de niño, también me respondÃa.
Desde entonces, mi vida ha sido un zoológico amoroso: gatos, perros, un dragón enano, pollos, ratones, hámsters y hasta tarántulas. Mi mamá, tras un curso de neurolingüÃstica, entendió que fomentar este amor por los animales ayudarÃa a mi bienestar emocional y empatÃa. Y vaya que tenÃa razón. Rescatar animales se volvió mi "mal hábito" favorito; tanto que hoy convivo con 4 gatos y 5 perros, incluyendo una relación un tanto... digamos, "codependiente", con mi perra Vivienne.
La difÃcil tarea de poner lÃmites
Escribo esto porque me caché teniendo un vÃnculo tan permisivo con mis mascotas que no me permitÃa poner lÃmites. Y aceptémoslo: el problema soy yo, no ellos.
Cuando decides construir una vida con quien amas, no siempre estarás de acuerdo en todo. El tema de los espacios se me salió de las manos y, buscando el bienestar del hogar y la paz en mi relación, decidà poner un lÃmite. CedÃ. Oficialmente, Vivienne vivirá en el exterior con el resto de la manada.
Mi niño interior está tristÃsimo. No entiende la complejidad de la separación. Sin embargo, cuando veo a la perra afuera, ella parece estar perfectamente bien; lo que me confirma que el drama es mÃo. Es insostenible vivir con esta angustia de no educarme a mà mismo ni poner reglas. Prometà llevarla a entrenar y no lo he hecho. Hoy me toca pagar las consecuencias de mi falta de disciplina.
Me "agüita", no lo voy a negar. Elegà lo que un adulto elegirÃa: la paz con mi pareja desde el amor y el agradecimiento. Pero me voy a dar permiso de llorar y estar triste un par de dÃas. El próximo mes retomaré su educación, porque ella también debe entender que no puede deshacer el mundo solo por ser la consentida.
Qué terrible es ser funcional cuando mi deseo neurótico quiere hacer un berrinche, tirar los juguetes y llorar porque quiero dormir pegado a mi perra. A veces me odio un poquito por tener que ser el adulto de la casa.
En fin, ¿qué opinamos, hermosos? ¿Alguna vez han tenido que tomar una decisión de "adulto aburrido" por el bien de su paz mental? Cuéntenme en los comentarios.
XoXo, A.















